Thursday, February 01, 2018

En el caso Barros se confirma una afirmación del Card. Müller: Francisco se informa por personas de su confianza, pero que no siempre son el camino adecuado

En el “fiasco” —no es una expresión nuestra— del caso del Obispo Barros de Osorno, Chile, entre ayer y hoy hemos visto cómo esa guardia protectora que para Francisco constituyen algunos periodistas, ha salido a justificarlo intentando hacerlo pasar como simplemente desinformado.

Cuando el año pasado el Card. Gerhard Müller, entrevistado para el congreso “Leader o follower?”, organizada por la Fondazione Iniziativa Subalpina, oCT-20-2017, respondió lo siguiente:

— Usted está diciendo que el Papa es informado sobre la actividad de las congregaciones, no a través de los prefectos sino a través de personas que son evidentemente de su confianza, pero que no son, según Usted, no son los canales apropiados para llevar informaciones al Papa. Exacto?

— Ha sucedido en mi congregación.

Algunos miembros de aquella guardia salieron a contradecirlo, y reafirmar lo bien informado que estaba Francisco, solamente para poder atacar al card. Müller.

Ahora sucede lo contrario, tratan de hacerlo pasar como desinformado en relación al caso del obispo Barros.

El día de ayer apareció un artículo de Nicole Winfield de agencia Associated Press (el artículo aparece con fecha de hoy, pero lleva un día de haberse publicado y ha recibido al menos dos reediciones, la última con fecha de hoy), en donde se analizaba el caso y se trataba de explicar si tal vez todo ha sido efecto de la mala información que le llega a Francisco. En dicho artículo se consigna la opinión de Massimo Franco, columnista de Corriere Della Sera, quien respalda lo dicho por el card. Müller.

“[Francisco] Es víctima del síndrome de Santa Marta...Quería vivir allí porque no quería que la Secretaría de Estado le filtrase la información. Pero el otro lado de la moneda es que está condenado a recibir información que no siempre es precisa”.

El artículo finaliza diciendo:

Sin embargo, después de su viaje a Chile, Francisco tuvo que admitir no solo que se había equivocado, sino que tal vez no estuvo bien informado.

Esta es la versión en español completa del artículo de Associated Press, esta sí con fecha de hoy, Feb-01-2018.

Fiasco de Chile: ¿Está bien informado el papa?

Por NICOLE WINFIELD
Associated Press | 1 de febrero de 2018


CIUDAD DEL VATICANO (AP) — ¿Qué tan bien informado está el papa Francisco acerca de lo que sucede en la Iglesia Católica?

Muchos se están haciendo esa pregunta después de que el pontífice pareció estar totalmente desinformado acerca de los detalles del escándalo de abusos sexuales en Chile y del abrupto despido, sin explicaciones, de un respetado ejecutivo bancario del Vaticano.

El tema cobró mayor prominencia cuando el papa fue acusado por un cardenal de no darse cuenta de que sus propios diplomáticos estaban “sacrificando” la Iglesia Católica clandestina en China por razones políticas.

Algunos observadores se preguntan si Francisco recibe la información que debe tener un líder de su estatura o si confía más que nada en su instinto y en lo que le dicen sus conocidos.

En sus cinco años como papa, Francisco creó una estructura informativa informal que a veces se contradice con lo que sale de los canales oficiales del Vaticano. Además de las sesiones informativas con personal del Vaticano, el pontífice se reúne cada tres meses con nueve cardenales que lo asesoran y que también le pasan información.

El Vaticano hizo esta semana una inusual defensa de la forma en que el papa recibe información y de sus conocimientos del delicado caso de China. La oficina de prensa de la Santa Sede insistió en que Francisco siguió de cerca las negociaciones con China, en que sus asesores lo informaban “fielmente” y en que estaba totalmente de acuerdo con su secretario de estado en torno al tema.

“Por ello resulta sorpresivo y lamentable que gente de la iglesia esté diciendo lo contrario, generando confusión y controversias”, declaró el vocero del Vaticano Greg Burke.

Semejante afirmación hubiera parecido innecesaria dado que los papas están siempre rodeados únicamente de sus asesores. Pero Francisco vive en el hotel Santa Marta del Vaticano, no en el Palacio Apostólico, y tiene sus puertas abiertas al mundo exterior, lo que le permite escuchar también lo que le dice una red de amigos y otras personas.

“Es víctima del síndrome de Santa Marta”, sostuvo Massimo Franco, columnista del diario italiano Corriere della Sera. “Quería vivir allí porque no quería que la Secretaría de Estado le filtrase la información. Pero el otro lado de la moneda es que está condenado a recibir información que no siempre es precisa”.

En Santa Marta el papa fija su propia agenda, hace sus propias llamadas telefónicas y arregla él mismo sus visitas, a menudo sin conocimiento de la oficina de protocolo del Vaticano. No ve televisión ni se mete en la internet, pero lee el diario Il Messaggero y recortes de diarios con noticias que no están relacionadas con el Vaticano.

Recibe información en persona y también impresa, que le dejan en una carpeta de cuero roja en la recepción del Santa Marta. Un miembro de la Guardia Suiza le sube la carpeta a su habitación y se la entrega a uno de los dos secretarios privados del pontífice.

Francisco tiene dos filtros principales: monseñor Yoannisi Lahzi Gaid, un egipcio copto que trabajó en la Secretaría de Estado del Vaticano, y monseñor Fabián Pedacchio, un argentino que Francisco despachó a Roma en el 2007, cuando era arzobispo de Buenos Aires.

Cuenta además con el prefecto de la Casa Pontificia, monseñor Georg Gaenswein, que programa audiencias oficiales y decide a quién ve el papa al cierre de las audiencias generales de los miércoles.

A veces los papas no son bien servidos por su círculo íntimo: Benedicto XVI, por ejemplo, levantó la excomunión de un obispo que negaba el holocausto judío a pesar de que una simple búsqueda en Google le habría permitido saber que el obispo afirmaba que las cámaras de gas nazis eran un mito.

Francisco confía mucho en un círculo de amigos de Argentina para informarse de lo que sucede en su país, en el Vaticano y en la iglesia en general.

Y puede ser extremadamente terco cuando se le mete algo en la cabeza a partir de la información que le llega, como cuando despidió al número dos del banco del Vaticano, Giulio Mattietti, echado sin explicaciones a finde año.

En su discurso navideño a la burocracia del Vaticano, Francisco despotricó contra empleados del Vaticano que fueron marginados y que “se declaran equivocadamente mártires del sistema, de un ‘papa desinformado’”.

Sin embargo, después de su viaje a Chile, Francisco tuvo que admitir no solo que se había equivocado, sino que tal vez no estuvo bien informado.

Otra versión del mismo intento de la guardia bergogliana de hacer pasar a Francisco como desinformado en el caso Barrios, lo realizó Elisabetta Piqué en La Nación, Ene-31-2017, págs 2 y 3(imágen superior, click para ampliar), en donde bajo el ambiguo rótulo de “análisis”, la periodista expresa su propia particular opinión y, en un dado pasaje, cita a unos tales “entendidos” anónimos, para justificar la desinformación de Francisco sobre el caso de Barros resaltando que este último tenía sus amistades en el Vaticano que lo protegían y por eso “muchos creen” —de nuevo anónimos— que fue por eso unas cartas de las víctimas jamás le llegaron a Francisco.

Lo cierto es que, según entendidos, Barros siempre contó con amistades influyentes y una virtual protección en el Vaticano. Solo así se explica que el nuncio en Chile, Ivo Scapolo, jamás le pudiera hacer llegar al Papa dos cartas que las víctimas antes mencionadas le enviaron, en las que denunciaron el encubrimiento de Barros.

En la cima de este sistema de protección muchos creen que se encuentran las manos de los cardenales Angelo Sodano, exinfluyente secretario de Estado de Juan Pablo II, y el chileno Jorge Medina Estévez, que consagró a Barros obispo. Sodano fue nuncio en Chile en plena dictadura, entre 1977 y 1988, y jugó un rol decisivo a la hora de plasmar el Episcopado chileno, conservador y elitista. Se sospecha que tanto Medina Estévez, de 91 años, como Barros, de 61, ascendieron en su carrera eclesiástica gracias a Sodano.

Ya explicaba arriba el artículo de AP que es Francisco el que ha elegido los caminos por los cuáles informarse, y si reside en Santa Marta para evitar que la Secretaría de Estado le escoja la información, es el primer causante de que las cartas de las víctimas no le llegaran, porque es apenas lógico que el Nuncio en Santiago recurra a los canales oficiales, i.e., el Secretario de Estado, su jefe inmediato, para haber tratado de hacerle llegar esa cartas.

En el anterior pasaje también se trata de apuntar el dedo a dos supuestos Wojtylianos, uno de ellos tan opuesto a Juan Pablo II que siendo su más inmediato obstaculizador colaborador, se negó a declarar en el proceso de canonización (ver aquí, aquí y aquí) y que como fue él —siendo Nuncio en Santiago— el que le dio al episcopado chileno la cara “conservadora y elitista” que tenía hasta hace pocos años, entonces esa sería una de las causas. Pero el actual Pontífice, nada que ver, solamente está desinformado. Como ha venido sucediendo y hemos dicho casi desde el inicio de este Pontificado, para todo lo malo siempre está el recurso de echarle la culpa a los conservadores o los tradicionalistas (ver aquí y aquí), en este caso le tocó a los primeros.

Bueno, esperemos que sólo sea desinformado en ese caso, porque respecto al pedido del Vaticano a los obispos chinos para que renuncien en favor de obispos cismáticos, “el Papa está en constante contacto con Sus colaboradores” y “en particular con la Secretaría de Estado”.