Tuesday, March 26, 2019

Dimiten directora y editoras de revista vaticana de mujeres, reacción del director de L'Osservatore Romano


Esta es la traducción en español, proporcionada por Vida Nueva, de la carta originalmente publicada en italiano (vía blog Settimo Cielo), con la cual Lucetta Scaraffia, directora del suplemento mensual “Donne Chiesa Mondo”, se dirige a Francisco para renunciar, más claramente, para “tirar la toalla”.

Querido Papa Francisco:

Con gran pesar le informamos de que suspendemos nuestra colaboración con Donne Chiesa Mondo, la revista mensual de L’Osservatore Romano fundada por nosotras, cuyo nacimiento permitió Benedicto XVI hace siete años y que usted siempre ha alentado y apoyado.

Tiramos la toalla porque nos sentimos rodeadas por un clima de desconfianza y deslegitimación progresiva, desde una mirada en la que no sentimos estima y crédito para continuar nuestra colaboración. Con el cierre de Donne Chiesa Mondo termina, o más bien se rompe, por primera vez, una experiencia nueva y excepcional para la Iglesia: un grupo de mujeres, que se han organizado de forma autónoma, que han votado entre ellas la incorporación de nuevas colaboradoras, que han podido trabajar en el corazón del Vaticano y de la comunicación de la Santa Sede con inteligencia y corazón libres, gracias al consentimiento y apoyo de dos papas.

Nuestra iniciativa, como saben, ha tenido y tiene un éxito inusual, con una edición impresa en español publicada por Vida Nueva, una edición más reciente en francés con La Vie y una edición en inglés publicada online.

En estos siete años, nuestro objetivo ha sido dar voz a las mujeres que, como Iglesia, trabajan en la Iglesia y para la Iglesia, abriéndose al diálogo con mujeres de otras religiones. Se ha hecho realidad y ha involucrado a miles de laicas y mujeres consagradas, confrontándose continuamente con el pensamiento y con la visión de los laicos, de las personas consagradas, de los presbíteros, de los obispos.

Se han abordado muchos temas: desde los descubrimientos científicos hasta la presencia en la política; desde la relectura enriquecida por las miradas históricas más recientes sobre las doctoras de la Iglesia, como Teresa de Ávila e Hildegarda de Bingen, hasta el derecho canónico; desde los dones femeninos específicos que brotaron del Evangelio a las acciones de pacificación en el mundo a las demandas de las mujeres consagradas en la Iglesia de hoy.

En cada edición se ha dedicado espacio a la meditación sobre los textos del Evangelio, editados por las hermanas de la comunidad monástica de Bose, y a la exégesis bíblica por parte de estudiosos, incluso no católicos. De estas propuestas nacieron tres libros sobre las mujeres del Antiguo Testamento, sobre las mujeres de los Evangelios y sobre las mujeres de San Pablo, editados por Nuria Calduch Benages y publicados también en español.

Nuestro equipo editorial, que se reunía anualmente para un retiro espiritual de tres días en el monasterio de Bose, trabajó como un laboratorio intelectual e interior, atento a escuchar y acoger lo que los lectores nos hacían llegar como un espacio fecundo y para investigar la realidad, convencidas, como usted, de que la realidad es superior a las ideologías, como punto de partida para abrir nuevas vías de diálogo.

Y estábamos listas para caminar incluso por caminos inexplorados. Particularmente rica e interesante fue la profundización de la relación con las mujeres musulmanas, que fue acompañada por el redescubrimiento de una densa presencia femenina en la antigua tradición islámica, hoy casi ignorada.

Muchas veces nos hemos sentido como mineros que descubrieron hilos de metales preciosos y los llevaron a la luz y al conocimiento de todos: una verdadera riqueza humana y universal, y en este sentido “católica”.

Por supuesto, entre las muchas cartas que hemos recibido de lectores, incluidas numerosas mujeres consagradas, también han surgido casos y experiencias dolorosas que nos han llenado de indignación y sufrimiento. Como usted bien sabe, no fuimos los primeros en hablar, como quizás deberíamos haberlo hecho, de las graves denuncias de explotación a las que han sido y son sometidas muchas mujeres consagradas (tanto en la servidumbre como en el abuso sexual), pero lo hemos dicho después. Los hechos habían surgido, también gracias a muchos medios de comunicación. Ya no podíamos guardar silencio: la confianza que tantas mujeres habían depositado en nosotras se habría visto gravemente herida.

Ahora nos parece que una iniciativa vital se reduce al silencio y que volvemos a la costumbre anticuada y árida de elegir desde arriba, bajo el control directo del hombre, de mujeres consideradas confiables. De esta manera, se descarta un trabajo positivo y el comienzo de una relación franca y sincera, una ocasión de parresía, para volver a la autorreferencialidad clerical. Justo cuando este camino es denunciado por usted como infértil.

Santo Padre, a usted y a su predecesor les debemos la gratitud por estos siete años de trabajo apasionado que, estamos seguros de ello, ha contribuido, aunque en pequeña medida, a dar conciencia, pensamiento y alma a la Iglesia en el mundo. Porque como leemos en su exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’, las mujeres “le hacen a la Iglesia preguntas profundas que la desafían y que no se pueden evadir fácilmente” (104).

Lucetta Scaraffia

Y esta es la nota que en respuesta ha publicado el director de L'Osservatore Romano, Andrea Monda, divulgada directamente por la Oficina de Prensa de la Santa Sede (nuestra traducción).

Tomo nota de la libre decisión y autónoma de la Profesora Scaraffia de interrumpir la colaboración con “L’Osservatore Romano”, y de considerar cerrada su dirección de “Donne Chiesa Mondo”.

A Ella, junto con los buenos deseos de todos, va nuestro sincero agradecimiento, por el precioso trabajo realizado en estos años con gran compromiso y en plena libertad.

En estos pocos meses transcurridos desde que fui nombrado Director, he garantizado a la Profesora Scaraffia y al grupo de mujeres de la redacción, la misma total autonomía y la misma total libertad que han caracterizado el inserto mensual desde cuando nació, absteniéndose de interferir de cualquier modo sobre la factura del suplemento mensual del periódico y limitándome a ofrecer mi debida contribución (en la sugerencia de temas y personas que eventualmente se involucren) a la libre valoración de la Profesora Scaraffia y de la redacción del suplemento.

Mi compromiso no fue de ninguna manera debilitar el mensual “Donne Chiesa Mondo”, al cual el presupuesto se le confirmó integralmente y se garantizó la traducción y difusión en otros países a pesar de la necesidad general de contener los costos de Curia.

Mi compromiso ha sido y sigue siendo el fortalecimiento de la edición diaria de “L’Osservatore Romano” (ciertamente no en términos de competitividad sino de complementariedad con el suplemento) como es natural y justo que [así] sea.

De ningún modo he seleccionado a alguien, hombre o mujer, con el criterio de obediencia. En todo caso, por el contrario, evitando interferir con el suplemento mensual, he solicitado en la factura del periódico diario comparaciones realmente libres, no basadas en el mecanismo de unos contra otros o de grupos cerrados. Y lo he hecho justo en el signo de la apertura y de la “parresia” pedida por el Papa Francisco, en cuyas palabras y en cuyo magisterio todos nos reconocemos.

Si, sobre la base de la actualidad eclesial y cultural, he dedicado atención a temas como el de la pluralidad y la diferencia en el mundo de la Iglesia, esto se deriva únicamente de la centralidad que estos temas, gracias al papel de la mujer, han adquirido.

A partir del próximo lunes 1 de abril —solo para dar un ejemplo— se llevará a cabo una mesa redonda en las oficinas de la redacción a partir de la publicación del ensayo, firmado por 17 renombrados teólogos y académicos, “La voz de las mujeres” [“La voce delle donne” ] (Ed. Paoline).

En cuanto al futuro del suplemento mensual de “L’Osservatore Romano”, puedo asegurar que eso no estaba en discusión. Y que entonces su historia no se interrumpe sino que continúa. Sin clericalismos de ningún género.