Monday, November 19, 2018

“Desatinos Vaticanos”, editorial de The New York Post


Sobre el bloqueo ejercitado por el Vaticano la semana pasada con respecto a la intención de los obispos de los Estados Unidos para crear una comisión independiente que investigue los casos sobre el abuso sexual, se escribió bastante este fin de semana en diferentes medios. La siguiente no es una opinión ni una columna como cualquier otra, se trata del editorial del periódico The New York Post, Nov-18-2019, pág. 42 (en la foto, click para ampliar). Traducción de Secretum Meum Mihi.

Desatinos Vaticanos

Oramos para que el Vaticano no se haya dado cuenta del golpe que infligieron a la fe de los Católicos estadounidenses la semana pasada. Su orden tajante y abrupta a los obispos de Estados Unidos —una directiva para postergar por meses cualquier voto sobre sus nuevos protocolos planeados contra el abuso— amenaza con profundizar las divisiones dentro de la iglesia.


Desastrosamente.

Como Sohrab Ahmari resumió hábilmente para The New York Post, la Conferencia de Obispos Católicos de los EE. UU. estaba dispuesta a votar sobre medidas para cerrar las lagunas clave en las reformas contra el abuso aprobadas en 2002: Específicamente, los obispos tenían la intención de garantizar que ellos mismos pudieran ser responsables.

Este era un paso audaz y vital en vista de las recientes revelaciones, desde el informe de Pensilvania hasta los escándalos que rodean al ahora ex cardenal Theodore McCarrick. Los católicos que habían resistido más de una década de noticias espantosas de abuso habían empezado a preguntarse si la iglesia de los Estados Unidos (al menos) era capaz de limpiar su propia casa.

Además de las acusaciones del arzobispo Carlo Maria Viganò, el ex enviado del Vaticano a EE.UU., el más extremo de los cuales es una afirmación de que una alta camarilla dentro del Vaticano se opone a todos los esfuerzos para llegar al fondo de los escándalos de abuso.

El repentino movimiento del Vaticano para detener un importante paso contra el abuso parece confirmar esa acusación. Especialmente cuando se trata de un papa que ha enfatizado la “sinodalidad” o ha dado más voz a varios obispos en el gobierno de la iglesia.

La orden de la Curia tenía oficialmente dos razones: 1) las propuestas de los [obispos de] Estados Unidos no se ajustan a la ley canónica, y 2) el Papa Francisco convocó a un cónclave global en Febrero para abordar los escándalos de abuso a nivel mundial, y el Vaticano no quiere que las jerarquías nacionales tomen grandes pasos antes de esa reunión.

Esto puede ser completamente cierto, pero no justifica remotamente desechar la demanda de los obispos estadounidenses en el último minuto, sin notificación o diplomacia.

El cardenal Daniel DiNardo, presidente de la conferencia [episcopal] de Estados Unidos, se mostró visiblemente conmovido cuando compartió la noticia con sus hermanos, dejando claro que la falta de voto fue “por insistencia de la Santa Sede”.

El Papa Francisco tiene motivos para desconfiar de los estadounidenses: Parte de la resistencia más venenosa a sus esfuerzos por cambiar el tono de la iglesia proviene de los tradicionalistas estadounidenses. Pero también es cierto que regularmente se ha equivocado al responder a las crisis de abuso en múltiples, muy diferentes naciones.

Luego, también, los obispos estadounidenses deben tratar con rebaños que viven en un ciclo de noticias 24/7, un ritmo aún extraño para la Ciudad del Vaticano. Además, son mucho más propensos que el pontífice para ver que las butacas [de los templos] se están vaciando y que las filas para los sacramentos se están acortando.

La creencia de que la iglesia estaba siendo dirigida en beneficio venal de la jerarquía, y no por el bien de la fe, fue fundamental para la gran rebelión de Martín Lutero. Es casi inconcebible que la iglesia pudiera ver una división que rivalice con la Reforma Protestante, pero es más concebible de lo que era hace una semana.