Tuesday, February 06, 2018

Pablo VI es santo; los cardenales aprueban el milagro


Artículo de Vatican Insider, Feb-06-2018.

Pablo VI es santo; los cardenales aprueban el milagro

La Congregación vaticana aprobó hoy el último paso: el reconocimiento de la curación de un feto. Faltan solamente la decisión final de Francisco y el anuncio de la fecha de la canonización: probablemente en octubre

ANDREA TORNIELLI | 06/02/2018
CIUDAD DEL VATICANO


Dentro de poco Pablo VI será santo. La reunión de los obispos y cardenales de la Congregación de los Santos aprobó unánimemente el reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión de Giovanni Battista Montini. Solamente faltan la aprobación de Francisco y el anuncio de la fecha para la canonización del Pontífice de Brescia que falleció en Castel Gandolfo hace cuarenta años (en el mes de agosto).

El milagro que servirá para la aureola de Pablo VI tiene que ver con la curación de una niña que no había nacido, se encontraba en el quinto mes de desarrollo. Un caso que fue estudiado por la postulación de la causa en 2014. La madre, de la provincia de Verona, Italia, tenía un embarazo difícil y corría el riesgo de abortar por una patología que habría podido comprometer la vida del feto y de la madre. Pocos días después, la beatificación del Papa Montini, el 19 de octubre de 2014, la mujer fue a rezarle al nuevo beato al Santuario de las Gracias. La niña nació sin problemas de salud, y así continúa.

El presunto milagro fue estudiado por la Congregación para las Causas de los Santos. La imposibilidad para explicar la curación fue atestada el año pasado por la Consulta médica del dicasterio y después fue analizada y aprobada por los teólogos. El último paso era el que se ha dado hoy durante la reunión cardenalicia. Ahora el cardenal Prefecto, Angelo Amato, llevará el voto de los obispos y cardenales al Papa Francisco. La decisión final, evidentemente, será suya. Bergoglio anunciará en un Consistorio la fecha de la canonización, que será celebrada en Roma probablemente en octubre, durante el Sínodo de los jóvenes.

En diciembre del año pasado, la revista diocesana de Brescia incluso lanzó la hipótesis de una posible fecha: «En este punto la certeza es casi más que una esperanza. El mes de octubre podría ser el adecuado. Del 3 al 28 de octubre se celebrará en Roma la XV Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes y llegarán al Vaticano religiosos de todo el mundo. ¿Qué mejor ocasión para canonizar, después de a san Juan Pablo II, ante una porción tan consistente del colegio episcopal, al otro Pontífice del Concilio Ecuménico Vaticano II? Sería probable en uno de los primeros tres domingos de octubre, aunque la fecha más confiable podría ser la del 21» de ese mes.

El Papa Montini, que nació en 1897 y falleció en 1978, fue el Pontífice que llevó a término el Concilio Ecuménico Vaticano II y logró a cerrarlo prácticamente con la unanimidad de los consensos sobre los documentos votados. Inauguró también la época de los viajes apostólicos en el mundo, vivió los años de la crisis post-conciliar. Al beatificarlo, Francisco, que a menudo cita el magisterio montiniano, dijo: «En este día de la beatificación del Papa Pablo VI, me vuelven a la memoria sus palabras, con las que instituyó el Sínodo de los obispos: “Escrutando atentamente los signos de los tiempos, tratemos de adaptar las vías y los métodos a las crecidas necesidades de nuestros días y a las condiciones mutadas de la sociedad”».

Bergoglio agradeció a Pablo VI por su «humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia» y recordó que «el gran timonel del Concilio, después de la clausura del encuentro conciliar, escribió: “Tal vez el Señor me ha llamado y me tiene en este servicio no tanto porque yo tenga alguna actitud, o para que yo gobierne o salve a la Iglesia de sus presentes dificultades, sino para que yo sufra algo por la Iglesia, y que quede claro que Él, y no otros, la guía y la salva”. En esta humildad, concluyó Francisco en esa ocasión, «resplandece la grandeza del beato Pablo VI que, mientras se perfilaba una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría clarividente (y a veces en soledad) el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la confianza en el Señor».