Tuesday, January 02, 2018

Carta completa de elogio de Benedicto al card. Gerhard Müller

Este es el texto completo de la carta que a modo de prefacio hizo Benedicto XVI a un libro del Card. Gerhard Müller (“El Dios Trino. Fe cristiana en la era secular”), la cual contiene palabras elogiosas del Papa emérito al ex-prefecto de la CDF. La traducción es provista por Sandro Magister en su blog Settimo Cielo, Ene-02-2018.

UNA PALABRA DE SALUDO

por el Papa emérito Benedicto XVI

¡Eminencia! ¡Querido hermano!

Se acerca tu 70 cumpleaños y aunque ya no puedo escribir un verdadera y propia contribución científica para el libro que se dedica en tu honor en esta ocasión, me gustaría participar con una palabra de saludo y de gratitud.

Han pasado 22 años desde que me regalaste, en marzo de 1995, tu "Katholische Dogmatik für Studium und Praxis der Theologie". Fue para mí una señal alentadora, que indicaba que también en la generación de los teólogos postconciliares había pensadores que tenían el valor de luchar por la integralidad, representando la fe de la Iglesia como unidad y totalidad. Si bien es cierto que una investigación detallada es importante, no menos importante es que la fe de la Iglesia aparezca en su unidad interna, completa, y que por lo tanto sea visible también toda la sencillez de la fe, a pesar de las complejas reflexiones teológicas. Porque la sensación que la Iglesia nos impone un paquete de cosas incomprensible, que interesan sólo a los especialistas, es un enorme obstáculo al "sí" a Dios que nos habla en Jesucristo. En mi opinión, uno se convierte en un gran teólogo, no cuando se ocupa de detalles refinados e intrincados, sino cuando es capaz de representar la unidad y sencillez final de la fe.

Tu "Dogmatik" en un único volumen me tocó también por una razón autobiográfica. Karl Rahner había presentado en el primer volumen de sus escritos un proyecto para una estructura renovada de la dogmática que había elaborado con Hans Urs von Balthasar. Naturalmente, esto había suscitado en todos nosotros una gran sed de ver este esquema completado y elaborado. El deseo que surgía por todas partes de una dogmática Rahner-Balthasar se unió, además, a una operación editorial. En los años cincuenta, Erich Wewel había convencido al padre Bernard Häring que escribiera un texto de teología moral en un único volumen, que se convirtió en un gran éxito cuando fue publicado; tras lo cual, a este competente editor se le ocurrió la idea que algo así debía llevarse a cabo en el campo de la dogmática, y que una obra completa escrita por la misma mano correspondía a una necesidad real. Obviamente, se dirigió a Karl Rahner y le pidió que escribiera este libro. Pero Rahner tenía tantos compromisos en ese momento que no pudo liberarse para una empresa tan grande. Extrañamente el editor se dirigió a mí, que estaba al principio de mi recorrido y enseñaba teología dogmática y fundamental en Frisinga. Pero, por desgracia, también yo, aunque estaba al inicio de mi camino, estaba ocupado con muchas actividades y no me sentí capaz de escribir dicha obra en un tiempo que fuera aceptable. Por ello pregunté si podía implicar a un co-autor, un amigo mío, el padre Alois Grillmeier. Colaboré en el proyecto en la medida de lo posible y me reuní en varias ocasiones con el padre Grillmeier para amplias consultas. Pero el Concilio Vaticano II ocupaba, en ese momento, todas mis fuerzas e impuso un profundo replanteamiento de toda la presentación de la doctrina tradicional de la Iglesia. Cuando en 1977 fui nombrado arzobispo de Múnich y Frisinga, estaba claro que no podía dedicarme a ese trabajo. Pero cuando en 1995 llegó a mis manos tu libro, vi de repente, en un trabajo realizado por un teólogo de la generación siguiente, lo que yo había querido hacer, pero no había podido.

Pude conocerte personalmente cuando la conferencia episcopal alemana te propuso como miembro de la comisión teológica internacional, en la que destacaste de manera particular por tu gran competencia y tu total fidelidad a la fe de la Iglesia. Cuando en 2012 el cardenal Levada, por razones de edad, dimitió de su cargo como prefecto de la congregación para la doctrina de la fe se te consideró, tras hacer todas las valoraciones, como el obispo más idóneo para asumir esta tarea.

Cuando yo asumí este cargo en 1981, el arzobispo Hamer –entonces secretario de la congregación para la doctrina de la fe– me explicó que el prefecto no debía ser necesariamente un teólogo, sino un hombre sabio que, al estar por encima de las cuestiones teológicas, no formulara juicios propios de un especialista, sino que debía más bien comprender qué había que hacer por la Iglesia en un momento determinado. La competencia teológica debía tenerla el secretario, el que dirige la "consulta", la asamblea de teólogos expertos que, juntos, dan un juicio científico correcto. Pero como en la política, la decisión final no pueden tomarla los expertos, sino los sabios que, además de tener familiaridad con el lado técnico, conocen toda la vida de una gran comunidad. Durante mis años de oficio intenté responder a este estándar. Si lo conseguí, es algo que otros deberán juzgar.

En los confusos tiempos que ahora vivimos, la convivencia entre el conocimiento técnico y la sabiduría sobre lo que, en última instancia, es decisivo me parece particularmente importante. Pienso, por ejemplo, que en la reforma litúrgica algunas cosas hubieran sido distintas si no se hubiera dejado la última palabra a los expertos, sino que hubiera habido más sabiduría al juzgar, lo que hubiera reconocido los límites del simple hombre de estudios.

Durante tus años romanos, te has comprometido siempre a trabajar no sólo como estudioso, sino como sabio, como padre en la Iglesia. Has defendido las claras tradiciones de la fe, pero en el espíritu del Papa Francisco has intentado también comprender cómo pueden ser vividas hoy.

El Papa Pablo VI quiso que los más altos cargos de la curia -los de prefecto y secretario- fueran asignados, siempre, sólo durante cinco años, con el fin de proteger la libertad del Papa y la movilidad del trabajo curial. Tu mandato quinquenal para la congregación de la fe ha llegado a término, por lo que ahora no tienes un cargo específico; pero un sacerdote y, ciertamente, un obispo y un cardenal, nunca está simplemente retirado. Por este motivo, podrás seguir sirviendo a la fe públicamente en el futuro, basándote en tu inspiración interior, tu misión sacerdotal y tu carisma teológico. Estamos todos contentos porque con tu gran responsabilidad interior y el don de la Palabra que te ha sido concedido, seguirás estando presente en la lucha de nuestro tiempo por la correcta comprensión del ser hombre y del ser cristiano. Que el Señor te ayude en esto.

Por último, quiere expresarte un agradecimiento muy personal. Como obispo de Ratisbona has fundado el "Institut Papst Benedikt XVI” que, guiado por uno de tus alumnos, lleva a cabo un trabajo verdaderamente excepcional para mantener mi trabajo teológico disponible al publico en su totalidad. El Señor te recompensará por tu esfuerzo.

Ciudad del Vaticano, Monasterio "Mater Ecclesiae",
en la fiesta de San Ignacio de Loyola 2017

Tuyo, Benedicto XVI