Friday, February 01, 2019

Érase una vez en Argentina un jesuita de derecha...

Jamás he sido de derechas [non sono mai stato di destra]

Francisco
Entrevista con Antonio Spadaro
La Civiltà Cattolica, Quaderno 3918, pags. 449-477,
Anno 2013, Vol. III


Este es un artículo del periódico La Verità, Ene-31-2019. Traducción de Secretum Meum Mihi.

El impactante libro sobre el pasado del Papa
«Cuando Bergoglio era de derecha»

Retrato inédito de Francisco en el ensayo póstumo de Emidio Novi, recientemente fallecido. Para el senador, el entonces cardenal era un peronista, afiliado a la Guardia de hierro. Caído el régimen, se desvió súbitamente a la izquierda.

de MARCELLO VENEZIANI

Había una vez en Argentina un jesuita, Jorge Mario Bergoglio, que estaba en contra de la teología de la liberación, cercano del castrismo y en los años setenta adherente de la Guardia de hierro, una organización peronista, de molde nacionalista, católica, ferozmente anticomunista. En aquellos años, a quienes le hacían notar que la organización a la que se adhirió se refería a la Guardia de Hierro, el movimiento rumano del comandante Corneliu Zelea Codreanu, nacionalista y fascista, Bergoglio replicaba: «Mejor así». De su cercanía a la Guardia de hierro, habló después de su elección el periódico argentino Clarín, mientras que en Buenos Aires aparecían carteles que recordaban al Bergoglio peronista. Para el registro, la Guardia de hierro era un movimiento de legionarios, muy popular en Rumania en los años treinta, considerado antisemita y filonazista, del cual se enamoraron muchos, no solo en Rumania. Uno de ellos fue Indro Montanelli, que publicó en Corriere della Sera una serie de entusiastas informes llenos de admiración por Codreanu, en el verano de 1940, después de la guerra, niega su tesis póstuma de que después de 1938 ya se había convertido al antifascismo. Textos recientemente republicados, Del corresponsal de guerra: el escuadrón rumano [“Da inviato di guerra: lo squadrismo rumeno”, original italiano. N. de T.] (ediciones Ar). Evidentemente, también en la Argentina de Perón, el mito de Codreanu, bárbaramente asesinado, y de su integralismo cristiano, había prosélitos. En 1974, después de la muerte de Juan Domingo Perón, el movimiento legionario se disolvió. Era un grupo de 3.500 militantes y 15.000 activistas. Se oponían a los guerrilleros de izquierda, peronistas infiltrados por los castristas, seguidores del Che Guevara; eran, por así decirlo, el ala de extrema derecha del justicialismo. El grupo de la Guardia de hierro fue fundado por Alejandro Gallego Álvarez. Era un movimiento que tenía mucho que ver con la formación cultural de sus militantes y con la presencia entre los desposeídos y los últimos.

A Bergoglio entonces se le encomendó una institución en dificultad, la Universidad del Salvador. Bergoglio la curó y la confió a dos excamaradas de la Guardia de hierro, Francisco José Pinón y Walter Romero. En esos años, Bergoglio era adversario declarado de los jesuitas de izquierda desde posiciones nacionalistas y populistas. Su aversión a la teología de la liberación le procuró la acusación de silencio [omertà, lit. italiano. N.de T.] de parte del Premio Nobel Pérez Esquivel y luego de colaboracionismo con la dictadura de los generales argentinos, desde 1976 hasta 1983. El histórico Osvaldo Bayer declaró a los periódicos «Para nosotros es una amarga derrota que Bergoglio se haya convertido en Papa» y Orlando Yorio, uno de los jesuitas filocastristas capturados y torturados por los servicios secretos del régimen militar, acusaría:«Bergoglio nunca nos advirtió del peligro que corríamos. Estoy seguro de que él mismo les dio a los marineros la lista con nuestros nombres». Solo después de la caída de la dictadura militar, Bergoglio comenzó a tomar distancia del peronismo nacionalista.

He traído fielmente esta reconstrucción de las páginas del libro de Emidio Novi, La riscossa populista [“La venganza populista”], recién publicado por ediciones Controcorrente. Novi sostiene que la deriva progresista y globalista de Francisco nace de este pasado eliminado. Según Novi, «el papa Bergoglio quiere hacerse perdonar su pasado “fascista” que duró hasta 1980». Por esta razón no pierde ocasión de complacer lo políticamente correcto [lit. politically correct], el partido progresista de la acogida, el antinacionalismo radical. Novi, periodista desde hace mucho tiempo y senador de Forza Italia, murió el pasado 24 de agosto cuando fue atropellado por un camión de basura en reversa mientras se encontraba en su ciudad natal, Sant'Agata di Puglia. Su libro salió póstumamente, con un prefacio de Amedeo Laboccetta y editado por su hijo, Vittorio Alfredo. Novi se definía como populista desde hace ya décadas antes de que surgiera la ola populista en Italia. Era populista al cubo, porque provenía del ala más «movimentista» de la Msi inspirada por el fascismo social: luego porque provenía del Sur y de Nápoles, y era un auténtico intérprete del antiguo populismo meridional, entre el levantamiento populista y el nostalgia borbónica; y finalmente era populista porque consideraba la oligarquía financiera, la dictadura de los banqueros y los eurócratas, el principal enemigo de los pueblos en el presente. Por esta razón, amaba definirsese a sí mismo nacionalista y soberanista ante litteram.

En este su último libro, Novi se ocupa en más páginas del «papulismo» de Bergoglio, de su teología «improvisada y facilona», de su rendición al islam, de su obsesión migracionista hasta el punto de definir a Jesús, la Virgen y San José como Familia de inmigrantes clandestinos que huyen. Lo considera «un instrumento del Anticristo», funcional ya para el progresismo radical de la acogida tanto como para el globalismo laicista de las finanzas, mezclando el antiguo tercermundismo, el internacionalismo socialista con el diseño global que quiere nómadas, sin raíces, sin patria y sin fronteras.

Pero de su pasado argentino, en tiempos de Perón, del justicialismo y luego de la dictadura militar, Bergoglio prefiere no hablar. También los extrovertidos a veces callan.