Wednesday, February 07, 2018

Ya que sobreponderan todo lo que dice y hace Francisco, háganle caso: “¡La homilía debe estar bien preparada, debe ser breve, breve!”

No recordamos si en este blog contamos alguna vez de una ocasión en que en un evento nos encontramos con el entonces encargado del departamento de liturgia de la conferencia episcopal, y uno de los puntos de conversación fue el que algunos sacerdotes, como le llamamos nosotros, predican la palabra eterna; así literal y sin mayúsculas. En determinado punto le referimos las recomendaciones hechas alguna vez por el entonces secretario del Culto Divino, Mons. Albert Malcolm Ranjith (ahora cardenal y arzobispo de Colombo, Sri Lanka), de que las homilías deberían ser cortas, de ocho o diez minutos, máximo quince. Sorprendentemente, aquel personaje minimizó esas recomendaciones porque, según él, provenian de un conservador, amante de la antigua liturgia. En definitiva, una mera opinión personal.

Y hemos recordado esa anécdota —si se le puede llamar así— en razón de lo dicho hoy por Francisco en su audiencia general. Como ya Uds. saben, actualmente el Papa está dedicando sus catequésis a la Santa Misa, y en la de hoy, hablando sobre las características de la homilía, se salió del texto preparado de antemano y en las palabras improvisadas reiteró en dos ocasiones que la homilía debe ser breve.

Como ahora la figura del Papa está redimensionada, para no afirmar que se absolutiza todo lo que realiza o dice, esperamos que personas con la mentalidad como el de la anécdota del inicio contada, tomen en serio la recomendación: La hace el Papa.

Esta es nuestra traducción de las palabras pertinentes de la catequésis aludida (incrustamos el video con las palabras originales en italiano).

El que hace la homilía debe cumplir bien su ministerio —el que predica, el sacerdote o el diácono o el obispo—, ofreciendo un real servicio a todos los que participan en la Misa, pero también aquellos que lo escuchan deben hacer su parte. Ante todo prestando la debida atención, asumiendo las justas disposiciones interiores, sin pretextos subjetivos, sabiendo que todo predicador tiene méritos y límites. Si a veces hay motivos para aburrirse por la homilía larga, o no centrada o incomprensible, otras veces está en cambio el prejuicio de hacer de obstáculo. Y quien haga la homilía debe ser consciente de que no está haciendo una cosa propia, está predicando, dando voz a Jesús, está predicando la Palabra de Jesús. ¡Y la homilía debe estar bien preparada, debe ser breve, breve! Me decía un sacerdote que una vez fue a otra ciudad donde vivían sus padres y su padre le dijo: “Sabes, estoy feliz, porque con mis amigos encontramos una iglesia donde se hace la Misa sin homilía”. Y cuántas veces vemos que en la homilía algunos se duermen, otros conversan o salen a fumar un cigarrillo... Por esto, por favor, que sea breve, la homilía, pero que sea bien preparada. ¿Y cómo se prepara una homilía, queridos sacerdotes, diáconos, obispos? ¿Cómo se prepara? Con la oración, con el estudio de la Palabra de Dios y haciendo una síntesis clara y breve, no debe ir más allá de 10 minutos, por favor.