Sunday, March 25, 2018

“El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes” ¿Acto papal de contrición?


¿Vieron que Francisco se arrodilló hoy durante la recitación de la Profesión de Fe en la Misa de Domingo de Ramos celebrada en la Plaza de San Pedro en el comienzo de la Semana Santa de 2018?



¿Una postfiguración del posible acto de contrición que acababa de hacer durante la homilía, cuando dijo...?

Y así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: «¡Crucifícalo!». No es un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es el grito que nace cuando se pasa del hecho a lo que se cuenta, nace de lo que se cuenta. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para salirse con la suya. Esto es un falso relato. El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de «trucar» la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un «malhechor». Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: «Crucifícalo, crucifícalo».

¿Una admisión velada de que algunos subalternos suyos manipulan la realidad y crean un relato a su conveniencia y no tienen problema en «manchar» a, por decir algo, Infovaticana, acusándola de que “pide donativos en nombre de la Santa Sede” como disculpa para pretender cerrarla mediante leguleyadas? ¿Será acaso el de Francisco un acto de contrición porque en la Secretaría de Estado alguien “no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes”? ¿Será?

Pensemos que sea así, pero no solamente con el caso que acabamos de citar a modo de ejemplo, sino con muchos otros con los que encajan con sus palabras: Franciscanos de la Inmaculada, perseguidos duramente en un comisariamiento; Prof. Thomas Weinandy quien, tras mucho meditar escribió a Francisco manifestando su voz disonante e inmediatamente fue misericordiado por la Conferencia Episcopal de EEUU; y así varios otros casos que ahora no podemos nombrar que vienen ocurriendo durante los pasados cinco años. Pero principalmente con los cuatro cardenales que con ocasión de la publicación de Amoris Lætitia le dirigieron cinco preguntas —las ahora famosas Dubia— las cuales no han sido contestadas por Francisco, mientras que dos de sus autores murieron esperando que les contestara o los recibiera en audiencia y entre tanto han sido objeto de duros ataques por parte de aquellos que quieren congraciarse con Francisco.

Pensemos que Francisco está haciendo un acto de contrición, un acto ad intra, aplicándose para sí mismo las palabras que pronunció hoy en su homilía. Porque lo que hemos visto que entendieron los medios de comunicación es al contrario, unas palabras revanchistas y reivindicativas del caso del lettergate.

Infobae.

La repubblica.

La Presse.

Y así otros más. Pero nosotros nos resistimos a creer que esa palabras Francisco las hubiera pronunciado para justificar el grotesco capítulo de lettergate. ¡Sería el colmo del cinismo!, y como moralmente —aunque no realmente— es difícil achacar a un Pontífice actos de cinismo, por eso mejor nos resistimos a creer lo que interpretan los medios de lo que dijo.