Saturday, November 18, 2017

Como la palabra ‘Navidad’ está secuestrada, que los Cristianos la reemplacen por la de ‘Natividad’. Propuesta de un sacerdote irlandés


Su nombre es P. Desmond O’Donnell, sacerdote Oblato de Dublín, Irlanda, quien en una columna de The Belfast Telegraph, Nov-17-2017, pág. 16 (en la imágen superior, click para ampliar), ha hecho la curiosa propuesta (¡exacto!, el periódico no es de Irlanda, es de Irlanda del Norte, es decir, un periódico Británico).

Seguidamente la traducción al español de Secretum Meum Mihi de dicha columna.

Abrazar la Natividad, y dejar el ruido comercial a los no creyentes

P. Des O’Donnell

Sin ninguna persecución abierta de la Iglesia, un gobierno militar logró secularizar el 80% del Uruguay cristiano en unos 10 años.

En América Latina, las fiestas Cristianas son expresiones de cierta fe en algún nivel. El gobierno anti-Iglesia uruguayo no intentó cambiar esto directamente. Su estrategia fue cambiar el nombre de las fiestas.

La Semana Santa se convirtió en Semana de turismo, el 8 de diciembre se convirtió en Dia de la Playa y el Día de Navidad se convirtió en Fiesta de la Familia. Los líderes del secularismo en Uruguay conocían el poder de las palabras simbólicas.

Sabían que todos los símbolos generan y tienen significados con experiencia emocional. Gradualmente cambiaron la experiencia de las personas al cambiar las palabras. L0s signos pueden señalar pero los símbolos evocan y motivan.

Tomen la palabra Navidad. Los líderes Cristianos enfatizan la etimología de la palabra —el nombre de Cristo— en nuestra predicación.

Hacemos esto con la esperanza de que la experiencia cristiana se nutra o se genere en su interior. Pero es solo por los servicios de Adviento y Navidad que mucha gente celebra lo que la palabra Navidad principalmente simboliza para ellos. La etimología de la palabra no es el problema.

El problema es la experiencia consciente o inconsciente de la persona que usa o escucha la palabra. El tema importante es lo que la palabra Navidad desencadena en nuestra conciencia.

La pregunta es: ¿qué está sucediendo dentro de nosotros cuando usamos o escuchamos la palabra Navidad? ¿Es la experiencia de la persona moderna la de imaginar al Niño Jesús en un pesebre y en forma orante pensar en la encarnación de Dios entre nosotros? ¿O es solo la de Papá Noél, las campanillas y las compras al son de los villancicos en coloridas decoradas tiendas de regalos? Cuando la palabra Navidad deja de activar algo dentro de nosotros sobre el Dios hecho hombre, parece claro que la palabra efectivamente ha perdido su significado, ha perdido su poder de generar un profundo sentimiento Cristiano. Y así parece que la palabra Navidad está perdida para la Iglesia.

Si a la mayoría de los cristianos se les pidiera que completaran espontáneamente esta oración: ‘Cuando pienso en Navidad, pienso en...’ es seguro decir que la mayoría respondería las compras, o los regalos o regresar a casa, una cena con pavo, villancicos en el radio, una semana fuera del trabajo o, tristemente, un tiempo solitario.

Las iglesias han perdido esta palabra porque ya no puede evocar una experiencia Cristiana en la mayoría de las personas. El secularismo y consumismo la han secuestrado.

También ha sucedido con la palabra Pascua, cuando los huevos y los conejos reemplazan cualquier recuerdo de la Resurrección.

Sin embargo, creo que para las comunidades de fe todavía hay tiempo para rescatar la experiencia de la Navidad.

Es posible encontrar y usar otra palabra para Navidad dentro de nuestras Iglesias y entre nosotros. Esto significaría una campaña interna silenciosa para usar una palabra nueva —o muy antigua— en homilías, en boletines parroquiales y en saludos. ¿Por qué no dejar ir la palabra Navidad, porque ya la hemos perdido?

Podríamos gradualmente sustituir la palabra Natividad en la iglesia y en la conversación entre los creyentes. ¿Podrían los clérigos acostumbrarse a decir: ‘Nos acercamos a la fiesta de la Natividad’ o ‘preparémonos para la Natividad’ y alentar a los creyentes a desearse mutuamente una muy bendita fiesta de la Natividad?

Podríamos pedirles a los parroquianos que compren tarjetas que representen la Natividad y así hacer de esta una fiesta de Natividad en lugar de la de un petirrojo, la de Papá Noél o la de un tiempo festivo.

La Natividad es una palabra cargada de significado y generadora de fe para los creyentes. Incluso puede tocar a los creyentes marginales también.

El cambio de una palabra sería interno, entre los creyentes. Podríamos dejar la palabra Navidad a nuestros amigos no creyentes.