Wednesday, February 28, 2018

La iglesia china, expectante frente a las negociaciones entre Beijing y el Vaticano

Esta es la versión en español de un artículo originalmente publicado en inglés en The New York Times, Feb-14-2018.

La iglesia china, expectante frente a las negociaciones entre Beijing y el Vaticano

Por Ian Johnson


Fu’an, China — A lo largo de casi cuatro siglos, una franja de pueblos agrícolas y pesqueros en la costa sureste de China sobrevivió como un bastión del catolicismo ―en ocasiones floreciendo, otras marchitándose― muchas veces con su destino dependiendo de decisiones o conflictos distantes en Beijing o Europa.

Ahora, un nuevo choque resuena en esta región rural, conocida como Mindong. Esta vez, se centra en las charlas entre China y el Vaticano para superar sus diferencias históricas al conciliar el asunto más espinoso que los divide: el control de los obispos y sacerdotes que dirigen la iglesia católica en China.

El plan básico brindaría al Vaticano un papel formal y, posiblemente, incluso poder de veto, en la manera en que el clero es designado en China. Eso sería una concesión inusual por parte de Beijing, que es sumamente recelosa de la interferencia extranjera.

A cambio, el Vaticano podría obligar a muchas comunidades locales a aceptar a clérigos designados por las autoridades comunistas de China en lugar de los populares líderes religiosos “clandestinos” que llevan décadas resistiéndose al control estatal.

La perspectiva de un acuerdo así ha desatado intensas emociones a nivel mundial, con los detractores acusando a la Santa Sede de “traicionar” a los católicos leales en China.

Mientras tanto, los defensores del Vaticano argumentan que éste debe negociar para evitar que los católicos de China se dividan aún más, en especial mientras el gobierno del presidente Xi Jinping endurece el control de la religión.

Pero las personas más afectadas por estos propuestos cambios —los habitantes de lugares como Mindong— dicen sentir como si esperaran una tormenta que no pueden controlar.

“Esto es algo que los superiores decidirán”, dijo Huang Xiaofeng de 40 años, un comerciante que atiende a peregrinos que visitan una cueva sagrada en la cima de una montaña. “Los creyentes simplemente vamos a la iglesia y rezamos”.

El Vaticano ya le ha pedido a Guo Xijin, el obispo clandestino de Mindong, que ceda su liderazgo de unos 70 mil católicos a un clérigo designado por el gobierno que tiene unos 10 mil seguidores.

El Obispo Guo, de 59 años, que es sacerdote en Mindong desde 1984, dijo en una entrevista que estaba dispuesto a acceder si eso ayudaba a sanar la larga división entre las iglesias clandestinas y las gubernamentales.

Sin embargo, añadió que esto no abordaría los problemas más grandes que están menguando al catolicismo aquí. “El principal problema es el nivel educacional y las bases espirituales de los creyentes”, indicó. “Tienen fe, pero no es profunda”. Guo se refería al hecho de que aunque el catolicismo es más fuerte en las partes rurales más pobres de China, el campo se está quedando vacío.

Hace unas décadas el 80% de los chinos vivía en zonas rurales; hoy es sólo la mitad.

De acuerdo con encuestas de las iglesias oficiales y clandestinas realizadas por Anthony Lam, investigador del Centro de Estudio Espíritu Santo en Hong Kong, el número total de católicos en China alcanzó su máximo alrededor del 2005 con 12 millones, y desde entonces ha disminuido a 10 millones. Esto convierte al catolicismo en la religión importante más pequeña de China, y la única que está decreciendo.

Las raíces de los problemas de la Iglesia en China datan de mucho tiempo atrás. El Emperador Qing prohibió el cristianismo durante casi un siglo antes de que las potencias occidentales forzaran a la dinastía a permitir de nuevo la entrada de misioneros.

Cuando los comunistas ganaron el control de China en 1949, el catolicismo fue golpeado particularmente fuerte debido a la ruidosa oposición del Vaticano al comunismo. En 1957, las autoridades establecieron la Asociación Católica Patriótica china para reemplazar al Vaticano en la designación del clero.