Thursday, September 12, 2019

“En el instrumento de trabajo, Cristo es negado como Crucificado, quiere decir, está secuestrado en el texto”. Obispo emérito de Marajó critíca Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía


Mons. José Luís Azcona Hermoso, Obispo emérito de Marajó, Brasil, no identificado como tradi, conservador, integrista, etc, concede una entrevista al diario O Estado de São Paulo, en la que en algunos pasajes formúla algunas críticas al Instrumentum Laboris del Sínodo para la Amazonía. En la versión impresa de Sep-12-2019, pág. A8 (en la foto), aparece una versión condensada de la misma, por lo que tomamos para nuestra traducción la versión amplia publicada en la versión de internet.

En los documentos del Sínodo, la Iglesia se pone en contra de algunos tipos de explotación económica en la Amazonía, entre ellas la minería, y defiende las reservas indígenas y ecológicas. En estos casos, la Iglesia se opone a las propuestas del presidente Jair Bolsonaro. ¿No actúa la Iglesia políticamente?

La Iglesia se posiciona contra todo tipo de dominación. La Iglesia en Brasil siempre se presentó como defensora de la justicia y abogada de los pobres, en el caso, de los indígenas. Y todo católico, todo brasileño coherente con las exigencias de su humanidad y ciudadanía, se posicionará con energía y resolución contra todo tipo de dominación económica y ecológica.

No sé lo que el presidente Jair Bolsonaro piensa, pero si atenta contra el bien de la Amazonía, la creación, los derechos comprobados de los indígenas, debe ser enfrentado con medios justos, legítimos y eficientes. Esto es lo que la Iglesia con todo el pueblo brasileño deberá enfrentar si se está probada la existencia de proyectos gravemente opuestos al medio ambiente, a los indígenas o el bien común de la nación.

¿Puede el Sínodo exponer al gobierno de Bolsonaro en el exterior?

El Sínodo no necesita exponer ante el mundo lo que ya está expuesto. El Sínodo podrá expresar su punto de vista con relación a la Amazonía y a Brasil. Es de justicia reconocer que la Iglesia, un Sínodo en su nivel de autoridad, puede en todo momento y en todas partes, también en Brasil, predicar la fe con auténtica libertad. Ella está comisionada por Jesús Cristo para dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político o cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona, de las etnias amazónicas o la salvación de las almas.

El gobierno afirma que el Sínodo amenaza la soberanía nacional.

El Sínodo no atenta contra la soberanía nacional. Por el contrario, él está en condiciones, si fiel a Cristo, de relanzar los fundamentos de la democracia, de la igualdad de los ciudadanos, del respeto a la persona, sobre todo, pobre, marginalizada y excluida. El Sínodo es capaz de hacer que suceda la reconciliación nacional. Brasil nunca estuvo tan dividido, tan polarizado. Si quiere sobrevivir, Brasil tiene una necesidad absoluta, urgentísima de reconciliación, que se concreta en el amor a los enemigos. Este es el primer desafío que el Sínodo y de la Iglesia de Cristo tienen que enfrentar.

¿Por qué los militares son el segmento de gobierno que más manifiesta resistencia al sínodo?

Existe un gran número de militares bien informados que no manifiestan resistencia ninguna al Sínodo. Por otra parte, es posible que la reserva militar manifieste cierta resistencia a este evento.

¿El gobierno trató de interferir en el Sínodo?

No me consta. Si eso fuera hecho habría retrotraído el Brasil al Medio Evo (Media Edad), al Josefinismo, a un intento anacrónico y absolutamente inócuo.

¿El sínodo ignora algún problema relevante de la Amazonía?

El Instrumento Laboris (Documento de Trabajo, texto que orienta las discusiones en el Vaticano) ignora completamente la realidad de la Amazonía, haciendo superfluo el Sínodo de la misma. Los protagonistas son las etnias indígenas que en Brasil son una minoría mínima, un poco más numerosas en otras naciones en el territorio amazónico. La tendencia obsesiva de entender la Amazonía desde los pueblos indígenas como la única Amazonía distorsiona y hace inútil la celebración del Sínodo.

En concreto, el rostro amazónico hoy es mayoritariamente pentecostal. El desprecio práctico de los afro-amazónicos, más numerosos en Brasil que los indígenas, es una injusticia, una actitud completamente contradictoria respecto de lo que debe ser el camino sinodal. Los caboclos que pueblan las vastas márgenes del infinito Amazonas son un grupo humano excluido violentamente del mapa de la misma, por una actitud selectiva que necesariamente pervierte la realidad. ¡Muy triste! Los amazónidas, por lo demás, no habitan ya más en el interior, en el monte, en las aguas. En su gran mayoría viven en ciudades. Su cultura, por lo tanto, es urbana. ¿Cómo se puede ser tan ciego?

¿Cómo llega Usted a la conclusión de que la Amazonía ya no es más católica?

Efectivamente, la Amazonía, más propiamente la brasileña, no tiene mayoría católica. En algunas regiones del este de la Amazonía, el número de pentecostales alcanza el 80%. Es una voz común en las reuniones pastorales en la Amazonía. Y esta penetración es especialmente notable en las etnias indígenas. En el resto de la Pan- Amazonía no sabría decir. Es necesario distinguir entre evangélicos y pentecostales. Estos últimos no son considerados por los propios evangélicos como merecedores de este nombre.

¿Qué motiva a las preocupaciones con los pentecostales? ¿Es con alguna iglesia específica?

La degradación, la pulverización del Evangelio a partir de la propia Biblia, negando, con ello en la mano, que “nadie puede servir a dos señores” o “no se puede servir a Dios y al dinero”. Según ellos, es Dios quien bendice con dinero abundante, con la prosperidad ilimitada al que “aceptando a Jesús” se convierte en adepto de determinada iglesia. Es extremadamente grave. El principio se niega durante las 24 horas de programación en televisiones pentecostales o en sus servicios.

La sed de poder económico, con frecuencia asociado en iglesias pentecostales al hambre por la dominación política o de control social ofrece una distorsión evidente del sentido de la fe, de la comunidad cristiana y de la misión de la misma. Abiertamente, tenemos que reconocer con gratitud a Dios que muchos pentecostales defienden una ética sexual y familiar dignas, respetuosas de los valores del Evangelio, serenas, militantes y nobles.

El presidente Jair Bolsonaro tiene privilegiados evangélicos en su gobierno, frecuentando templos, y anunció que va a nombrar a un jurista “terriblemente evangélico” para el Tribunal Supremo Federal. ¿Qué piensa sobre esto?

Creo que el criterio para responder a esta pregunta no es el hecho de que el presidente Bolsonaro privilegie a los pentecostales en su gobierno. Entre ellos existen personas dignas. Sería perverso nombrar corruptos, traidores, enemigos de Brasil, en resumen, personas que deberían estar presas en prisión como criminales. Y son tantos en Brasil, de un lado y del otro, de una determinada ideología y de otra, que se identifican como pertenecientes a la misma raza de víboras y que están sueltos o prisioneros.

Grupos católicos conservadores se levantaron contra el sínodo, en las redes sociales y en las calles. ¿Usted se identifica con estos movimientos?

Conservador es un término no propiamente teológico, puede designar diversas realidades o contenidos sociológicos, culturales, históricos. Si “conservador” designa la identidad del cristiano como miembro de la Iglesia, yo no soy “conservador”, sino “fiel”, mientras que esta fidelidad es la única que asegura una auténtica evangelización actual para un Brasil absolutamente deshumanizado, de pensamiento flaco y sin vigor para transformar la realidad nacional.

¿Es posible dimensionar la influencia de estos conservadores?

Tanto “conservadores” como “progresistas” hoy en Brasil son grupos letárgicos, somnolientos, incapaz de crear algo nuevo, de ordenar mínimamente el caos y la inconsciencia de tantos brasileños verborréicos, ya exhaustos y agotados.

¿En qué aspecto se puede considerarse el sínodo una ruptura en la Iglesia, como dicen algunos religiosos?

En cuanto se diluya la revelación de Cristo. En el instrumento de trabajo, Cristo es negado como Crucificado, quiere decir, está secuestrado en el texto. No solamente porque no aparece una sola vez el nombre glorioso del Crucificado. Lo más grave es el hecho de que Él está completamente silenciado en los grandes temas como el diálogo, las culturas, las etnias, la escatología, la esperanza. Por otro lado, la nivelación entre Jesús Salvador y otros interlocutores: Culturas, etnias, religiones, termina con el ser y la misión de la Iglesia. Él rebaja y niega la identidad de Cristo como Señor y Salvador, Dios y hombre. De hecho, un insulto grave contra el nombre de cristiano.

Al mismo tiempo, y decimos con tristeza, una señal alarmante de secularismo radical que prevalece en algunos ámbitos de la Iglesia Católica. La agresión a Cristo, su anulación sumaria, termina con la única esperanza de la Amazonía y todos sus pueblos, cerrando así de manera dramática y ciega el acceso a una verdadera ecología, a la luz y bajo el poder del Evangelio para transformar las actitudes necesarias en relación con la naturaleza, la ecología, la casa común.