Monday, June 18, 2018

Texto completo de discurso improvisado de Francisco en la Audiencia a la Delegación del Foro de Asociaciones Familiares, Jun-16-2018


Transcribimos el texto completo en español, como lo publica el boletín diario de la Oficina de prensa, del discurso improvisado que pronunció Francisco en la Audiencia a la Delegación del Foro de Asociaciones Familiares, Jun-16-2018, y al cual dedicamos en su momento una entrada.

Buenos días a todos,

Pensaba que sería un discurso de bienvenida... Pero al escuchar a Gianluigi vi que allí había fuego, había mística. Es algo grandioso: desde hace tiempo no oía hablar de la familia con tanta pasión. ¡Y se necesita valentía para hacerlo hoy! Se necesita valentía. Y por eso, ¡gracias! Había preparado un discurso, pero después del calor con que habló él, lo encuentro frío. Lo doy para que él lo distribuya después y luego lo publicaré.

Mientras él hablaba, me vinieron a la mente y al corazón muchas cosas, muchas cosas sobre la familia, cosas que no se dicen, que no se dicen normalmente o, si se dicen, se dicen de forma bien educada, como si la familia fuera una escuela. .. Él ha hablado de corazón, y todos vosotros queréis hablar así. Tomaré algo de lo que él ha dicho, y a mí también me gustaría hablar de corazón, y decir lo que me salía del corazón mientras hablaba.

Él ha usado la frase: "mirarse a los ojos". El hombre y la mujer, el esposo y la esposa se miran a los ojos. Cuento una anécdota. Me gusta saludar a las parejas que celebran sus cincuenta años, sus veinticinco años de matrimonio; también cuando vienen a misa a Santa Marta. Una vez, hubo una pareja que celebraba los sesenta años. Pero eran jóvenes, porque se habían casado ​​a los dieciocho años, como en aquella época. En aquella época uno se casaba joven. Hoy, para que se case un hijo... ¡pobres madres! Pero la receta es clara: no les planchéis las camisas, así se casará pronto ¿o no? Me encuentro con esta pareja, y me miran... Dije: "¡Sesenta años! ¿Pero todavía tenéis el mismo amor? ". Y ellos, que me miraban, se miraron, luego volvieron a mirarme, y vi que tenían los ojos húmedos. Y ambos me dijeron: "Estamos enamorados". Nunca lo olvido "Después de sesenta años, estamos enamorados". El calor de la familia que crece, el amor que no es un amor de novela. Es un amor verdadero Estar enamorados toda la vida, con tantos problemas que están ahí... Pero estar enamorados.

Luego, otra cosa que pregunto a los cónyuges, que celebran los cincuenta o los sesenta años: "¿Quién de vosotros ha tenido más paciencia?". Es matemático; la respuesta es: "Los dos". ¡Es hermoso! Esto indica una vida en común, una vida de dos. Esa paciencia de soportarse mutuamente.

Y luego, a los recién casados ​​que me dicen: "Estamos casados ​​desde hace un mes, dos meses...", la pregunta que hago es: "¿Habéis reñido?". Generalmente dicen: "Sí". "Ah, está bien, esto es importante. Pero también es importante no terminar el día sin hacer las paces”. Por favor, enseñad esto: Es normal que discuta, porque somos personas libres, y si hay algún problema, hay que aclararlo. Pero no terminéis el día sin hacer las paces. ¿Por qué? Porque la "guerra fría" del día siguiente es muy peligrosa.

Con estas tres anécdotas, quería introducir lo que me gustaría deciros. La vida familiar: es un sacrificio, pero es un buen sacrificio. El amor es como hacer pasta: todos los días. El amor en el matrimonio es un desafío, para el hombre y para la mujer. ¿Cuál es el mayor desafío del hombre? Hacer más mujer a su esposa. Más mujer Que crezca como mujer. ¿Y cuál es el desafío de la mujer? Hacer que su marido sea más hombre. Y entonces ambos avanzan. Siguen adelante.

Otra cosa que ayuda mucho a la vida matrimonial es la paciencia: saber esperar. Esperar. En la vida hay situaciones de crisis (crisis fuertes, crisis negativas) en las que incluso se llega a la infidelidad. Cuando el problema no se puede resolver en ese momento, se necesita esa paciencia del amor que espera, que espera. Tantas mujeres -porque es más propio de la mujer que del hombre, pero también el hombre lo hace a veces- muchas mujeres en silencio han esperado, mirando hacia otro lado, esperando que el marido regresase a la fidelidad. Y esto es santidad La santidad que perdona todo, porque ama. La paciencia. Mucha paciencia, el uno con el otro. Si uno está nervioso y grita, no respondas con otro grito... Cállate, deja pasar la tormenta y luego, en el momento adecuado, habla.

Hay tres palabras que son palabras mágicas, pero palabras importantes en el matrimonio. Antes que nada, "Permiso": No ser prepotente con el otro. "¿Puedo?" .Ese respeto del uno por el otro. Segunda palabra: "Perdona". Disculparse es algo que es tan importante, ¡es tan importante! Todos nos equivocamos en la vida, todos. "Perdona, hice esto...", "Perdona, me he olvidado..." Y esto ayuda a seguir. Ayuda a continuar con la familia, la capacidad de disculparse. Es verdad, disculparse siempre implica un poco de vergüenza, ¡pero es una vergüenza santa! "Perdona, me he olvidado..." Es algo que ayuda mucho a ir adelante. Y la tercera palabra: "Gracias". Tener la grandeza de corazón para agradecer siempre.

Luego hablaste de Amoris laetitia y dijiste: "Aquí Amoris laetitia se hace carne". Me gusta escucharlo: Leed, leed el cuarto capítulo. El cuarto capítulo es el núcleo de Amoris laetitia. Es precisamente la espiritualidad diaria de la familia. Algunos han reducido Amoris laetitia a una casuística estéril del "se puede, no se puede”. ". ¡No han entendido nada! Además, en Amoris laetitia, no se ocultan los problemas, los problemas de la preparación para el matrimonio. Vosotros ayudáis a los novios a prepararse: Hay que decir las cosas claras, ¿no? Claras. Una vez, en Buenos Aires, una mujer me dijo, "Pero vosotros los sacerdotes sois muy listos..." - "¿Por qué?" - "Para ser sacerdote, estudiáis ocho años, os preparáis durante ocho años. Y luego, si después de unos años no funciona, escribís una carta bonita a Roma y en Roma te dan permiso, y puedes casarte. En cambio, nosotros, a los que nos dan un Sacramento de por vida, tenemos que contentarnos con tres o cuatro conferencias preparatorias. No es justo”. Y esa mujer tenía razón. Prepararse para el matrimonio: sí, se necesitan conferencias, cosas que expliquen, pero se necesitan hombres y mujeres, amigos, que hablen con ellos y les ayuden a madurar, a madurar en el camino. Y podemos decir que hoy en día existe la necesidad de un catecumenado para el matrimonio, como un catecumenado para el Bautismo. Preparar, ayudar a prepararse para el matrimonio.

Después, otro problema que vemos en Amoris Laetitia es la educación de los hijos. No es fácil educar a los hijos. ¡Hoy los niños son más listos que nosotros! En el mundo virtual, saben más que nosotros. Pero debemos educarlos a la comunidad, educarlos a la vida familiar. Educarlos a sacrificarse el uno por el otro. No es fácil educar a los hijos. Son grandes problemas. Y vosotros, que amáis la familia, podéis ayudar tanto a las otras familias. ¡La familia es una aventura, una bella aventura! Y hoy, con dolor, lo digo, vemos que muchas veces se piensa en formar una familia y en el matrimonio como si fuera una lotería: "Vamos. Si funciona, funciona. Si no funciona, lo dejamos y comenzamos de nuevo". Esta superficialidad en el mayor don que Dios ha dado a la humanidad: la familia. Porque, después de la historia de la creación del hombre, Dios muestra que creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. Y el mismo Jesús, cuando habla de matrimonio, dice: "El hombre dejará a su padre y a su madre y con su esposa se convertirán en una sola carne". Porque son imagen y semejanza de Dios. Vosotros sois un icono de Dios: la familia es un icono de Dios. El hombre y la mujer: precisamente la imagen de Dios. Lo dijo Él, no lo digo yo. Y esto es grande, es sagrado.

Además hoy - duele decirlo – se habla de familias "diversificadas": diferentes tipos de familias. Sí, es cierto que la palabra "familia" es una palabra analógica, porque hablamos de la "familia" de las estrellas, de las "familias" de los árboles, de las "familias" de los animales... es una palabra analógica. Pero la familia humana como imagen de Dios, hombre y mujer, es solo una. Es solo una. Puede ser que un hombre y una mujer no sean creyentes; pero si se aman y se unen en matrimonio, son imagen y semejanza de Dios, aunque no crean. Es un misterio: San Pablo lo llama "gran misterio", "gran sacramento" (véase Efe 5,32). Un verdadero misterio. Me gusta todo lo que has dicho y la pasión con la que lo dijiste. Y así hay que hablar de la familia, con pasión.

Una vez, creo que hace un año, llamé a un pariente mío que se iba a casar. Tenía cuarenta años. Al final le dije: "Dime: ¿En qué iglesia te casas?" - "Todavía no sabemos por qué estamos buscando una iglesia que combine con el vestido que llevará... - y dijo el nombre de la novia - y luego tenemos el problema del restaurante... ". Pero piensa... Lo importante era eso. Cuando lo secundario toma el lugar de lo que es importante. Lo importante es amarse unos a otros, recibir el sacramento, continuar...; y luego haz todas las fiestas que quieras, todas.

Hace tiempo conocí a dos parejas casadas desde hacía diez años, sin hijos. Es muy delicado hablar de esto, porque muchas veces se quiere tener hijos pero no llegan, ¿verdad? No sabía cómo tratar el tema. Luego supe que no querían tener niños. Pero estas personas en casa tenían tres perros, dos gatos... Es agradable tener un perro, un gato, es lindo ... O a veces cuando oyes que dicen, "Sí, sí, pero hijos todavía no porque tenemos que comprar un casa en el campo, viajar ... ". Los hijos son el mejor regalo. Los hijos que se reciben tal y como vienen, tal como Dios los manda, como Dios lo permite, incluso si a veces están enfermos. He oído decir que está de moda, o al menos es habitual, en los primeros meses de embarazo hacer determinadas ciertas pruebas, para ver si el niño no está bien o tiene algún problema ... La primera propuesta en ese caso es: "¿Lo quitamos? ". El homicidio de los niños. Y para llevar una vida tranquila, se elimina a un inocente.

Cuando era niño, la maestra nos enseñaba historia y nos decía lo que hacían los espartanos cuando nacía un niño con malformaciones: lo llevaban a la montaña y lo arrojaban desde allí, para mantener "la pureza de la raza". Y nos quedamos atónitos: "¿Pero cómo se puede hacer esto, pobres niños?" Era una atrocidad. Hoy hacemos lo mismo. ¿Os habéis preguntado por qué casi no se ven enanos por la calle? Debido a que el protocolo de muchos médicos, muchos, no todos, es hacer la pregunta: "¿Se presenta mal?" Lo digo con pesar. En el siglo pasado, todo el mundo se escandalizó por lo que hicieron los nazis para mantener la pureza de la raza. Hoy hacemos lo mismo, pero con guantes blancos.

Familia, amor, paciencia, alegría y perder el tiempo en la familia. Tú has hablado de algo malo: que no hay posibilidad de "perder el tiempo", porque para ganar dinero hoy hay que tener dos empleos, porque no se tiene en cuenta a la familia. También hablaste de jóvenes que no pueden casarse porque no hay trabajo. La familia está amenazada por la falta de trabajo.

Y me gustaría terminar con un consejo que una vez me dio un profesor, -nos lo dio en la escuela, un profesor de Filosofía, el decano. Yo estaba en el seminario, en la etapa de filosofía. Era el tema de la madurez humana, en Filosofía estudiamos eso. Y él dijo: "¿Qué es un criterio cotidiano para saber si un hombre, si un sacerdote es maduro?". Respondíamos cosas... Y él: "No, una más simple: una persona adulta, un sacerdote, son maduros si son capaces de jugar con los niños". Esta es la prueba. Y os digo: perded el tiempo con los hijos, perded el tiempo con vuestros hijos, jugad con vuestros hijos. No les digáis: "¡No molestéis!". Una vez escuché a un joven padre decir: "Padre, cuando voy a trabajar, duermen. Cuando vuelvo, duermen”. Es la cruz de esta esclavitud de una forma de trabajar injusta de la sociedad de hoy.

Dije que esto era lo último. No, lo penúltimo. Lo último es lo que digo ahora, porque no quiero olvidarlo. Hablé sobre los hijos como un tesoro de promesas. Pero hay otro tesoro en la familia: son los abuelos. Por favor: ¡Cuidad a los abuelos! Dejad hablar a los abuelos, que los niños hablen con sus abuelos. Acariciad a los abuelos, no los alejéis de la familia porque son molestos, porque repiten las mismas cosas. Amad a los abuelos y dejad que hablen con los niños.

Gracias a todos vosotros. Gracias por la pasión, gracias por el amor que tenéis a la familia. ¡Gracias por todo! Y adelante con valor. ¡Gracias!

Ahora, antes de daros la bendición, recemos a Nuestra Señora: "Ave María...".