Wednesday, October 04, 2017

Don Alfredo Morselli explica qué lo motivó a firmar la “corrección filial”


El P. Alfredo Morselli, sacerdote de la diócesis de Bolonia, Italia (en donde estuvo Francisco el pasado Domingo, Oct-01-2017, y de donde es Arzobispo Mons Matteo Zuppi, nombrado por el propio Francisco; por lo que se podría esperar medidas misericordinas respecto del sacerdote), es uno de los firmantes originarios de la ahora conocida “corrección filial” (correctio filialis). En la siguiente entrevista explica a La Fede Quotidiana, Oct-03-2017, qué lo motivó para hacerlo. Traducción de Secretum Meum Mihi.

Don Morselli, ¿qué lo llevó?

“El estado de confusión existente en la Iglesia, en el cual circulan y se difunden ideas y conceptos erróneos e incluso heréticos. Que quede claro: como es posible comprobar leyendo nuestro documento, sin prevención o posiciones a priori, el objeto de la corrección filial no es la persona del Pontífice que ninguno acusa de herejía”.

¿Y entonces qué disputan?

“El problema nace del hecho de que la Dubia de los cuatro cardenales sobre Amoris Laetitia no ha tenido la respuesta que era justo dar, a la par de nuestra carta del día 11 de Agosto que, al perdurar el silencio, hemos hecho pública. Creemos que sobre Amoris Laetitia es necesaria y urgente una aclaración definitiva, dado lo que está sucediendo”.

¿Qué sucede?

“Que hay una confusión objetiva. Pero es la misma Iglesia que vive esta confusión sea pastoral o doctrinal y lo que está sucediendo después de Amoris Laetitia es la prueba. Yo mismo dijo, justo a Usted, que la Iglesia vive su infierno, como ya había dicho la Virgen en Fátima. Sin embargo, sigo siendo optimista porque la Iglesia permanecerá, las fuerzas del mal nunca prevalecerán”.

¿Amoris Laetitia difunde herejías?

“El documento va en contra del Magisterio y la Tradición de la Iglesia, y contradice lo que dijo Juan Pablo II. Precisamente este es el tema de nuestra corrección filial: evitar que, con ese texto, se difundan ideas que son objetivamente heréticas. Dar la comunión al divorciado vuelto a casar civilmente y por lo tanto en pecado grave, es herético y esta indulgencia en la ética de la situación y de las circunstancias me parece peligroso. Se necesita, por el contrario, enfatizar que existen actos intrínsecamente malos que ninguna circunstancia puede volver buenos. Admitiendo a los sacramentos a aquel que se encuentra en pecado grave, destruye o abate la doctrina católica del matrimonio, de la eucarística y de la confesión. Es posible, no lo excluyo, que hoy el Papa se circunde de colaboradores en herejía que realmente no quieren su bien y son sus enemigos de hecho. Creo que está mal aconsejado. Pero, repito, nosotros no estamos en contra de la persona del Papa que no acusamos. No es un acto hostil hacia él”.