Tuesday, March 10, 2020

Coraje hay, solamente que...



“Oremos al Señor también por nuestros sacerdotes, para que tengan el coraje de salir y acudir a los enfermos, llevando la fuerza de la Palabra de Dios y la Eucaristía y acompañen a los trabajadores sanitarios, los voluntarios, en este trabajo que están haciendo” ha dicho Francisco hoy antes de la Misa desde la capilla de la Domus Sanctae Marthae, con la novedad de haber sido la segunda transmitida en su totalidad vía streaming.

¿Y cómo podría ser un ejemplo de dicho ‘coraje’? La siguiente es una versión libre, salida de nuestra imaginación. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Suena el teléfono de despacho parroquial y/o rectoría de cualquier lugar del planeta. Al no haber nadie que responda debido a la cuarentena impuesta por el estado (cualquier estado, introduzca aquí el nombre del país de su preferencia, para el caso es lo mismo), es el propio párroco el que toma la llamada, la cual resulta ser de una feligresa hija de un octogenario enfermo y que desea confesarse, recibir la unción de los enfermos (anteriormente llamada extremaunción) y recibir la Sagrada Comunión. Como Francisco en su video-Misa vía streaming desde la Domus Sanctae Marthae el Martes, Mar-10-2020, ha instado a los sacerdotes a que visiten a los enfermos y les lleven la Eucaristía, se ha sentido animada esta feligresa a llamar a su párroco.

Sacerdote: Hola.

Feligresa: Hola. Por favor, estoy buscando al Sr. Párroco, el P. xxx.

Sacerdote: Sí Sra., él habla. A sus órdenes.

La feligresa pasa a identificarse, explicarle la situación al párroco y le solicita la visita a su domicilio para los fines propuestos.

Sacerdote: No hay ningún inconveniente, solo que...

Feligresa: ¿Qué cosa, Padre?

Sacerdote: Pues que yo solamente iría si tuviera para mi uso el tapabocas N-95, el cual según las indicaciones de las autoridades sanitarias es el que brinda mayor protección. Infortunadamente no se consiguen, y si se llegan a conseguir los precios son estratosféricos. ¿Tiene Ud. alguno en casa, por casualidad?

Feligresa: No señor. Y, como dice Ud., están por la nubes, ¿con qué dinero podríamos adquirir uno si a duras penas tenemos para subsistir?

Sacerdote: ¡Vea Ud. que contrariedad! No sé qué hacer, pero le ratifico mi total disposición de visitar a su Padre, solamente que no tengo las garantías.

Feligresa: Sí, Padre, pero, ¿y la invitación de hoy de Francisco a que los sacerdotes visiten a los enfermos?

Sacerdote: El Santo Padre dio solamente un marco general, pero eso no tiene nada que ver con ignorar la observancia de las mínimas medidas sanitarias. Le repito, Yo gustoso voy pero...

Feligresa: Perdone que insista, Padre, ¿y en que queda eso que dijo Jesús de que el buen pastor da la vida por sus ovejas?

Sacerdote: Bueno, vea Ud., en tiempos de Jesús no había grabadoras, entonces no hay certeza objetiva de que eso fuera exactamente lo que dijo. Además, sepa Ud. que en tiempos de Jesús no existía el Covid-19.

Feligresa: ¿Cómo? Bueno, pero, ¿y entonces en qué queda lo del favor por el cual lo he llamado, de venir a administrarle los sacramentos a mi papá?

Sacerdote: Ya se lo he dicho, voluntad la tengo toda, pero si no se puede cumplir las medidas sanitarias...

Feligresa: ¿Eso quiere decir que no viene Ud. entonces?

Sacerdote: Ya se lo he dicho, voy presuroso, pies me faltan para asistir a un feligrés mío que me requiere, pero si las condiciones sanitarias no se dan, pues no se puede. Le recalco, falta de voluntad no es, ¡ehh!

Feligresa: ¿Y entonces...?

Sacerdote: Pues vuelva a llamar cuando mejoren las condiciones, porque por el momento no es posible.

Feligresa: ¿Y si mi padre muere antes de eso?

Sacerdote: No sea Usted tan fatalista, Sra. ¿Acaso no confía Ud. en la Divina Providencia?

Feligresa: Eso mismo le pregunto yo a Ud.

Sacerdote: ¿¡Bueno!?, ¿¡hola!? Parece que se perdió la señal. ¿Me escucha Usted, Sra.?, ¡aló!...