Wednesday, April 11, 2018

“También en la Iglesia hay quienes no creen en el diablo”, entrevista con el exorcista P. Paolo Carlin

Información de In Terris, Abr-11-2018. Traducción de Secretum Meum Mihi.

“Incluso en la Iglesia hay quienes no creen en el diablo”

Después de la llamada del Papa a vigilar sobre la acción del maligno, el exorcista Padre Carlin interviene

FEDERICO CENCI


Cuidado con el diablo. El nuevo llamado del Papa Francisco se encuentra en los párrafos de la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, presentada el pasado lunes en el Vaticano. El odio, la tristeza, la envidia, los vicios: el Pontífice pone en guardia contra los que son los canales por los que la acción diabólica se introduce en nuestras vidas.

In Terris habló de ello con el P. Paolo Carlin, fraile capuchino, exorcista de la diócesis de Faenza desde 2014, miembro de la Asociación Internacional de Exorcistas, de la que es coordinador para Italia. Es autor del libro “De cura obsessis” (ed. San Paolo) en el que habla de su experiencia.

Padre Carlin, el Papa Francisco habla a menudo del diablo...

“Se refiere a la revelación bíblica y al magisterio de la Iglesia. Jesús mismo demuestra que el diablo no es una creencia o una representación del mal de algo que el hombre no comprende, sino es una realidad real verdadera y propia, personal e incorpórea. Paulo VI lo definió bien: un ser ‘vivo, espiritual, pervertido y pervertidor’”.

¿De dónde deriva, según Usted, la idea de que el diablo es sólo un mito, una representación simbólica?

“Deriva del iluminismo, cuando todo lo que es sobrenatural, incluida la presencia de Dios, fue considerado un mero hecho cultural. De ahí nace una corriente filosófica y literaria que tiende a estigmatizar la época del medioevo, liquidando la fe como forma de oscurantismo, la devoción popular e incluso la creencia del Maligno. Infortunadamente, esta tendencia continúa hasta el día de hoy. Pero también hay que subrayar otro aspecto.

Por favor...

“El mismo ‘enemigo’ tiende a engañarnos para que creamos que no existe. Contribuye a impregnar la cultura dominante haciendo pasar por locos a los que afirman su existencia. Y todas esas realidades asociativas que trabajan en lo oculto contribuyen a difundir esta idea”.

¿Y cómo laboran en lo oculto?

“Llevando a cabo cultos rituales que atestiguan su adhesión al ‘enemigo’”.

¿Estas realidades han influido en la opinión pública?

“Ciertamente, logran influir en la opinión pública, en la sociedad y en el orden establecido. Entonces asumamos también que estas mismas ideas son llevadas a cabo por los llamados ‘teólogos’ que consideran al diablo como una mera ‘representación del mal’. Si así fuera, Jesús sería un loco, un psicópata, porque él mismo combatía a los que se oponen a Dios”.

¿Observa, pues, que también en la Iglesia hay dudas sobre la existencia del diablo?

“Desgraciadamente sí, siempre ha existido una franja de consagrados que es ignorante al respecto. Y cuando uno es ignorante sobre un tema, o se asusta o niega la existencia. Cabe señalar que en la actualidad no está prevista ninguna formación específica. Antes en los seminarios existía un curso sobre ángeles y demonios, luego —no se sabe por qué— lo quitaron”.

¿Cuándo fue quitado este curso?

“Con el Concilio Vaticano II. Como ayer hoy en día estamos trabajando para restaurarlo, porque si los sacerdotes no forman, hay dificultades para hacer frente a esta problemática que es real”.

¿Piensa que por parte de los hombres de Iglesia sería necesario hablar más sobre el diablo y de las formas para combatirlo?

“Es la invitación que Jesús hizo: ‘Vigilen y oren, para no caer en tentación’. La acción ordinaria del ‘enemigo’ es la de tentar —a través de la confusión, el desorden, el miedo, la ansiedad, la depresión o incluso a través de acciones extraordinarias— para alejarnos de Dios y para hacernos pensar que el mal es más fuerte”.

¿Cuáles son las “acciones extraordinarias” a las que se refiere?

“Estas son acciones que no pueden ser explicadas por la ciencia, acciones que un hombre no puede realizar, sino sólo un ángel, aunque haya caído. Se clasifican en cuatro tipologías: obsesiones similares a las psiquiátricas pero cuyo origen es el demonio, la vejación, la posesión, las manifestaciones locales, cuando el maligno se manifiesta a través de lugares u objetos”.

El Papa hace referencia al hecho de que en los tiempos de Jesús un ataque epiléptico podía confundirse con la posesión. ¿Cómo distinguir en los Evangelios los exorcismos de Jesús de las curaciones?

“En los Evangelios la diferencia está claramente explicada. Las manifestaciones exteriores son similares, pero Jesús mismo nos hace comprender cuando se trata de enfermos y cuando no. En el caso en el cuál los apóstoles regresan a Jesús diciendo que no podían expulsar a los demonios, Jesús mismo les dice que ciertos demonios son expulsados sólo con oración y ayuno”.

¿La existencia del diablo presupone la existencia del infierno?

“Ciertamente, la existencia del diablo presupone la condición reservada al ‘enemigo’, a sus ángeles y a los que lo siguen. El Infierno y el Paraíso no son lugares, sino estados de ser eternos. El infierno está eternamente en la muerte, en la oscuridad, en las tinieblas. El Paraíso está eternamente en la vida, en la luz, en la alegría”.

El Papa ha hablado de las “armas” que tenemos para derrotar al diablo. ¿Qué tan importante es recordar la importancia?

“A mí me gusta hablar en los términos de San Pablo. El Apóstol dice: ‘Llevad el yelmo de la palabra de Dios” que, escuchada con frecuencia, protege la mente, la voluntad, la inteligencia de los asaltos del enemigo. Luego está la espada de la oración, a través de la cual invocamos la intervención de los que cazan al demonio: Jesús, María, los santos. Y sobre nuestros hombros debemos llevar la armadura, que son los sacramentos, o más bien la acción directa de Dios en mi vida, especialmente con la asidua frecuencia de la Confesión y de la Eucaristía”.

Frente a estas armas, ¿no tiene el ‘enemigo’ una oportunidad?

“No tiene ninguna. El demonio se insinúa cuando hay un pecado. Cuando no hay pecado, el diablo puede molestarnos, pero no de una manera incisiva. Jesús dice que ‘no serán tentados por encima de sus fuerzas’. Todo lo que nos sucede es para reforzar nuestra fe, no porque que seamos infortunados, sino precisamente porque somos amados por Dios. El mal no es más fuerte que el bien”.