Monday, October 16, 2017

Promueve sólo a los obispos tradicionalistas. Obispos portugueses disconformes con el Nuncio por ser poco “franciscano”


Este es un artículo de Expresso, Oct-14-2017. Traducción de Secretum Meum Mihi.

Obispos y sacerdotes acusan al nuncio en Lisboa de ser poco humano y nada “franciscano”

Las decisiones de Rino Passigato son apuntadas como “deplorables” e “incompetentes” por cardenales cercanos al Papa

ANTÓNIO MARUJO

“Muchas veces es poco humano”. El desencanto, en declaraciones a Expreso, de uno de los obispos portugueses, acerca del nuncio (embajador) de la Santa Sede en Portugal es revelador del malestar que, en una parte significativa del clero, existe en relación a Rino Passigato.

Otro obispo, que tal como el anterior, prefiere no ser identificado —como casi todos los veinte miembros del clero con quienes Expreso habló— recuerda que son conocidos “los problemas que él creara” en Bolivia y Perú, donde estuvo antes de venir para Portugal, a finales de 2008. “Los obispos que él nombraba eran de una línea tradicionalista” o apenas interesados en la carrera y en el poder, añade. En Portugal, dice, también lo ha intentado hacer, a pesar de que en algunos casos, ha tenido la oposición de obispos o sacerdotes.

Un tercer obispo añade, sin rodeos, que el nuncio “sólo hace disparates” y oye a pocas personas. Y recuerda que eran conocidas las relaciones difíciles entre él y el anterior patriarca de Lisboa, D. José Policarpo.

El desagrado comenzó temprano: poco después de llegar a Portugal, el consejo permanente de la Conferencia Episcopal Portuguesa (CEP) preguntó a Passigato qué criterio tenía para el nombramiento de obispos, pues el nuncio dejaba de pedir sugerencias de nombres. Los responsables de la CEP querían saber cómo iba a ser.

También en el Vaticano la imagen del nuncio en Lisboa “es muy flaca”, dice otro prelado. Y al menos dos cardenales con funciones muy importantes junto al Papa hablan de un comportamiento y una forma de decidir “deplorable” e “incompetente”.

Todo este mal se reavivó con la muerte inesperada del obispo de Porto, Mons. António Francisco dos Santos, que creó otra vacante más en el episcopado portugués, aumentando una lista de sustituciones nada fácil: Évora (desde Abril del año pasado), Funchal (Abril de este año) y Viseu, cuyo obispo pidió también el mes pasado —y vio que se le aceptó— su renuncia al cargo, por razones de salud.

Vila Real entra en rol ya en el próximo mes de Abril, cuando Amândio Tomás completa 75 años, por esa razón, tendrá que presentar el pedido de renuncia. Santarém estuvo sin obispo durante un año, teniendo nombrado el sucesor de Manuel Pelino el Sábado pasado. Esta conjugación de vacantes significa que el actual nuncio moldeará de forma decisiva el episcopado portugués de los próximos años.

RECELOS Y MALOS RECUERDOS

Los recelos de miembros del clero en relación al papel de Passigato se refieren, también, con casos anteriores. Uno de ellos tiene que ver con el cambio de Antonio Francisco, de Aveiro a Porto, en Marzo de 2014. El proceso demoró nueve meses, después de la salida de Manuel Clemente a Lisboa, y la lentitud mereció muchas críticas públicas a la nunciatura.

En aquel entonces, el obispo que ahora murió también resistió la nominación, y sufrió con ella: Aveiro era un barco a la medida de sus remos, solía decir, acabando nombrado contra su voluntad y sin tener en cuenta la buena relación de la diócesis con el obispo. Los católicos de cada diócesis también deberían ser llamados a dar su opinión, decía, en 2015, en una entrevista a la revista española “Vida Nueva”, el propio Don Antonio Francisco.

En el último momento antes del nombramiento para Porto, un grupo de sacerdotes aveirenses intentó advertir al nuncio. Passigato fue advertido de los problemas cardiacos del obispo, poco tiempo antes, incluso le habían hecho un cateterismo y los padres murieron ambos con un accidente cerebrovascular.

El nuncio “no estuvo bien”, dice a EXPRESSO el padre João Alves, ex rector del Seminario de Aveiro y, desde Septiembre, párroco en una de las parroquias de la ciudad. “El nombramiento para Porto no tuvo en cuenta los problemas de salud”, subraya. “Cuando él salió de Aveiro, muchos previmos un futuro no muy largo, porque conocíamos bien su manera próxima de ser obispo”. Desde el principio, varios percibieron que una muerte así “era previsible”.

Por todo ello, el padre aveirense —que en 2014 estuvo con el nuncio— escribió, después de la muerte de Don Antonio, al diplomático, lamentando la “frialdad” con que fueron acogidos hace tres años y el desenlace del proceso, incluso si “no se debe hablar de culpables”. Hasta el cierre de esta edición, no había recibido ninguna respuesta.

Otros sacerdotes recuerdan el caso del actual obispo de Angra, João Lavrador. Se cuenta que él pidió al nuncio no ir a las Azores, por tener a ambos padres en cama y necesitar apoyo. Acabó siendo nombrado, en septiembre de 2015. El padre murió en abril de 2016 y la madre en Enero de este año. “Se habla mucho sobre la familia, pero después se toman decisiones de éstas”, se lamenta un sacerdote. El propio obispo no comentó.

Hay otra voz que recuerda: en el libro “Cartas al Papa”, el antiguo obispo de Porto, Don António Ferreira Gomes, obligado al exilio por Salazar en la década de 1960, decía que sería “mucho más competente y eficaz” que el papel de los nuncios fuera desempeñado por los obispos locales y las conferencias episcopales.

El 27 de septiembre, Expresso dirigió varias preguntas al nuncio apostólico. A pesar de la insistencia, no se recibió ninguna respuesta.