Monday, March 29, 2021

Flores neerlandesas en camino al Vaticano para Pascua


No para la Plaza de San Pedro, como solía ser antes de la emergencia sanitaria, sino para la Basílica de San Pedro en el Vaticano, irán este año las flores neerlandesas. El cargamento de flores fue bendecido el Lunes, Mar-29-2021, en Pijnacker por el Monseñor Hans van den Hende, obispo de Rotterdam, y ya se encuentran en camino al Vaticano.

Ha sido una tradición que por 37 años flores, bulbos y tallos neerlandeses vayan al Vaticano para decorar la Plaza de San Pedro para la Pascua. Este año, debido al confinamiento en Italia, la celebración en la Plaza de San Pedro fue cancelada, tal como el año pasado.

Paul Deckers, quien ha trabajado en este proyecto desde 1988 y tomó el mando desde 2015, dice: “Este es el segundo año que el proyecto no se puede realizar. Por eso estoy muy feliz de que ahora podamos enviar miles de rosas para que puedan brillar como una especie de punto de luz en estos tiempos oscuros.”

Las rosas que adornarán la Basílica de San Pedro son de la variedad llamada Avalanche. Las flores, según Deckers, son para la esperanza, fortaleza y conexión. La paleta de colores consiste en blanco, crema, salmón y rosado.

Habitualmente, un equipo de 25 empleados viaja a Roma para hacer los arreglos en el sitio. Este año lo hará un equipo italiano. Ellos distribuirán, además, algunas de las rosas en centros de cuidados de ancianos en Roma.

El año pasado, las rosas, las cuales estaban destinadas para el Papa, se distribuyeron en hospitales de los Países Bajos.




Con información de Katholiek Nieuwsblad, Mar-29-2021.

Las periferias que la Iglesia de Francisco está creando y a las cuales no desea llegar: La de las ovejas no vacunadas contra la COVID-19


Una Iglesia completamente segregacionista, vacunados por un lado y los no vacunados por otro, estos últimos, como dijimos hace algún tiempo, son los nuevos parias, sin derecho a que la Iglesia los pastoree, no importa que sean bautizados en ella, si no se aplican la vacuna son fieles totalmente prescindibles. Tales son las nuevas periferias que está creando la Iglesia de Francisco, y a las cuales no le interesa llegar. Olvídense de un San Francisco de Asís besando voluntariamente las llagas de un leproso, o de un San Damian De Veuster viviendo 16 años rodeado de leprosos solamente llevado por la compasión hacia ellos, sirviéndoles y confortándoles, desgastando su existencia hasta morir de la misma lepra que le contagiaron estos hermanos suyos. Esos son cosas del pasado, la nueva sedicente Iglesia de la “revolución de la ternura” y de la tal “misericordina” puede darse la licencia de ser despiadada con todo aquel que no se vacune contra la COVID-19. ¡Con esos duro y a la cabeza, a ver si aprenden por no abandonar ese “negacionismo suicida”!



Boston, Massachusetts, EEUU

La Oficina de Manejo de Riesgos de la Arquidiócesis de Boston, que es la arquidiócesis del cardenal Sean O'Malley, ha publicado algo que se llama Ajustes a los Protocolos COVID, con fecha Mar-18-2021 y con una actualización Mar-25-2021 (ver captura de pantalla en la imágen inmediatamente superior, click para ampliar). En ellos se lee cómo las personas que ya se han vacunado tienen un trato diferente.

«Las parroquias pueden retomar la normal frecuencia de Comunión a domicilio [lit. en inglés “Communion calls”] si el ministro de la Comunión está completamente vacunado: Las visitas deberán continuar siendo breves, lo suficiente para llevar el Sacramento, y no deberán ser visitas extensas. Los miembros de la familia que sean ministros extraordinarios de la Comunión pueden continuar llevando el Santísimo Sacramento a sus propias familias sin importar su estatus de vacunación».

«Las parroquias pueden utilizar un adulto vacunado como servidor de altar en todas las Misas: El servidor deberá usar una máscara, y el sacerdote (y el diácono) deberán usar una máscara en las ocasiones cuando no estén hablando. Cuando el sacerdote esté hablando y entonces no llevando una máscara, el servidor deberá mantener la mayor distancia posible. El servidor no deberá sostener el misal para el sacerdote.»


Iglesia de la Preciosa Sangre, Monmouth Beach, New Jersey, EEUU

En este caso el sitio de internet de la Parroquia, Mar-28-2021, anunciaba (énfasis originales): «Las Confesiones Ahora están Disponibles para Todos Quienes se han Vacunado: Sólo aquellos que se han vacunado pueden venir al Sacramento de la Penitencia para protegerse a sí mismos y más importantemente, para proteger a otros en caso de que sea asintomático y contagioso» (ver captura de pantalla en la imágen inmeditamente superior, click para ampliar).



Por alguna razón, y tal vez cayendo en la cuenta de la idiotez, discretamente actualizaron el sitio web y en Mar-29-2021 el anterior anuncio ya no aparece y en su lugar hay otro mitigando la segregación. «Las Confesiones Ahora están Disponibles: Ahora que el P. Mike ha sido vacunado, el Sacramento de la Penitencia estará disponible en dos formas: 1. Para aquellos que no han sido vacunados, en el santuario de la iglesia, cara a cara. 2. Para aquellos que no han sido vacunados, en el confesionario donde la confesión puede tener lugar anonimamente.» (ver captura de pantalla en la imágen inmeditamente superior, click para ampliar).



Lugar desconocido, presumiblemente en EEUU

En este caso dentro de una parroquia, todavía por identificar, se han dividido las hileras de las butacas, una hilera para los vacunados y otra para los no vacunados. Más o menos como en la época, no tan distante en el tiempo, de la segregación racial, en un autobus los blancos se sentaban en ciertas sillas, preferiblemente las de adelante, y los negros en las sillas de atrás, estando prohibido que se mezclaran bajo pena de multa pecuniaria. ¿En qué se diferencia lo que aparecen en los avisos contenidos en las fotos del trino de Twiter inmediatamente superior con el aviso que aparece en la foto que ilustra esta entrada al inicio de la misma?

Arzobispo y obispo polacos, sancionados por no informar de abusos a menores


Información de agencia EFE, Mar-29-2021.

Cracovia (Polonia), 29 mar (EFE).- El arzobispo de Gdansk, Slawoj Leszek Glódz y el obispo de Kalisz, Edward Janiak, han recibido la prohibición de residir en sus respectivas archidiócesis y de participar en celebraciones religiosas por no informar de abusos a menores, informó hoy la nunciatura apostólica en Polonia.

Ambos prelados "mostraron de manera reiterada una conducta negligente a la hora de denunciar abusos sexuales cometidos por clérigos contra menores, además de cometer faltas en otros asuntos relacionados con la gestión de sus archidiócesis", según la legación diplomática vaticana.

En el comunicado se recuerda que la decisión fue tomada sobre la base del Código de Derecho Canónico y el motu proprio del papa Francisco.

A estas prohibiciones se une la orden de indemnizar económicamente y con sus fondos personales a las víctimas de estos abusos a través de la Fundación San José, una institución creada hace dos años por la Iglesia Católica en Polonia para prestar apoyo a las víctimas de estos crímenes.

Tanto Glódz como Janiak se retiraron de sus funciones el año pasado, mientras se investigaban sus casos.

La decisión del papa Francisco se basa en un informe que le fue entregado en 2019, justo antes de la Cumbre Mundial de Prevención del Abuso en el Vaticano, donde varias víctimas detallan los abusos que varios clérigos les infligieron y cómo los culpables fueron defendidos u ocultados por dos docenas de obispos, algunos de ellos ya retirados.

En el documental polaco de 2019 "No se lo digas a nadie" aparece Glódz ensalzando la figura del padre Francziszek Cybula en su funeral, a pesar de que en aquel entonces conocía los abusos cometidos por él.

En otro documental estrenado un año más tarde titulado "Jugando al escondite" se descubren los detalles de al menos dos abusos sexuales contra menores cometidos por curas bajo la jurisdicción de Janiak, uno de ellos en la ciudad de Wroclaw, donde ejercía como obispo auxiliar, y otro en Kalisz, donde fue obispo desde 2012 hasta el año pasado.

Estos y otros casos similares, como el del cardenal Henryk Gulbinowicz, responsable de varios abusos desde 1985 y fallecido el año pasado sin haber sido juzgado, están entre las causas que recientemente han provocado una crisis en la Iglesia católica polaca, con la pérdida de fieles y el aumento de peticiones de apostasía.

Una encuesta de enero del año pasado concluyó que la Iglesia Católica es la institución cuyo prestigio ha disminuido más entre los polacos, con sólo un 39,5 % de los encuestados que declaran su confianza en ella, 13 puntos menos que año anterior, y un 41 % que manifiestan una visión negativa sobre su papel en la sociedad, un 8 % más que un año antes.

“Si no puedo bendecir a las parejas homosexuales, tampoco bendigo los ramos”, extravagante protesta de un párroco italiano. Curia emite comunicado


Información de L'Adige.it, Mar-28-2021. Traducción de Secretum Meum Mihi.

“¿No puedo bendecir a las parejas homosexuales? Entonces no bendigo las palmas”

La sensacional protesta de Don Giulio Mignani en Liguria para manifestar su desacuerdo contra el pronunciamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe

BONASSOLA –
“Si no puedo bendecir a las parejas del mismo sexo, tampoco bendeciré las palmas y las ramas de olivo”.

El párroco de Bonassola (La Spezia), Giulio Mignani, no bendice las palmas como forma de protesta contra el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe que prohíbe la bendición de las uniones de parejas homosexuales.

Don Giulio, quien en repetidas ocasiones se ha puesto del lado de las familias arcoíris, explicó su protesta durante la homilía de la misa del Domingo de Ramos, que abre la Semana Santa para los cristianos.

La Curia ha emitido un comunicado, Mar-29-2021, en donde no se dice de medidas de fondo ni cautelares contra este lobo rapaz que posa de sacerdote. Traducción de Secretum Meum Mihi.

Curia de La Spezia-Sarzana-Brugnato

Comunicado del 29-03-2021.

No obstante las diversas intervenciones ya realizadas personalmente en los últimos años por el Obispo y comunicados emitidos para reiterar a los fieles la posición oficial de la Iglesia, frente a la declaraciones de Don Giulio Mignani sobre cuestiones relativas a la fe y la moral, con dolor debemos constatar lo que sucedió nuevamente el pasado Domingo de Ramos en las parroquias a él encomendadas.

Don Giulio, además de omitir la tradicional bendición de las ramas de olivo —según él por motivo de las normas anti-Covid—, también expresó su posición sobre el “responsum” de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la posibilidad de bendecir las uniones de personas del mismo sexo.

Dado que todo esto ha suscitado el desencanto de los fieles, es deber precisar cuánto sigue:

1) Las normas litúrgicas prevén la posibilidad de bendecir al comienzo de la Santa Misa las ramas palma y olivo incluso con la única pequeña procesión del sacerdote desde un punto de la Iglesia al altar. Esto es suficiente para conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén, y no contraviene ninguna norma anti-covid.

2) Es reprobable omitir o realizar un gesto litúrgico vinculándolo a una intervención de protesta personal, tanto más si se dirige a un pronunciamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al cual el Santo Padre ha dado su asentimiento a la publicación.

3) El “responsum”, el cual invitamos a todos a leer con atención, y que se reproduce íntegramente también en el sitio web de la Diócesis, expone de modo comprensible con respeto, serenidad y verdad el porqué la Iglesia no dispone, ni puede disponer del poder para bendecir tales uniones.

Sobre lo que ha sucedido se está valorando a este respecto en las correspondientes sedes, de acuerdo con la normativa canónica vigente.

El cardenal Sarah pide al Papa que revoque la prohibición de las Misas “individuales” en la Basílica de San Pedro


Sandro Magister publica en exclusiva en su blog el texto de una carta —suponemos abierta, desconociendo si exista otra directamente enviada al destinatario— del cardenal Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, en la que “suplica humildemente al Santo Padre que disponga el retiro de las recientes normas dictadas por la Secretaría de Estado”, las cuales prohíben las celebraciones individuales de la Santa Misa en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Nuestro pronóstico, cómo no, es de escepticismo, la petición de Sarah no será respondida por Francisco, pero dará munición para que terceros, de esos que ahora posan de papistas, disparen inmisericordemente contra Sarah, a quien de varios años ya, han rotulado como enemigo de Francisco. Por parte de Francisco si acaso y como suele hacer, pensamos responderá eufemísticamente y con sarcasmos en homilías ó en su catequesis de los Miércoles ó en otras intervenciones, pero no directamente. Más o menos como ocurrió con las Dubia que le presentaron 4 cardenales sobre Amoris Lætitia en 2016.

Este es el texto en español de la carta tal y como lo presenta Magister en su blog.




OBSERVACIONES SOBRE LAS NUEVAS NORMAS PARA LAS MISAS EN SAN PEDRO

por Robert cardenal Sarah


Quisiera agregar espontáneamente mi voz a la de los cardenales Raymond L. Burke, Gerhard L. Müller y Walter Brandmüller, que ya han expresado su pensamiento respecto a la disposición emitida el pasado 12 de marzo por la Secretaría de Estado del Vaticano, la cual prohíbe la celebración individual de la Eucaristía en los altares laterales de la Basílica de San Pedro.

Los citados hermanos cardenales ya han señalado varios problemas ligados al texto de la Secretaría de Estado.

Como excelente canonista que es, el cardenal Burke ha puesto en evidencia los considerables problemas jurídicos, además de aportar otras consideraciones útiles.

El Cardenal Müller ha remarcado también una cierta falta de competencia, o más bien de autoridad, por parte de la Secretaría de Estado al emitir la decisión en cuestión. Su Eminencia, que es un teólogo de renombre, también hizo algunas alusiones rápidas pero sustanciales a ciertas cuestiones teológicas relevantes.

El cardenal Brandmüller se centró en la cuestión de la legitimidad de ese uso de la autoridad y también especuló -en base a su sensibilidad como gran historiador de la Iglesia- que la decisión sobre las Misas en la Basílica podría representar un “globo de ensayo” en vista de futuras decisiones que podrían interesar a la Iglesia universal.

Si esto fuese cierto, resulta todavía más necesario que tanto los obispos, los sacerdotes y el santo pueblo de Dios hagamos oír con respeto nuestra voz. Es por ello que propongo a continuación algunas breves reflexiones.

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1. El Concilio Vaticano II manifestó ciertamente la preferencia de la Iglesia por la celebración comunitaria de la liturgia. La Constitución “Sacrosanctum Concilium” enseña en el n. 27: “Siempre que los ritos impliquen, según la naturaleza particular de cada uno, una celebración comunitaria marcada por la presencia y la participación activa de los fieles, debe inculcarse que ésta debe preferirse, en la medida de lo posible, a la celebración individual y casi privada”.

Inmediatamente después, en el mismo párrafo, los Padres conciliares -quizás previendo el uso que se podría hacer de sus palabras después del Concilio- añaden: “Esto se aplica sobre todo a la celebración de la misa, aunque toda misa tiene siempre un carácter público y social, y a la administración de los sacramentos”. La Misa, entonces, aunque la celebre un sacerdote solo, nunca es un acto privado, y menos aún es en sí misma una celebración indigna.

Hay que añadir, por cierto, que puede haber concelebraciones poco dignas y poco concurridas y celebraciones individuales muy decorosas y concurridas, dependiendo tanto del aparato externo como de la devoción personal tanto del celebrante como de los fieles, cuando están presentes. En consecuencia, el decoro de la liturgia no se obtiene en forma automática prohibiendo simplemente la celebración individual de la Misa e imponiendo la concelebración.

En el decreto Presbyterorum Ordinis, además, el Vaticano II enseña: “En el misterio del Sacrificio Eucarístico, en el que los sacerdotes desempeñan su función principal, se ejerce ininterrumpidamente la obra de nuestra redención, por lo que se recomienda vivamente su celebración diaria, que es siempre un acto de Cristo y de su Iglesia, incluso cuando no es posible que los fieles asistan” (n. 13).

No sólo se confirma aquí que, incluso cuando el sacerdote celebra sin el pueblo, la Misa sigue siendo un acto de Cristo y de la Iglesia, sino que se recomienda también su celebración diaria. San Pablo VI, en su encíclica “Mysterium fidei”, retomó ambos aspectos y los confirmó con palabras aún más incisivas: "Si bien es muy conveniente que un gran número de fieles participe activamente en la celebración de la Misa, sin embargo la Misa celebrada privadamente, según las prescripciones y tradiciones de la Santa Iglesia, por un sacerdote con sólo un ministro auxiliar no debe ser reprobada, más bien debe ser aprobada; porque de tal Misa se deriva una gran abundancia de gracias particulares, en beneficio tanto del propio sacerdote, como del pueblo fiel y de toda la Iglesia, más aún, de todo el mundo, gracias que no pueden obtenerse en la misma medida por medio de la sola Comunión” (n. 33). Todo esto es reconfirmado por el canon 904 del Código de Derecho Canónico.

En resumen: siempre que sea posible, se prefiere la celebración comunitaria, pero la celebración individual por parte de un sacerdote sigue siendo obra de Cristo y de la Iglesia. El Magisterio no sólo no la prohíbe, sino que la aprueba, y recomienda que los sacerdotes celebren la Santa Misa todos los días, porque de cada Misa fluye una gran cantidad de gracias para el mundo entero.

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2. A nivel teológico hay al menos dos posiciones que sostienen actualmente los expertos respecto a la multiplicación del fruto de la gracia debido a la celebración de la Misa.

Según una opinión que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XX, el hecho de que diez sacerdotes concelebren la misma Misa, o que celebren individualmente diez Misas, no hace ninguna diferencia en cuanto al don de la gracia que Dios ofrece a la Iglesia y al mundo.

La otra opinión, que se basa, entre otros, en la teología de Santo Tomás de Aquino y en el Magisterio de Pío XII en particular, sostiene, por el contrario, que al concelebrar una sola Misa se reduce el don de la gracia, porque “en más Misas se multiplica la oblación del sacrificio y, por lo tanto, el efecto del sacrificio y del sacramento” (Summa Theologiae, III, q. 79, a. 7 ad 3; cf. 79, a. 7 ad 3; cf. q. 82, a. 2; cf. también Pío XII, "Mediator Dei", parte II; Alocución del 2.11.1954; Alocución del 22.9.1956).

No pretendo resolver aquí la cuestión de cuál de las dos tesis es más creíble. La segunda tesis, sin embargo, tiene varias razones favorables de su lado y no debería ser ignorada. Hay que tener presente que existe como mínimo la seria posibilidad de que, al obligar a los sacerdotes a concelebrar y reducir así el número de Misas celebradas, se verifique una disminución del don de la gracia hecho a la Iglesia y al mundo. Si así fuera, el daño espiritual sería incalculable.

Es necesario añadir que, además de los aspectos objetivos, desde el punto de vista espiritual lastima también el tono perentorio con el que el texto de la Secretaría de Estado establece que “se suprimen las celebraciones individuales”. En una declaración expuesta de esta manera se percibe, sobre todo en la elección del verbo, una especie de violencia inusitada.

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3. A causa de las disposiciones que se han publicado, los sacerdotes que deseen celebrar la Misa según la forma ordinaria del rito romano se verán ahora obligados a concelebrar.

También es un hecho singular forzar a los sacerdotes a concelebrar. Los sacerdotes pueden concelebrar si lo desean, ¿pero se les puede imponer la concelebración? La gente dirá: ¡si no quieren concelebrar, que se vayan a otro lado! ¿Pero es éste el espíritu de acogida de la Iglesia que queremos encarnar? ¿Es éste el simbolismo expresado por la columnata de Bernini delante de la Basílica, que representa idealmente los brazos abiertos de la Madre Iglesia que acoge a sus hijos?

¡Muchos sacerdotes vienen a Roma en peregrinación! Es muy normal que ellos, aunque no tengan un grupo de fieles que les siga, alimentan el sano y hermoso deseo de poder celebrar la Misa en San Pedro, quizás en el altar dedicado a un santo por el que tienen especial devoción. ¿Durante cuántos siglos la Basílica ha acogido a estos sacerdotes? ¿Y por qué ahora no quiere acogerlos más, si no aceptan la imposición de la concelebración?

Por otro lado, por su naturaleza, la concelebración -tal como fue concebida y aprobada por la reforma litúrgica de Pablo VI- es más bien una concelebración de presbíteros con el obispo, que (al menos ordinariamente, en el día a día) una concelebración de presbíteros solos. Anotaría al margen que esa imposición acontece mientras la humanidad está combatiendo contra Covid-19, lo que hace menos prudente la concelebración.

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4. ¿Qué harán los sacerdotes que llegan a Roma y no saben [hablar] italiano? ¿Cómo harán para concelebrar en San Pedro, donde las concelebraciones se celebran sólo en italiano? Por otra parte, incluso si se hiciera una corrección en este sentido, permitiendo el uso de tres o cuatro idiomas, esto nunca podría cubrir el gran número de idiomas en los que sigue siendo posible celebrar la Santa Misa.

Los tres hermanos cardenales mencionados anteriormente ya han citado el canon 902 del Código de Derecho Canónico, el cual hace referencia a “Sacrosanctum Concilium” n. 57, que garantiza a los sacerdotes la posibilidad de celebrar personalmente la Eucaristía. Y también en este sentido sería triste que se dijera: ¿quieren hacer uso de ese derecho? ¡Vayan a otra parte!

Quisiera añadir también la referencia al can. 928: “La celebración eucarística debe realizarse en latín o en otra lengua, siempre que los textos litúrgicos hayan sido legítimamente aprobados”.

Este canon prevé, en primer lugar, que la Misa se celebre también en latín. Pero esto no puede hacerse ahora en la Basílica, salvo la celebración en forma extraordinaria, sobre la cual volveré más adelante.

En segundo lugar, el canon prevé que se pueda celebrar en otro idioma, si se han aprobado los libros litúrgicos correspondientes. Pero ni siquiera esto puede hacerse ahora en San Pedro, a no ser que el celebrante vaya acompañado de un grupo de fieles, en cuyo caso, siguiendo las nuevas normas, será desviado en todo caso a las Grutas Vaticanas, quedando así el italiano como única lengua permitida en la Basílica.

La Basílica de San Pedro debería servir de ejemplo para la liturgia de toda la Iglesia. Pero con estas nuevas normas se imponen criterios que no se tolerarían en ningún otro lugar, porque violan tanto el sentido común como las leyes de la Iglesia.

De todos modos, no es sólo una cuestión de leyes, ya que aquí no se trata de un mero formalismo. Además del respeto, aunque obligado, a los cánones, lo que está en juego aquí es el bien de la Iglesia y también el respeto que la Iglesia ha tenido siempre por las variedades legítimas. La elección por parte de un sacerdote de no concelebrar es legítima y se debería respetar. Y la posibilidad de poder celebrar individualmente la Misa debería estar garantizada en San Pedro, dado el derecho común pero también el altísimo valor simbólico de la Basílica para toda la Iglesia.

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5. Las decisiones tomadas por la Secretaría de Estado también dan lugar a una heterogeneidad de fines. Por ejemplo, no parece que el texto pretenda ampliar el uso de la forma extraordinaria del rito romano, cuya celebración queda relegada por las recientes disposiciones a las Grutas que están debajo de la Basílica.

Pero en base a las nuevas normas, ¿qué debería hacer un sacerdote que deseara legítimamente seguir celebrando la Misa en forma individual? No tendría más remedio que celebrarlo en la forma extraordinaria, ya que se le impide celebrarla individualmente en la forma ordinaria.

¿Por qué se prohíbe celebrar la Misa de Pablo VI en forma individual en la Basílica de San Pedro, cuando -como se informó anteriormente- el propio papa Montini aprobó esta forma de celebrar en la encíclica “Mysterium fidei”?

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6. La de los sacerdotes que cada mañana se alternan en los altares de la Basílica para ofrecer el santo sacrificio de la Misa es una antigua y venerable costumbre. ¿Era realmente necesario romperla? ¿Tal decisión produce realmente un mayor bien para la Iglesia y un mayor decoro en la liturgia?

¡Cuántos santos han perpetuado, a lo largo de los siglos, esta hermosa tradición! Pensemos en los santos que trabajaron en Roma, o que vinieron por un período a la Ciudad Eterna. Normalmente iban a San Pedro a celebrar. ¿Por qué negar a los santos de hoy -que gracias a Dios existen, están entre nosotros y visitan Roma al menos de vez en cuando- así como a todos los demás sacerdotes una experiencia similar, tan profundamente espiritual? ¿En base a qué criterio y por qué hipotético progreso se rompe una tradición más que centenaria y se niega a muchos la posibilidad de celebrar la Misa en San Pedro?

Si el objetivo es -como dice el documento- que las celebraciones “sean animadas litúrgicamente, con la ayuda de lectores y cantantes”, este resultado podría obtenerse fácilmente con un mínimo de organización, en forma menos dramática y sobre todo menos injusta. El Santo Padre ha lamentado muchas veces la injusticia presente en el mundo actual. Para enfatizar esta enseñanza, Su Santidad ha creado incluso un neologismo, el de “inequidad”. ¿La reciente decisión de la Secretaría de Estado es expresión de equidad? ¿Es expresión de magnanimidad, de acogida, de sensibilidad pastoral, litúrgica y espiritual?

Así como he hablado de los santos que han celebrado en San Pedro, no olvidemos que la Basílica custodia las reliquias de muchos de ellos y varios altares están dedicados al santo de quien custodian sus restos mortales. Las nuevas disposiciones establecen que no se podrán realizar más celebraciones en dichos altares. El máximo permitido es una Misa al año, en el día en que se recuerda la memoria litúrgica de ese santo. De este modo, estos altares están casi condenados a la muerte.

El rol principal, por no decir único, de un altar es, de hecho, que en él se ofrece el sacrificio eucarístico. La presencia de las reliquias de los santos bajo los altares tiene un valor bíblico, teológico, litúrgico y espiritual tan grande que no hace falta ni mencionarlo. Con la nueva normativa, los altares de San Pedro están destinados a servir, salvo un día al año, sólo como tumbas de santos, si no como meras obras de arte. Esos altares, en cambio, deben vivir y su vida es la celebración diaria de la Santa Misa.

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7. También es singular la decisión respecto a la forma extraordinaria del rito romano. A partir de ahora, la Forma Extraordinaria -en número máximo de cuatro celebraciones diarias- se permite exclusivamente en la Capilla Clementina de las Grutas Vaticanas y queda totalmente prohibida en cualquier otro altar de la Basílica y de las Grutas.

Se especifica incluso que dichas celebraciones serán realizadas únicamente por sacerdotes “autorizados”. Esta indicación, además de no respetar las normas contenidas en el Motu Proprio “Summorum Pontificum” de Benedicto XVI, es también ambigua: ¿quién debería autorizar a esos sacerdotes? ¿Por qué razón no se puede volver a celebrar la forma extraordinaria en la Basílica? ¿Qué peligro representa para la dignidad de la liturgia?

Imaginemos que un día se presenta en la sacristía de San Pedro un sacerdote católico de un rito distinto al romano. Ciertamente no se le podría imponer concelebrar en el rito romano, por lo que uno se pregunta: ¿podría ese sacerdote celebrar en su propio rito? La Basílica de San Pedro representa el centro del catolicismo, por lo que cabría pensar espontáneamente que una celebración de este tipo sería permitida. Pero si se puede realizar una celebración según uno de los otros ritos católicos, para la igualdad de derechos sería tanto más necesario reconocer la libertad de los sacerdotes del rito romano para celebrar en la forma extraordinaria del mismo.

Por todas las razones aquí expuestas y por otras, junto con un número ilimitado de bautizados (muchos de los cuales no quieren o no pueden expresar su pensamiento) suplico humildemente al Santo Padre que disponga el retiro de las recientes normas dictadas por la Secretaría de Estado, las cuales faltan tanto a la justicia como al amor, no corresponden a la verdad ni al derecho, y no facilitan, sino que más bien ponen en peligro el decoro de la celebración, la participación devota en la Misa y la libertad de los hijos de Dios.

Roma, 29 de marzo 2021

Vaticano concede dispensa a arzobispo de Hamburgo, Alemania, salpicado por abusos


Información de agencia DPA, Mar-29-2021.

Hamburgo/Roma (dpa) - El Papa Francisco ha concedido al arzobispo de Hamburgo, Stefan Hesse, una dispensa del ejercicio de su cargo, según anunció hoy a través de un comunicado la archidiócesis de la ciudad hanseática.

Hesse había ofrecido al Papa su renuncia al cargo tras hacerse público la semana pasada un informe en el que aparecía implicado en un escándalo de abusos acaecidos en la archidiócesis alemana de Colonia.

La archidiócesis de Hamburgo calificó la noticia de Roma como una "primera respuesta" del Papa Francisco a la renuncia ofrecida por Hesse.

En el comunicado, se reproduce parte de la misiva del Vaticano: "El Papa Francisco ha concedido al Arzobispo de Hamburgo, Monseñor Stefan Hesse, una dispensa para tomarse un tiempo libre. Durante su ausencia, el vicario general, Monseñor Ansgar Thim, garantizará la correcta administración de la archidiócesis".

Al principio no estaba claro qué significaba exactamente el concepto "tiempo libre" y cuánto duraría. Un portavoz de la archidiócesis de Hamburgo dijo al ser preguntado que entendía que el anuncio significaba que aún no se había tomado ninguna decisión.

La semana pasada fue presentado en Colonia un esperado informe elaborado por expertos. La investigación reveló el modo en que los funcionarios de la diócesis habían tratado en el pasado las denuncias de abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes.

Hesse, que era jefe de personal y vicario general de la archidiócesis de Colonia, fue acusado de un total de once infracciones. Según los expertos, se trata, entre otras cosas, de violaciones del deber de informar y esclarecer los hechos.

El mismo día de la publicación del informe, Hesse ofreció al Papa su renuncia como máxima autoridad eclesiástica de la ciudad hanseática, "para evitar daños al cargo de arzobispo, así como a la archidiócesis de Hamburgo".

Hesse subrayó que nunca había participado en el encubrimiento de las denuncias de abusos. Sin embargo, dijo estar dispuesto a asumir su parte por el fracaso del sistema.

Hesse asumió el cargo de arzobispo de Hamburgo el 14 de marzo de 2015. En Colonia, dos obispos auxiliares fueron suspendidos por el cardenal Rainer Maria Woelki a raíz del informe.