Sunday, February 21, 2021

En los hospitales eslovacos, los sacerdotes ayudan al personal sanitario

© AFP

Esta es una versión en español de un cable de agencia AFP, originalmente más extenso y publicado en inglés, Feb-19-2021 (ver por ej., France 24).

En los hospitales eslovacos, los sacerdotes ayudan al personal sanitario

En un hospital con las ventanas rotas y la pintura descascarillada en una región pobre de Eslovaquia, el padre Martín ayuda al personal médico sobrecargado a luchar contra el covid-19, en un país que registra la tasa de mortalidad más alta del mundo.

Vestido con un traje de protección completo con su nombre escrito con rotulador rojo, el padre ayuda a desplazar, alimentar y lavar a los pacientes. Reza con ellos y a veces les hace reír.

El padre Martin Miskuf, de 32 años, forma parte de las decenas de sacerdotes católicos que se presentaron voluntarios a partir de enero para dar asistencia práctica y espiritual en las regiones particularmente azotadas por la pandemia del este de Eslovaquia.

"Iluminan nuestros días", dice Eva, de 66 años, entre las bocanadas de oxígeno que le proporciona un respirador en un hospital de la ciudad de Presov.

En el pasillo reposa un cuerpo envuelto en una sábana.

Durante sus servicios de ocho horas, el padre Martin ve la muerte a diario.

"Ver a la gente morir es difícil pero también es un estímulo para mi fe", dice a la AFP.

Eslovaquia, un país de la Unión Europea de 5,4 millones de habitantes, registra actualmente la tasa de mortalidad más alta del mundo con 24 muertos de covid por 100.000 habitantes en las últimas dos semanas, por delante de Portugal (22) y República Checa (18), según un recuento de la AFP.

En total, 3.900 pacientes con covid están actualmente hospitalizados y 6.350 han muerto.

Como las iglesias están cerradas, 77 sacerdotes católicos se han presentado voluntarios para ayudar en los hospitales del este del país, región donde el PIB por habitante es tres veces menos que el de Bratislava, la capital.

"Debido al confinamiento, no hemos tenido ningún contacto directo con la gente y nos sentíamos inútiles", razona el padre Jozef Kmec, que participa en las inscripciones en un centro de vacunación vecino y que es también secretario general del obispado local.

"La iniciativa nació en nuestro grupo Facebook a principios de enero y rápidamente se propagó por toda la región", explica.

"Nos sentimos más útiles aquí", asegura. "Nuestros sacerdotes tratan de aliviar al personal médico que no tiene tiempo de hablar con los pacientes. Ellos los tranquilizan".

"Y el personal sanitario jura menos porque hay una persona espiritual", agrega.

Para Lenka Molcsanyiova, médico que trabaja en el centro de vacunación, los sacerdotes son una "auténtica bendición".

"Algunos de nuestros pacientes recurren a los sacerdotes como una especie de servicio de asesoramiento, consultan sus problemas. A veces, es como una pequeña confesión para ellos", dice.

Para la enfermera jefe Monika Kummerova, "son nuestros ángeles".

Daniela Semencikova, madre de cuatro hijos, de 37 años, se contagió con el virus en el hospital cuando su hija se rompió un brazo.

"Estos amables jóvenes consiguen realmente que nuestros días pasen deprisa", declara. "Los sacerdotes nos suben la moral, nos ayudan espiritualmente, rezan con nosotros y nos ofrecen la comunión."

En medio de la muerte, un poco de humor se agradece.

El padre Martin sonríe cuando recuerda que una señora mayor le dijo que ya tenía bastante agua y pidió un vaso de ron.

"Le dije que no servíamos ron aquí, pero que le proponíamos en su lugar 'vino'. Se bebió un gran vaso de agua creyendo que le había dado vino. Fue una mentira piadosa", recuerda divertido el sacerdote.