Tuesday, October 10, 2017

Lo repite Scalfari: Para Francisco no hay condenación de las almas, sencillamente se aniquilan

Volvemos a lo que hemos tratado en otras ocasiones, Scalfari es amigo de Francisco, pone en su boca palabras que el Vaticano desmiente muy debilmente o no desmiente. Es más, en ocasiones es Francisco el que llama a aquel que pone en su boca palabras que en teoria no dice, pero aún así lo busca y no parece desmentirlo de sus dichos.

Pues bien, con ocasión de la aparición del libro de Mons. Vincenzo Paglia “Il Crollo del Noi” (en español sería algo como “El Colapso Nuestro”), Eugenio Scalfari ha escrito ayer —muy largo, por cierto— en La Repubblica la siguiente afirmación atribuida a Francisco (en corchetes el original italiano).

El Papa Francisco —lo repito— ha abolido los lugares de eterna residencia de ahora en adelante de las almas. La tésis por él sostenida es que las almas dominadas por el mal y no arrepentidas cesan de existir, mientras que aquellas que son rescatadas del mal serán asuntas en la beatitud contemplando a Dios. Esta es la tésis de Francisco y también de [Vincenzo] Paglia.

[Papa Francesco – lo ripeto – ha abolito i luoghi di eterna residenza nell’Aldilà delle anime. La tesi da lui sostenuta è che le anime dominate dal male e non pentite cessino di esistere mentre quelle che si sono riscattate dal male saranno assunte nella beatitudine contemplando Dio. Questa è la tesi di Francesco ed anche di Paglia.]

La ocasión anterior en que Scalfari atribuyó una afirmación parecida fue en una entrevista de Mar-15-2015 también para La Repubblica cuando, según Scalfari y sin haber sido desmentido por el Vaticano, Francisco dijo:

Si el egoísmo sobrepasa y sofoca su amor por los demás, ofusca la chispa divina dentro de sí y se auto condena. ¿Qué pasa con esa alma apagada? ¿Será castigada? ¿Cómo? La respuesta de Francisco es exacta y clara: no hay castigo, sino la aniquilación de esa alma. Todos los demás participarán de la bienaventuranza de vivir en la presencia del Padre. Las almas aniquiladas no serán parte de este banquete; con la muerte del cuerpo su viaje se acaba y esta es la motivación de la Iglesia misionaria: salvar a las almas perdidas.