Friday, June 29, 2018

“Estamos experimentando la conversión al mundo, en lugar de a Dios”, entrevista con el card. Gerhard Ludwig Müller

Esta es una entrevista concedida por el card. Gerhard Ludwig Müller, anterior prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a Catholic World Report, publicada Jun-26-2018. Traducción de Secretum Meum Mihi.

CWR: desde 2014 ha habido dentro de la Iglesia un flujo constante de conflictos y tensiones que involucran a muchos de los obispos de Alemania. ¿Cuáles son algunos de los antecedentes de este fenómeno? ¿Cuál es la fuente de estos diversos conflictos sobre eclesiología, Sagrada Comunión y asuntos relacionados?

Cardenal Gerhard Müller: Un grupo de obispos alemanes, con su presidente [es decir, de la Conferencia Episcopal Alemana] a la cabeza, se ven a sí mismos como los pioneros de la Iglesia Católica en la marcha hacia la modernidad. Consideran la secularización y la descristianización de Europa como un desarrollo irreversible. Por esta razón, la Nueva Evangelización —el programa de Juan Pablo II y Benedicto XVI— es en su opinión una batalla contra el curso objetivo de la historia, que se asemeja a la batalla de Don Quijote contra los molinos de viento. Buscan para la Iglesia un nicho donde pueda sobrevivir en paz. Por lo tanto, todas las doctrinas de la fe que se oponen a la "corriente principal", al consenso social, deben ser reformadas.

Una consecuencia de esto es la demanda por la Sagrada Comunión, incluso para las personas sin la fe católica y también para aquellos católicos que no están en un estado de gracia santificante. También en la agenda están: una bendición para las parejas homosexuales, la intercomunión con los Protestantes, relativizar la indisolubilidad del matrimonio sacramental, la introducción de viri probati y con ello la abolición del celibato sacerdotal, la aprobación de relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio. Estos son sus objetivos, y para alcanzarlos están dispuestos a aceptar incluso la división de la conferencia episcopal.

Los fieles que toman en serio la doctrina católica son tildados de conservadores y expulsados de la Iglesia, y expuestos a la campaña de difamación de los medios liberales y anticatólicos.

Para muchos obispos, la verdad de la revelación y de la profesión de fe católica es solo una variable más en la política de poder intraeclesial. Algunos de ellos citan acuerdos individuales con el Papa Francisco y piensan que sus declaraciones en entrevistas con periodistas y figuras públicas que están lejos de ser católicos ofrecen una justificación incluso para “diluir” verdades definidas e infalibles de la fe (= dogmas). En total, estamos lidiando con un evidente proceso de Protestantización.

El ecumenismo, por el contrario, tiene como objetivo la plena unidad de todos los Cristianos, la cual ya se realiza sacramentalmente en la Iglesia católica. La mundanidad del episcopado y del clero en el siglo XVI fue la causa de la división del cristianismo, que es diametralmente opuesta a la voluntad de Cristo, el fundador de la única, santa, católica y apostólica Iglesia. La enfermedad de esa era ahora es supuestamente la medicina con la cual se debe superar la división. La ignorancia de la fe católica en ese momento fue catastrófica, especialmente entre los obispos y papas, quienes se dedicaron más a la política y al poder que a dar testimonio de la verdad de Cristo.

Hoy, para muchas personas, ser aceptado por los medios de comunicación es más importante que la verdad, por la que también debemos sufrir. Pedro y Pablo sufrieron el martirio por Cristo en Roma, el centro del poder en su día. No fueron celebrados por los gobernantes de este mundo como héroes, sino más bien se burlaron como de Cristo en la cruz. Nunca debemos olvidar la dimensión martirológica del ministerio Petrino y del oficio episcopal.

CWR: ¿Por qué, específicamente, algunos obispos alemanes desean permitir que la Santa Comunión se dé a varios Protestantes de manera regular o común?

Cardenal Müller: Ningún obispo tiene autoridad para administrar la Sagrada Comunión a Cristianos que no estén en plena comunión con la Iglesia Católica. Sólo en una situación donde existe el peligro de muerte, puede un Protestante pedir la absolución sacramental y la Sagrada Comunión como viático, si comparte toda la fe católica y por lo tanto entra en plena comunión con la Iglesia Católica, aunque todavía no haya declarado su conversión oficialmente.

Infortunadamente, incluso hoy los obispos ya no conocen la creencia Católica en la unidad de la comunión sacramental y eclesial, y justifican su infidelidad a la fe Católica con una preocupación supuestamente pastoral o con explicaciones teológicas que, sin embargo, contradicen los principios de la fe católica. Toda doctrina y práctica deben fundarse en la Sagrada Escritura y la Tradición Apostólica, y no deben contradecir los previos pronunciamientos dogmáticos del Magisterio de la Iglesia. Este es el caso con el permiso para que los Cristianos no Católicos puedan recibir la Comunión durante la Santa Misa, aparte de la situación de emergencia descrita arriba.

CWR: ¿Cómo evaluaría, primero, la salud de la fe Católica en Alemania y luego, en segundo lugar, en Europa en general? ¿Cree que Europa puede o va a recuperar un sentido de su identidad Cristiana previa?

Cardenal Müller: Hay muchas personas que viven su fe, aman a Cristo y a su Iglesia, y ponen toda su esperanza en Dios en la vida y en la muerte. Pero entre ellos hay bastantes que se sienten abandonados y traicionados por sus pastores. Ser popular en la opinión pública es hoy en día el criterio para un supuesto buen obispo o sacerdote. Estamos experimentando la conversión al mundo, en lugar de a Dios, contrariamente a las declaraciones del apóstol Pablo: “Busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo” (Gal 1,10).

Necesitamos sacerdotes y obispos que estén llenos de celo por la casa de Dios, que se dediquen por completo a la salvación de los seres humanos en la peregrinación de la fe a nuestro hogar eterno. No hay ningún futuro en lo absoluto para la “Cristiandad Lite”. Necesitamos cristianos con un espíritu misionero.

CWR: La Congregación para la Doctrina de la Fe reiteró recientemente la enseñanza perenne de la Iglesia de que las mujeres no pueden ser ordenadas sacerdotes. ¿Por qué cree que esta enseñanza, que se ha reiterado varias veces en los últimos años, sigue siendo contestada por muchos en la Iglesia?

Cardenal Müller: Infortunadamente, en este momento la Congregación para la Doctrina de la Fe no es muy apreciada, y su significancia para la primacía Petrina no se reconoce. La Secretaría de Estado y el servicio diplomático de la Santa Sede son muy importantes para la relación de la Iglesia con los diversos Estados, pero la Congregación para la Doctrina de la Fe es más importante para la relación de la Iglesia con su Cabeza, de quien toda gracia procede.

La fe es necesaria para la salvación; La diplomacia papal puede lograr mucho bien en el mundo. Pero la proclamación de la fe y la doctrina no debe subordinarse a los requisitos y condiciones de las jugadas del poder terrenal. La fe sobrenatural no depende del poder terrenal. En la fe, está bastante claro que el sacramento de las Órdenes Sagradas en los tres grados de obispo, sacerdote y diácono solo puede ser recibido válidamente por un hombre católico bautizado, porque solo él puede simbolizar y representar sacramentalmente a Cristo como el Novio de la Iglesia. Si el ministerio sacerdotal se entiende como una posición de poder, entonces esta doctrina de la reserva de las Sagradas Órdenes para los católicos del sexo masculino es una forma de discriminación contra las mujeres.

Pero esta perspectiva de poder y de prestigio social es falsa. Solo si vemos todas las doctrinas de la fe y de los sacramentos con ojos teológicos, en lugar de en términos de poder, será evidente para nosotros la doctrina de la fe con respecto a los pre-requisitos previos naturales para los sacramentos de las Ordenes Sagradas y del matrimonio. Solo un hombre puede simbolizar a Cristo el Novio de la Iglesia. Sólo un hombre y una mujer pueden representar simbólicamente la relación de Cristo con la Iglesia.

CWR: Recientemente introdujo Usted la edición italiana del libro de Daniel Mattson Why I Do not Call Myself Gay [“Por qué no me Llamo Gay”. N. de T.]. ¿Qué le impresionó sobre el libro y su enfoque? ¿En qué se diferencia de algunos de los enfoques o posiciones “pro-gay” adoptados por algunos católicos? ¿Qué se puede hacer para explicar, en términos positivos, la enseñanza de la Iglesia sobre sexualidad, matrimonio y asuntos relacionados?

Cardenal Müller: El libro de Daniel Mattson está escrito desde una perspectiva personal. Se basa en una profunda reflexión intelectual sobre la sexualidad y el matrimonio, que la hace diferente de cualquier tipo de ideología. Por lo tanto, ayuda a las personas con una atracción hacia el mismo sexo a reconocer su dignidad y a seguir un camino beneficioso en el desarrollo de su personalidad, y no dejarse utilizar como peones en la demanda de poder de los ideólogos. Un ser humano es una unidad interior de principios organizacionales espirituales y materiales, y en consecuencia una persona y el sujeto que actúa libremente de una naturaleza que es espiritual, corpórea y social.

El hombre fue creado para la mujer y la mujer para el hombre. El objetivo de la comunión marital no es el poder del uno sobre el otro, sino más bien la unidad en el amor que se entrega a sí mismo, en el cual ambos crecen y juntos alcanzan la meta en Dios. La ideología sexual que reduce a un ser humano al placer sexual es de hecho hostil a la sexualidad, porque niega que el objetivo del sexo y el eros es el ágape. Un ser humano no puede dejarse degradar al status de un animal más desarrollado. Él está llamado a amar. Sólo si amo al otro por su propio bien, entraré en el mío; sólo entonces soy liberado de la prisión de mi primitivo egoísmo. Uno no puede realizarse a expensas de los demás.

La lógica del Evangelio es revolucionaria en un mundo de consumismo y narcisismo. Porque solo el grano de trigo que cae en el suelo y muere no permanece solo sino que produce mucho fruto. “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna” (Jn 12, 25).