Monday, January 29, 2018

Cuando el card. Zen viajó a Roma y regresó con un auto nuevo


Nos quedó sonando el episodio que en la entrada inmediatamente anterior narró el card. Joseph Zen de una audiencia privada que en su reciente estadía en Roma le concedió Francisco, durante la cual el cardenal pedía ayuda para la —verdadera— Iglesia china y obtuvo unas consoladoras y reconfortantes palabras del Pontífice como respuesta. Nos referimos a este pasaje de su relato:

La pregunta más importante que le puse al Santo Padre (que estaba citada también en la carta) era si había tenido tiempo de “estudiar el caso” (como había prometido a Mons. Savio Hon). No obstante el peligro de ser acusado de romper la confidencialidad, decidí de deciros cuánto su Santidad dijo: “Sí, les dije a ellos (sus colaboradores en la Santa Sede) que ¡no creen otro caso Mindszenty”! Yo estaba allá en presencia del Santo padre, en representación de mis hermanos chinos que sufren. Sus palabras deberían ser bien entendidas como una consolación y un aliento más para ellos como para mí.

Y mucho nos tememos que esta es una situación parecida a la de aquel empleado de la arquidiócesis de Buenos Aires en tiempos del entonces cardenal Bergoglio, cuando éste último dio orden de echarlo, el subalterno de turno obedeció echándolo, el afectado decidió pedir audiencia al cardenal, le comentó el caso, el cardenal se mostró extrañado, explicándole que era una situación que estaba fuera de su control. Total, y para no alargar, el empleado efectivamente fue echado, pero salió con un auto nuevo como premio de consolación.

Este es el relato como lo reconstruye Omar Bello en su libro “El Verdadero Francisco. Intimidad, psicología, grandezas, secretos y dudas del Papa argentino. Por el filósofo que más lo conoce”, primera edición, capítulo 3, págs. 36 y 37, Buenos Aires, Ediciones Noticias, 2013.

—¡Hay que echarlo ya! —reclamó Bergoglio levantando la voz. Las paredes temblaron. —¡Ni un día más puede estar acá este tipo! ¿Entendieron?

Se refería a un empleado de la Curia que, según se dice comúnmente, se le había metido entre ceja y ceja.

—Me lo echa enseguida. ¿Entendido?

—Pero va a querer hablar con usted... —replicó uno de los ecónomos.

—Dije que lo eche ya. ¿En qué idioma hablo?

—Está bien, monseñor... Lo echamos enseguida.

"Promover para remover" es uno de los lemas no escritos más respetado de la Iglesia. Suena extraño pero alguien que se porta mal puede terminar en un puesto mejor, eso sí, muy alejado del lugar original donde cometió el pecado. Claro que a pesar del lema a veces es necesario echar gente, y en esos casos Bergoglio tampoco abandona sus mañas. Ya echado, el empleado en cuestión pidió una audiencia con el cardenal y se la concedió rápido, sin hacer preguntas.

—Pero yo no sabía nada, hijo. Me sorprendés... —aseguró el actual Papa cuando el "echado" le narró sus cuitas.

—¿Por qué te echaron? ¿Quién fue?

El hombre salió de las oficinas cardenalicias sin trabajo pero con un auto cero kilómetro de regalo, creyendo que Francisco era un santo empujado por circunstancias ajenas a su control, dominado por una caterva de asistentes maliciosos. La historia de ese despido es repetida hasta por los encargados de seguridad de la Curia porteña.

Lo que estamos diciendo sin ambajes es que el card. Zen de su viaje a Roma salió como el empleado de la curia porteña de aquel entonces: Sin obtener lo que buscaba, pero con un auto nuevo.

En la nota que ha hecho la agencia Associated Press, o sea, la que muchos medios seculares están incluyendo en sus sitios de internet y los periódicos incluirán en sus ediciones impresas, pintan al card. Zen como “oponente a la apertura de Francisco a China”, y dicen que con respecto a lo narrado por el card. Zen hoy en su blog, relanzado por AsiaNews, “el portavoz vaticano, Greg Burke, declinó comentar, o confirmar o negar el reporte de AsiaNews”.