Friday, May 22, 2020

Vencida por el miedo de la pandemia, la Iglesia se ha transformado en una ONG


Este es un artículo firmado por Ettore Gotti Tedeschi y Mons. Nicola Bux, publicado en el periódico La Verità, May-19-2020, págs. 1 y 11. Traducción de Secretum Meum Mihi.

Vencida por el miedo de la pandemia, la Iglesia se ha transformado en una ONG

por Ettore Gotti Tedeschi - Nicola Bux


El miedo a perder la vida gracias a la pandemia y al aislamiento forzado para evitar contagios, habrían podido ser dos grandes oportunidades para que nuestra amada Iglesia nos haga reflexionar sobre el valor y el significado de la vida y el valor de la libertad. Esta es una tarea primaria de la Iglesia, como lo indica claramente la primera encíclica de este pontificado, Lumen Fidei. De hecho, la Iglesia debería imitar a Cristo: “Yo estoy entre ustedes, como el que sirve” (Lc, 22-27).

Después de haberlo hecho tan discretamente, y con tal “respeto humano”, que pocos han notado, nuestra Iglesia ha perdido una gran oportunidad para confortar espiritualmente a quienes lo necesitaban, también arriesgando perder credibilidad en su misión sobrenatural.

La Autoridad Moral en este período parecería querer comunicar al exterior una tibia “neutralidad moral”. No se captó una propuesta fuerte y heroica de querer ser útil para el sufrimiento espiritual, reafirmando la Verdad en todas las maneras y ocasiones. No se ha notado un deseo heroico de querer aprovechar esta ocasión para proponer efectivamente la búsqueda de la conversión personal y el deseo de Dios. No se ha notado un grande y oportuno esfuerzo para tratar de explicar en estas circunstancias lo que es moralmente verdadero o falso, moralmente justo, injusto, bueno o malo.

Por otro lado, se han hecho intentos para trivializar la ciencia y la razón, cuando se intentó explicar las causas de la pandemia. Por supuesto, debido a nuestra falta de diligencia o prejuicio, no percibimos indicaciones espirituales para beneficiarnos de estos momentos de miedo y aislamiento. En cambio, intensos auspicios por una misteriosa “fraternidad” humana (sin referencias a Dios que los justificara) y solicitudes de un no definido diálogo interreligioso, con vagas indicaciones de un Dios único para todas las religiones, acompañado de una igualmente vaga oración universal. ¡Pero, cuidado!, estos son los conceptos fundacionales del sincretismo religioso entre religiones anteriormente irreconciliables, en miras a formar una unidad religiosa más allá de los dogmas de la fe.

También tuvimos la intención del anuncio de una propuesta de ‹nuevo humanismo›. “Nuevo porque se piensa considerar superado el antiguo humanismo cristiano fundado sobre la naturaleza humana hecha de alma, cuerpo, intelecto, herida por el pecado original, redimida por Dios encarnado. ¿Cómo puedes pensar en humanizar a alguien o algo si primero no se reconoce quién es el creador de lo que es humano?

Pero hay un hecho más misterioso que debe entenderse. Si la Iglesia ahora se presenta y propone como institución que opera en la esfera social, y de hecho deja intuir que la Santa Misa, en lugar del “santo sacrificio divino” es solo una “asamblea”, como tal debe ser regulada por las disposiciones del gobierno para las reuniones públicas . ¿Por qué lamentarse entonces? Por estas razones tememos que el mayor cambio post-Covid pueda referirse justo a la Autoridad Moral.

La Autoridad Moral corre el riesgo de hecho de ser desintermediada no solo por las religiones pragmáticas, sino incluso por el filantropismo. El filantropismo (o caridad sin Verdad) quisiera ser precisamente el competidor laico de la caridad cristiana.

Gracias a las tentaciones y la influencia del filantropismo, la Autoridad Moral corre el riesgo de convertirse en el abanderado de la nueva religión universal, el ambientalismo, destinado a unir a todas las culturas hacia un único valor universal. A veces la Iglesia parece haber sido profética para el post-Covid, incluso había anticipado el reconocimiento de un papel dominado por el estado, buscando apoyo geopolítico fuera de las tradiciones occidentales, permitiendo imaginar fusiones entre religiones (como si fueran empresas), permitiendo que se debiliten los obstáculos a esta transformación (dogmas, familia, soberanía, tradición ...).

Hasta hace poco, la Iglesia no estaba preocupada por la economía, de la ciencia y de la política, se limitaba a pensar solo en las conciencias. Hoy se le impone a la Iglesia ocuparse de economía, ciencia, política, pero no de conciencias. Y ella parece haber aceptado. Su consiguiente desintermediación es inevitable.

Hoy, en esta situación, la Iglesia debe esforzarse en proponer y explicar “el misterio trascendente” de lo que sucedió y podrá suceder, no por proponer soluciones que prescindan de Cristo y se engañen a sí mismas. La Iglesia hoy debe reavivar y dar esperanza a todos y puede hacerlo dialogando, pero dialogando para encontrar a Cristo, evangelizando, porque hoy el hambre y la sed verdaderas son ante todo de Dios. La verdadera solución está en encontrar a Dios. Solamente así, “todo estará bien”, en este mundo y en el otro.