Saturday, May 08, 2021

El Papa Francisco y los cambios clave en la Curia Romana


Otra de las ilustrativas entradas de Andrea Gagliarducci en su blog en italiano Vatican Reporting, May-08-2021, “El Papa Francisco y los cambios clave en la Curia Romana”. Es una versión en italiano de un artículo anteriormente publicado en polaco por la agencia KAI, Abr-27-2021. Traducción de Secretum Meum Mihi (con algunas adaptaciones).

El cardenal Robert Sarah dejó el cargo de Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (en la práctica, el ministerio de la liturgia de la Curia Romana) el 20 de febrero pasado. Desde entonces, el puesto de prefecto ha quedado vacante y se espera pronto el nombramiento de un sucesor. Es con este nombramiento que se iniciará el relevo generacional de la Curia Romana. Este es el año de la transición definitiva.

La Curia además es el conjunto de órganos y departamentos que ayudan al Papa a gobernar la Iglesia universal y las Iglesias particulares. Sea trata del gabinete de gobierno de la Santa Sede. Actualmente, las funciones y competencias de los órganos de la Curia están reguladas por una constitución apostólica, la Pastor Bonus, promulgada por San Juan Pablo II en 1988. Una constitución apostólica, para quien no sepa, es un documento de gran relevancia, emitido por el mismo Papa cuando se trata de pronunciamientos magisteriales o actos que requieren cierta solemnidad.

Para llegar a la reforma de Juan Pablo II se necesitaron veinte años de estudios y comisiones, partiendo precisamente de las reformas de Pablo VI que siguieron al Concilio Vaticano II. Finalmente, se llegó a estructurar la Curia en Congregaciones y Consejos Pontificios, es decir, en términos laicos, en “ministerios con carteras” y “ministerios sin carteras”. Las congregaciones siempre están dirigidas por un cardenal, los consejos pontificios por un cardenal o un arzobispo. Sin embargo, deben tener dignidad episcopal, porque trabajan en comunión con el Papa.

Juan Pablo II había estructurado una Curia con la Secretaría de Estado, nueve congregaciones, 11 consejos pontificios, tres tribunales. Benedicto XVI añadió un consejo pontificio. El Papa Francisco está reescribiendo la Constitución, pero mientras tanto ya ha comenzado a implementar parte de la reforma.

Actualmente, la Curia está compuesta por: dos Secretarías (la Secretaría de Estado y la Secretaría para la Economía), nueve Congregaciones, tres Dicasterios, cinco Consejos Pontificios. A estos se suman otras oficinas, comisiones y organismos como la Prefectura de la Casa Pontificia y la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Papa.

Habrá más cambios posteriormente, y se esperaen breve la promulgación de la constitución Praedicate Evangelium, que reemplazará a la Curia tal como fue diseñada por Juan Pablo II. Mientras tanto, el Papa Francisco ya ha comenzado a rediseñar la Curia a su imagen y semejanza.

Teniendo en cuenta a los prefectos, presidentes, secretarios y jefes de las tres secciones de la Secretaría de Estado, y los vicarios del Papa para la diócesis de Roma y del Estado de la Ciudad del Vaticano, hay 32 altos cargos. De estos, 23 son de personas nombradas por el Papa Francisco. En tres casos, los predecesores también habían sido nombrados por el Papa Francisco: el prefecto del Departamento de Comunicación Paolo Ruffini fue precedido por monseñor Dario Edoardo Viganò; el Prefecto de la Secretaría para la Economía, Padre Antonio Guerrero Alves, fue precedido por el Cardenal George Pell; el secretario de la Secretaría General del Sínodo, cardenal Mario Grech, estuvo precedido por el cardenal Lorenzo Baldisseri.

Para sus cambios, el Papa Francisco casi siempre esperó a que la persona a ser reemplazada alcanzara o superara los 75 años de edad, que es la edad en la que todos los obispos deben presentar la renuncia. Al final, no hubo verdaderas y propias remociones. En algunos casos, el Papa Francisco, como han hecho todos los Papas, dejó a la persona en su encargo después de los 75 años. Lo hizo con el cardenal Sarah, que se marchó un poco antes de los 76 años. Ahora bien, el hecho de que el puesto de prefecto del dicasterio haya quedado vacante sugiere que muchas cosas cambiarán.

Además del Cardenal Sarah, hay cinco congregaciones cuyos prefectos ya tienen más de 75 años: la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Congregación para la Educación Católica, la Congregación para las Iglesias Orientales, la Congregación para los Obispos, la Congregación para la Clero. A estos se suma la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, cuyo presidente y secretario general ya se encuentran en edad de jubilación.

El Papa Francisco probablemente pretenda esperar la promulgación definitiva de la reforma de la Curia para dar los últimos pasos. Por ejemplo, la Congregación para la Educación Católica absorberá el Pontificio Consejo para la Cultura, que preside el cardenal Gianfranco Ravasi, que ya tiene 79 años: es fácil pensar que no habrá cambios hasta que se establezca el nuevo dicasterio. En otros casos, quizás haya cambios significativos en la organización, y parece ser el caso de la Congregación para el Culto Divino.

Esto porque el Papa Francisco quería, antes de elegir al sucesor del cardenal Sarah, enviar una inspección interna. No ha habido noticia oficial de esta inspección, no se ha publicado en un boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, porque se trata, de hecho, de una cuestión que concierne al propio dicasterio. Mons. Claudio Maniago, presidente de la comisión litúrgica de la Conferencia Episcopal Italiana, que supervisó las nuevas traducciones del Misal, fue nombrado inspector . Y fue una inspección, dicen, muy corta, de pocos días, ya terminada.

No se sabe qué escribirá Maniago en su informe, solo se sabe que en el borrador de la nueva constitución se agregó entre los deberes del dicasterio la tarea de supervisar la renovación litúrgica según los cánones del Concilio Vaticano II. Una dicción, entre otras cosas, bastante vaga, que no sugiere cambios sustanciales en la estructura.

Obviamente, Maniago fue considerado entre los posibles candidatos para ocupar el puesto del Cardenal Sarah. Las indicios, sin embargo, van en otras direcciones. Incluso si después, los indicios nunca se prueban. Y testimonian que el Papa está mirando atentamente a tres personalidades (dos obispos y un cardenal) para tres puestos clave, y uno de ellos es precisamente el de prefecto de la Congregación para el Culto Divino.

El 14 de enero, el Papa Francisco recibió en audiencia privada al obispo Francesco Vittorio Viola de Tortona. El 10 de febrero, el Papa Francisco recibió al cardenal Blaise Cupich, arzobispo de Chicago. El 1 de marzo, el Papa recibió al obispo Robert Prevost, de Chiclayo (Perú), misionero agustino nacido en Estados Unidos.

A todos, el Papa Francisco habría pedido la disponibilidad de dejar los encargos diocesanos para ser transferido al Vaticano. Esto no significa necesariamente que vayan a ser nombrados. Pero hay varias razones por las cuales es probable su llamado a Roma.

La primera es que el Papa Francisco podría así formar una Curia a su imagen y semejanza. El Papa no elegiría personas que ya se hayan formado en Roma, sino personas de fuera, que por lo tanto podrían traer una nueva mentalidad, según los deseos del Papa.

La segunda es que el Papa llevaría a sus fidelísimos a Roma. Los tres deben toda su carrera eclesiástica, visibilidad, responsabilidad y, en el caso de Cupich, hasta el cardenalato al Papa Francisco. Nunca irían en contra de las decisiones del Papa y difícilmente sacarían a relucir situaciones críticas públicamente.

El Papa Francisco ha mostrado una predilección particular por estos prelados. El Papa conoció al obispo Viola en Asís, durante su primer viaje a la ciudad del santo de Asís en 2013, cuando era presidente de Caritas. Lo envió a Tortona, una diócesis muy particular y difícil en Italia, porque sus fronteras tocan tres regiones diferentes. Lo incluyó como miembro de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

El cardenal Blaise Cupich se ha convertido en el hombre de referencia del Papa en los Estados Unidos. Representa la visión opuesta a la línea de los “guerreros culturales” [lit. “cultural warriors”. N. de T.], también contestó claramente una declaración de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos sobre el nuevo presidente Joe Biden, católico de nombre pero democrático en sus elecciones y, por tanto, promotor de la políticas pro-chioce y de la ideología de género. El Papa Francisco incluyó al cardenal Cupich como miembro de la Congregación de Obispos y de la Congregación para la Educación Católica.

El obispo Robert Prevost, misionero agustino, es obispo de la Diócesis de Chiclayo en Perú desde 2015, pero es oriundo de Chicago. Inusualmente para un simple obispo, se encuentra ser miembro tanto de la Congregación para los Obispos como de la Congregación para el Clero.

¿Cuáles serían los encargos a los que serían destinados los tres? Los rumores en Roma sostienen que un lugar en la Congregación para el Culto Divino está listo para el obispo Viola, como prefecto en lugar del cardenal Sarah.

El cardenal Cupich siempre ha sido considerado en el proceso de asumir la responsabilidad de la Congregación para los Obispos. Podría en cambio tomar la responsabilidad de la Congregación para el Clero en el puesto del cardenal Beniamino Stella, quien permanecerá en el cargo hasta su cumpleaños 80 el próximo agosto. En cambio, el obispo Prevost debería convertirse en prefecto de la Congregación de Obispos.

Si estos nombramientos se concretaran, serían señales precisas de un cambio de rumbo. El Papa Francisco demuestra así que tiene un plan a largo plazo y que siempre lo tuvo. Además de los cambios en la Curia, el Papa ha modificado fuertemente el Colegio Cardenalicio, con siete consistorios en siete años (un número enorme, si tenemos en cuenta que Juan Pablo II convocó a nueve en 27 años), y podría hacerlo más, incluso ampliando la base electoral.

La Iglesia después de Francisco parece así convertirse en una Iglesia completamente con el rostro de Francisco. Una Iglesia menos institucional, que en las ideas de Francisco significa una Iglesia más misionera. Una Iglesia menos ligada a Roma, que en las ideas de Francisco significa una Iglesia menos cortesana. Pero, ¿estamos realmente seguros de que la institución y Roma fueron obstáculos para la misión? ¿Realmente no es posible considerar de alguna manera que fueron más bien un apoyo a la misión?