Monday, July 16, 2018

¿Pueden las enseñanzas de la encíclica Humanæ Vitæ ser cambiadas?


Este es un artículo de National Catholic Register, Jul-13-2018. Traducción de Secretum Meum Mihi.

VATICANO | 13 DE JULIO DE 2018
¿Pueden cambiar las enseñanzas de Humanae Vitae?

Los analistas que hablaron con National Catholic Register hicieron énfasis en que cualquier reinterpretación debe estar en completa continuidad doctrinal con el mensaje contracultural de Paulo VI.

Edward Pentin

A medida que aumentan las especulaciones sobre una posible revisión o reinterpretación de la histórica encíclica Humanae Vitae del Beato Paulo VI para que coincida con su 50 ° aniversario el 25 de Julio, ¿qué tipo de cambios, si los hubiera, serían permisibles?

Publicada en 1968, Humanae Vitae reafirmó la prohibición de la Iglesia de la anticoncepción, aprobó métodos naturales de planificación familiar (PFN) y desarrolló la enseñanza de la Iglesia para enfatizar dos significados esenciales del acto conyugal: el unitivo y el procreativo, que están “inseparablemente conectados” cada uno al otro.

Causó sensación cuando fue publicada. Inmediatamente después de la revolución sexual —cuando gran parte del mundo había aceptado el control de la natalidad— y después de un estudio de cinco años por una comisión pontificia cuya mayoría había aconsejado a Paulo VI que aprobara la anticoncepción artificial, la reafirmación de Paulo VI de que el uso de anticonceptivos es “intrínsecamente erróneo” la convirtió en una de las encíclicas más controvertidas en la historia de la Iglesia.

Muchos católicos, especialmente en el movimiento pro-vida, han mantenido durante mucho tiempo a Humanae Vitae como profética. Han basado su opinión en el hecho de que la aceptación generalizada del control de la natalidad ha separado los significados unitivo y procreativo de las relaciones sexuales, llevando a una trivialización de las relaciones sexuales que, a su vez, ha resultado en la promiscuidad, el aborto extendido y la llegada del “matrimonio” entre personas del mismo sexo que ocurrió en el contexto de la rápida normalización del comportamiento homosexual en las naciones occidentales.

A pesar de esto, han surgido preocupaciones en los últimos meses de que algunos funcionarios del Vaticano puedan intentar socavar las enseñanzas de la encíclica, empujadas por aquellos que desde hace mucho han disentido de la encíclica.

Han surgido varios ejemplos de aparente presión para revisar o reinterpretar el documento, que van desde el nombramiento de disidentes públicos y manifiestos de la encíclica en la Academia Pontificia para la Vida y una comisión secreta del Vaticano encargada de hacer una evaluación histórico-crítica de la encíclica, hasta los comentarios del Papa elogiando al prominente oponente de Humanae Vitae Bernard Häring, y una campaña en el periódico de los obispos italianos Avvenire para suavizar las enseñanzas del documento.

En junio, el editor en jefe de Avvenire, Luciano Moia —un importante defensor de la reinterpretación de la encíclica— publicó lo que llamó 10 puntos “incómodos” para reflexionar. Estos incluyen la afirmación de que Paulo VI decidió no declarar infalible Humanae Vitae; que la “gran mayoría” de parejas “practicantes” (que él estima es 90% -95%) ya no usa “métodos naturales” de planificación familiar por varias razones; y que los cuestionarios de los dos últimos Sínodos sobre la familia mostraron que “el problema de la anticoncepción tiene cada vez menos relevancia ética”.

Moia también declaró en su primer punto que el quid de la encíclica era la “relación indisoluble entre el amor conyugal y la fecundidad”. Aunque la declaración es cierta, los defensores acérrimos de la encíclica dicen que el principio de inseparabilidad no se trata de la conexión indisoluble entre el amor conyugal y fecundidad, sino en cambio entre los actos sexuales maritales abiertos a la creación de una nueva vida humana.

“La encíclica no habla sobre el amor conyugal aquí, sino sobre los actos maritales”, dijo Stephan Kampowski, profesor de antropología filosófica en el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II en Roma. “Esto es crucial”, dijo, citando Humanae Vitae, 14, que enfatiza el “significado unitivo y el significado procreativo que son ambos inherentes al acto matrimonial”, y que “el hombre por iniciativa propia no puede romper”.

La lista de Moia fue tuiteada el 24 de junio por Mons. Gilfredo Marengo, el coordinador de la comisión del Vaticano que examina la encíclica, con las palabras: “Hacia los 50 años de Humanae Vitae, un útil status quaestionis (estado de investigación)”. Sin embargo, no está claro si apoyaba o no los puntos de Moia.

Oportunidad de enseñanza

La persistencia de la disidencia generalizada de Humanae Vitae no es nada nuevo. Inmediatamente después de su publicación, el 25 de julio de 1968, muchos clérigos y académicos rechazaron abiertamente sus enseñanzas, lo que resultó en que gran parte de su doctrina fundamentalmente importante nunca fue enseñada adecuadamente.

Teólogos contactados a fines de junio por National Catholic Register creen que el cambio más bienvenido y aceptable en su cincuentenario sería que la encíclica se enseñara eficazmente, empezando por los obispos y los sacerdotes.

“Muchos obispos, como muchos sacerdotes y otros en tiempos de la Humanae Vitae y desde entonces, quizás nunca leyeron el texto de la encíclica completa o atentamente o a menudo no lo entienden”, dijo el padre George Woodall, profesor de teología moral en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum en Roma. También dijo que “demasiados” obispos y sacerdotes fueron “abandonados ‘en el mar’ y nunca recibieron una explicación benévola” para los contenidos de la encíclica, “o se dejaron arrastrar por la presión de los medios de comunicación y de la opinión pública”.

Kampowski hizo eco de esta opinión, quien cree que “la más grande necesidad de desarrollo con respecto al mensaje de Humanae Vitae reside en enseñarlo repetidas veces y con confianza”.

El profesor alemán señaló que el argumento utilizado por algunos para revertir, o como ellos le dicen “desarrollar”, la enseñanza central de la encíclica, puntualmente su afirmación de que sólo unos pocos católicos la siguen, sería un “argumento admisible” solo si hubiera sido “realmente intentado enseñarlo y [haber] fallado”.

Kampowski dijo que en los “pocos lugares” donde se ha enseñado correctamente la encíclica, los frutos espirituales han sido “abundantes”. Citó como ejemplos el Camino Neocatecumenal y otros movimientos eclesiales, así como algunas “parroquias florecientes”, particularmente en el Estados Unidos. En contraste, señaló que donde su enseñanza ha sido “ignorada”, el daño espiritual ha sido “rampante”, haciendo referencia a su Alemania natal como una nación de “bancas vacíos”, en donde los obispos estuvieron entre los “primeros en rechazar la encíclica de Paulo VI”.

Para el Padre Woodall, los elementos particulares podrían ser mejor enseñados, como el hecho de que la encíclica no condenó solo la anticoncepción “artificial”, sino también cualquier acto que pueda “operar de tal manera que la procreación pueda ser impedida”. Dijo que la palabra “artificial” había sido mal traducida del latín, mientras que la palabra “deliberadamente” sería una interpretación más correcta.

El profesor Josef Seifert, presidente de la recién fundada Academia Juan Pablo II para la Vida Humana y la Familia, cree que sería “permisible y bueno” explicar más lo que Humanae Vitae quiere decir con “la apertura generosa a la nueva vida”. Dijo que una “actitud parental normal” debería significar “dejarle totalmente a Dios cuántos hijos quiere darnos”.

En Humanae Vitae, Paulo VI permitió el uso de la planificación familiar natural si “hay motivos serios para espaciar los nacimientos, que se derivan de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de las condiciones externas” (16). Bajo el pontificado de Juan Pablo II, las “razones justas” para la PFN se explicaban bajo el principio de que la generosidad, no el egoísmo, motiva el comportamiento de la pareja en la búsqueda de una paternidad responsable.

Sin cambio doctrinal

Todos los eruditos contactados descartaron que la doctrina pudiera ser alguna vez alterada.

“La doctrina que ha sido proclamada definitivamente no puede cambiarse en el sentido de negar o contradecir lo que se ha enseñado, o al afirmar lo que es incompatible con tal verdad”, dijo el Padre Woodall. Si hubiera un “desarrollo auténtico de la doctrina”, agregó, “esto no impondría ni implicaría ninguna de estas posibilidades, sino que profundizaría algún punto particular de la doctrina anterior, manteniendo intacta esa doctrina”.

Aquellos que sugieren tal desarrollo estarían obligados a mostrar que lo que sea que propusieran no violaba este principio y era compatible con la “doctrina definitiva constante”.

Alguien que fracasó en este aspecto, señaló Seifert, fue el padre Maurizio Chiodi, un nuevo miembro de la Academia Pontificia para la Vida, quien recientemente negó que la anticoncepción es un acto intrínsecamente perverso y argumentó que es una obligación de algunas parejas anticoncebir “por el bien de la responsabilidad”.

Al padre Chiodi, un profesor de teología moral en la Universidad del Norte de Italia en Milán, se le pidió que comentara para este artículo, pero declinó.

La tesis del padre Chiodi, que se basó en la exhortación apostólica del Papa sobre la familia, Amoris Laetitia (La alegría del amor), era “totalmente inadmisible y una ruptura radical con la enseñanza de la Iglesia”, sostuvo Seifert.

“Si el Papa aceptara estos cambios, aceptaría un error ético total y una gran herejía”, dijo. “Cualquier Católico debe rezar para que el Papa rechace este ‘nuevo paradigma’ que no es otra cosa que un viejo error ético y la misma destrucción de la enseñanza morales de la Iglesia”.

Un ejemplo de desarrollo o explicación aceptable de la doctrina, dijo Seifert, sería mostrar que separar los significados procreativo y unitivo del acto conyugal no es la única razón por la cual la anticoncepción es incorrecta; deben desarrollarse otras razones que demuestren su inmoralidad.

Dijo Seifert: “Esto no cambiaría las enseñanzas de Humanae Vitae, y menos incluso un cambio de la verdad eterna que proclama, sino una complementación y un complimiento de su argumentación a favor de la verdad inviolable de que la anticoncepción es intrínsecamente errónea”.

Padre Gahl

“A pesar del gran esfuerzo por parte de los últimos tres papas, Humanae Vitae continúa siendo malentendida y menospreciada”, dijo a National Catholic Register el Padre del Opus Dei Robert Gahl, profesor asociado de ética en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma. “De acuerdo con sus predecesores, incluidos San Juan Pablo II y Benedicto XVI, el Papa Francisco quiere que la verdad plenamente encontrada en la Persona de Jesucristo brille en la vida de los cristianos comunes y lo haga con alegría y regocijo”.

Abordando la cuestión de qué nuevos conocimientos podrían extraerse aceptablemente de la encíclica, el Padre Gahl señaló: “La enseñanza de la Iglesia siempre debe respetar y confirmar la verdad sobre el amor conyugal como ese tipo de amistad que está intrínsecamente abierta a una nueva vida. Pero nuevas explicaciones y nuevos programas pastorales pueden desarrollar la doctrina, no cambiándola, sino clarificándola, y ofreciendo nuevos caminos para conformarse con esa misma doctrina”.

Continúa el Padre Gahl, “Una de las áreas de tal desarrollo pastoral reciente es la práctica de la conciencia de la fertilidad según la cual, en plena concordancia con la encíclica profética del Beato Paulo VI y la teología del cuerpo de San Juan Pablo II, la pareja expresa su capacidad de dar la vida de una manera más consciente y humana”.

Mientras el padre Gahl reconoce que muchos católicos no están siguiendo las enseñanzas de la encíclica sobre la inmoralidad de la anticoncepción, insiste en que esto no es razón para dejar de proclamar su mensaje de afirmación de la vida.

“La falta de aprecio por la belleza de la enseñanza moral de la Iglesia es ciertamente un desafío para todos los que tienen responsabilidades pastorales en la Iglesia”, dijo. “El objeto mismo de la fe Cristiana es la Revelación divina, tal como es transmitida por la Tradición de la Iglesia”.

“La fe cristiana no está determinada por el voto popular”, dijo, “y si hubiera tal votación, como alguna vez comentó Benedicto, los santos en el cielo también deben ser contados entre los electores”.

Edward Pentin es el corresponsal en Roma de National Catholic Register.