Friday, November 29, 2019

¡Con alumnos así!... Schönborn critíca a Benedicto XVI sobre su diagnóstico “La Iglesia y el escándalo del abuso sexual”


Este artículo de The Tablet, Nov-27-2019, basado en una conferencia recientemente pronunciada por el card. Christoph Schönborn, alumno de Joseph Ratzinger, denota cómo en lo que se refiere al abuso sexual clerical, el card. Schönborn critíca el diagnóstico hecho por Benedicto XVI en Febrero de este año en el documento titulado “La Iglesia y el escándalo del abuso sexual”; critíca a Angelo Sodano por no haberle creído sobre los abusos sexuales de su antecesor en Viena, además de haberle tenido que pedir perdón frente a Benedicto XVI por haberlo criticado; refuerza la narrativa de que el abuso sexual clerical se produce por el clericalismo; y, entre otras, hace énfasis en que el abuso sexual clerical se produjo mayoritariamente en tiempos pre-conciliares. Traducción de Secretum Meum Mihi.

Schönborn explica la impactante realidad del abuso sexual clerical

por Christa Pongratz-Lippitt

El cardenal estuvo pronunciando una larga, detallada conferencia en la Universidad de Viena sobre abuso sexual clerical.


El abuso clerical es una “realidad masiva” en la Iglesia causada, entre otros factores, por los “sistemas cerrados” y la autoridad sobreinflada de los sacerdotes, según el cardenal Christoph Schönborn.

En una conferencia de 50 minutos en la Universidad de Viena, una de las de las series semanales que en el semestre de invierno la Universidad realiza sobre “El abuso sexual de menores: Crimen y Responsabilidad”, el cardenal Schönborn describió en detalle cómo, después de escuchar a las víctimas de abuso durante los pasados 20 años o más, había llegado a la conclusión de que el abuso clerical espiritual y sexual —pero sobre todo el abuso del poder clerical— era una “realidad masiva” en la Iglesia Católica.

El cardenal dijo: “No estoy hablando de este tema doloroso como experto, sino como alguien que ha sido confrontado repetidamente con el abuso y que ha aprendido mucho al respecto, pero ciertamente no lo suficiente. Por eso es que, como primer paso, voy a relatar —de manera bastante no sistemática— lo que he aprendido sobre el abuso y luego intentaré resumir lo que se debe hacer al respecto”.

Él ha aprendido que era normal para las víctimas de abuso que tomara décadas hablar sobre el abuso que habían experimentado, ya que la principal preocupación de los perpetradores era asegurarse que callaran “con todos los medios a la mano”. Cuando las víctimas finalmente se sobrepusieron a hablar sobre el abuso, sufrieron un segundo trauma “masivo”, el cual a menudo era peor que el primero, dijo.

Las víctimas de abuso clerical estaban especialmente aterrorizadas de romper su silencio, ya que a menudo los sacerdotes perpetradores les decían que sería un pecado grave revelar el abuso.

Supo de sacerdotes que habían obligado a sus víctimas a jurar frente al tabernáculo que permanecerían en silencio para siempre. “Si alguna vez se lo dices a alguien, irás al infierno”, es literalmente golpearlas, a menudo con fuerza, dijo.

Y es más terrible si el sacerdote delega la culpa en la víctima y, por ejemplo, dice: “Es tu culpa que ahora yo tenga una úlcera estomacal”.

Y, sin embargo, una de las cosas más importantes que había aprendido era lo crucial que era para las víctimas hablar sobre el abuso que habían experimentado “porque de lo contrario nunca podrán ser curadas”, dijo el cardenal.

Había entrado en contacto por primera vez con víctimas de abuso clerical en 1995 después de que su predecesor, el entonces arzobispo de Viena, cardenal Hans Hermann Groër, fuera acusado de abuso sexual, recordó el cardenal.

Había sucedido a Groër y durante los siguientes tres años había escuchado atentamente a las víctimas de Groër. Había sido “devastador descubrir cuán estrechamente relacionado está el abuso sexual clerical con el Sacramento de la Reconciliación y descubrir que a menudo comienza en el confesionario”.

Finalmente llegó a la conclusión de que lo que le dijeron era la verdad y les aseguró que les creía. En marzo de ese año (1998) él, junto con otros tres obispos austriacos, habían declarado públicamente que habían alcanzado la “certeza moral” de que las acusaciones contra Groër eran “en esencia” correctas.

Se sintieron obligados a declarar esto públicamente, dijeron, ya que el trabajo pastoral de la Iglesia de lo contrario “estaría cargado con la paralizante sospecha de que la reputación de un cardenal es más importante que el bienestar de los jóvenes”.

La declaración de los cuatro obispos había llevado a grandes dificultades con Roma, explicó Schönborn, “pero era necesario hablar públicamente en una situación en la que los eclesiásticos mentían abiertamente sobre lo que había sucedido”.

En Roma, en su visita ad Limina unos meses más tarde (Noviembre de 1998), los obispos austriacos criticaron el manejo de la Iglesia de las acusaciones de abuso sexual contra Groer en su informe para el Papa, pero su compañero obispo austríaco, el difunto Kurt Krenn de Sankt Pölten, un firme defensor de Groer, contradijo públicamente a sus compañeros obispos y les dijo a “los mentirosos que guardaran sus trampas”, recordó Schönborn.

“También experimenté lo mismo durante mi controversia con el Cardenal (Angelo) Sodano (el ex Secretario de Estado de 1991-2006); quien literalmente dijo —a mi cara— ‘¿Víctimas? ¡Eso es lo que Usted dice!’”. Dos meses después, lo llamaron a Roma y, en presencia de Sodano y del Papa Benedicto, tuvo que disculparse con el Papa por criticar a Sodano, recordó.

“Ciertas personas en el Vaticano mintieron”, dijo Schönborn mirando hacia atrás a lo que había sucedido. Habían vilipendiado a las víctimas para proteger a la Iglesia, dijo, “pero se sirve mejor a la Iglesia cuando se revela la verdad. ‘La verdad os hará libres’”, recordó.

Había sido lo mismo a principios de este año, cuando le dijo a Doris Wagner- Reisinger , en una entrevista televisada, que le creía cuando ella dijo que había sido violada por un sacerdote cuando era miembro de “The Work”, dijo Schönborn.

Una vez más había sido muy criticado por decir que le creía. Eclesiásticos de alto rango lo habían acusado de creer en víctimas de abuso sin poder probar si el abuso realmente había tenido lugar, dijo Schönborn. Era plenamente consciente de que la fabricación por parte de las víctimas era posible.

“Sin embargo, cuando insisto en que creo en una víctima, estoy hablando diagnósticamente por así decirlo. Una conversación con una víctima de abuso no es un procedimiento legal”. Luego, el cardenal siguió en rastrear la pista de cómo, en su opinión, se producía el abuso sexual clerical.

“Benedicto XVI intentó un diagnóstico que no deseo criticar, pero simplemente quiero corregir citando algunas cifras. Benedicto opina que el abuso sexual clerical tiene su origen en el Movimiento de 1968. Las cifras para Austria muestran una imagen totalmente diferente”, dijo Schönborn.

En Austria, el 60% de los casos de abusos sexuales cometidos por clérigos se cometieron entre 1940 y 1969. El número se redujo al 27% entre 1970-79 y desde el año 2000 fue solo el 0,9%.

Que la mayoría de los casos se hubiera presentado antes del concilio era ciertamente “algo para pensar”, dijo. Una razón para esto había sido que la Iglesia preconciliar había sido un sistema cerrado. “En los sistemas cerrados, el abuso ocurre con mucha más frecuencia que en los abiertos”.

Con sus iglesias llenas y su vida religiosa intensa, la Iglesia preconciliar había sido fascinante, recordó el cardenal, “pero la autoridad que tenían los sacerdotes estaba sobreinflada en un grado poco saludable” y, por lo tanto, fue “obviamente” mucho más fácil que el abuso de poder y el abuso sexual se difundiera.

Ahora ha sido demostrado estadísticamente que los internados facilitaron el abuso de menores. “El abuso ha ocurrido con mucha menos frecuencia ahora que ya no tenemos internados en Austria”, dijo Schönborn.

Fue “tanto desgarrador como confuso” que tantos fundadores de nuevos movimientos hubieran resultado ser abusadores sexuales clericales, dijo y preguntó: “¿Cuáles son las raíces de este abuso por parte de líderes de la iglesia?”

Una vez más, muchos de los movimientos fueron “instituciones cerradas”, lo cual facilitó el abuso, señaló. Para él, su predecesor el cardenal Groër, el difunto Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, el difunto padre dominico Marie-Dominique Philippe, fundador de la Comunidad de San Juan, Gérard Criossant, fundador de la Comunidad de las Bienaventuranzas y el sacerdote chileno, el P. Fernando Karadima habían sido ejemplos de “personalidades de gurú” que habían influido en la formación espiritual y en las carreras de docenas de sacerdotes y de varios obispos.

Cuando escuchó por primera vez del abuso del padre Marie-Dominique Philippe, se había preguntado una y otra vez cómo era posible, ya que había tenido una habitación junto a él en Friburgo durante meses, dijo Schönborn. Había experimentado personalmente el caso Karadima en una visita a Chile.

Había sido uno de los casos de abuso más “dramáticos” a sus ojos, ya que había dividido profundamente al clero chileno y había sumido a la Iglesia chilena en un abismo.

Con respecto a líderes religiosos carismáticos, era importante tener en cuenta los siguientes cuatro puntos de referencia que eran señales de alarma: primero, los fundadores que se consideraban perfectos y se comportaban como gurús; segundo, lealtad exclusiva al fundador o líder; tercero, los fundadores que amenazaban a los miembros con retirarles su afecto o amor; y cuarto, y “lo más peligroso de todo” a sus ojos, cuando la comunidad se dividía en aquellos que eran seguidores del fundador y aquellos que no.

“Si estás ‘dentro’, aceptas casi todo, incluso el abuso, solo para pertenecer”, dijo el cardenal.

En 2010, el año en que, según sus propias palabras, un "tsunami" de abuso se extendió por la Iglesia en los países de habla alemana, decidió que la Iglesia austríaca seguiría el camino de la verdad.

Se había establecido una comisión estatal completamente independiente de la Iglesia para investigar los casos de abuso y compensar a las víctimas.

Desde entonces, la Iglesia austriaca ha recibido muchos elogios por la forma en que estaba lidiando con el abuso clerical y fue uno de los cuatro países que se presentaron como modelos a seguir en la Reunión sobre la Protección de Menores en la Iglesia en el Vaticano en Febrero de este año, recordó Schönborn. “Cada crisis crea oportunidades para la purificación y eso solo puede lograrse a través de la verdad”, concluyó.