Thursday, December 21, 2017

El diagnóstico: La Curia Romana es “un cáncer”


Cada año por estas fechas es usual que las familias se reúnan con ocasión de la Navidad y el fin de año. En esas reuniones suele suceder que los familiares que se ven poco se reencuentren. Se aprende desde muy chico que para que ese tipo de reuniones salgan bien, una de las cosas que hay que evitar es dejar del lado las diferencias que se tengan con alguno de los parientes, olvidarse de lo malo por un instante, concentrarse en lo bueno y positivo, no echarles nada en cara y así no ser uno el causante de que la reunión tenga su punto negro.

La reflexión nos viene a la cabeza a raíz de que hoy se ha dado el acostumbrado intercambio de saludos entre Francisco y los miembros de la Curia Romana, ocasión en la cual el Pontífice pronuncia un discurso. El de hoy ha sido el quinto de su pontificado y, echando una rápida mirada a él y a los cuatro que le antecedieron, hemos llegado a la conclusión de que para Francisco la Curia es “un cáncer”.

¿Cómo es que se da la gran coincidencia de que en tres de los cinco discursos aludidos la palabra “cáncer” aparece en labios de Francisco, y no con la mejor connotación?

2017: “Esto es muy importante si se quiere superar la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos que en realidad representan —a pesar de sus justificaciones y buenas intenciones— un cáncer que lleva a la autorreferencialidad, que se infiltra también en los organismos eclesiásticos en cuanto tales y, en particular, en las personas que trabajan en ellos”.

2016: “Por otra parte, es esencial archivar definitivamente la práctica del promoveatur ut amoveatur. Esto es un cáncer”.

2014: “El mal de los círculos cerrados, donde la pertenencia al grupo se hace más fuerte que la pertenencia al Cuerpo y, en algunas situaciones, a Cristo mismo. También esta enfermedad comienza siempre con buenas intenciones, pero con el paso del tiempo esclaviza a los miembros, convirtiéndose en un cáncer que amenaza la armonía del Cuerpo y causa tantos males – escándalos – especialmente a nuestros hermanos más pequeños”.

¿En la familia de la Iglesia Curial Romana se habrán acostumbrado ya a que es siempre el padre el que en estos encuentros natalicios se concentra en lo malo y pone el punto negro de la reunión?