Saturday, September 30, 2017

Indirectamente lo confirma alguien que trabajó dentro: En el Vaticano se vive bajo un “reinado de terror”. Entrevista con el card. Gerhard Ludwig Müller

Tardamos un poco en razón de su extension, pero la tenemos. Hablamos de la traducción al español de una larga entrevista que el card. Gerhard Ludwig Müller, anterior prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, concedió a Edward Pentin para National Catholic Register. En ella, entre otras, el card. Müller confirma indirectamente que en el Vaticano se vive bajo un “reinado de terror” tan evidente que incluso una vez The New York Times habló de ello en un artículo de primera página (otras ocasiones en que hemos hablado del asunto: aquí, aquí, aquí). Obviamente no es eso lo único ni lo más importante de la entrevista, pero con algo llamativo teníamos que titular. También indirectamente confirma que tres de los oficiales que tenía en la CDF cuando era prefecto, fueron echados por el simple hecho de ser ortodoxos. Otra confirmación indirecta que se infiere en esta entrevista es que a él lo echaron por no sustentar la interpretación Schönborn de Amoris Lætitia, amén de otras posiciones heterodoxas, y lo mismo está ocurriendo con otros tantos personajes curiales. Pero, como lo anota en un pasaje el propio card. Müller refiriendo que espera que el Papa lea toda la entrevista y no se quede sólo con el titular, lo mismo le decimos nosotros a todos en general.

¡Ah!, y recuerden: Lo leyeron completo primero aquí.

Su Eminencia, el mes pasado se informó que, desde 2013, no se ha tomado ninguna acción contra teólogos disidentes. ¿Es esto cierto?

Esta observación no es correcta. El enfoque de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde los cambios del Concilio Vaticano II es primero promover la fe y segundo es defender la fe. En algunos casos actuamos como un tribunal por delitos contra la fe y la moral. Pero en mi época allí hubo casos en los que primero tuvimos que dialogar con algunos teólogos para resolver problemas de una manera fraterna. Pero creo que no ha habido un cambio absoluto en el papel de la congregación. Debe seguir defendiendo la fe contra las herejías, los cismas y otros delitos contra la unidad de la Iglesia y la santidad de los sacramentos, todo según la constitución apostólica Pastor Bonus (1988).

¿Así que no ha habido, por lo menos públicamente, casos de teólogos disidentes que hayan sido disciplinados de alguna manera durante los últimos cuatro años o por ahí?

A lo largo del año pasado hubo a menudo reproches contra nosotros, que pertenecen a una visión anacrónica de la CDF, que no tiene semejanza con el papel y el trabajo de la congregación en los tiempos modernos. Hubo un grupo de así llamados activistas progresistas, que emitieron propaganda contra nosotros, diciendo que la existencia de la congregación es un retroceso a los días de la Inquisición. Estas son viejas obsesiones que datan de '68. Ahora la misma gente dice que han tenido éxito en intervenir con “su” Papa, que la congregación no está haciendo su trabajo, pero esto no es cierto. Abordamos algunos casos que involucran puntos de vista problemáticos y teólogos. Por ejemplo, no pudimos dar el nihil obstat en algunos —pocos— casos.

¿Tiene ejemplos de teólogos que hayan sido disciplinados en los últimos años, tal vez de quienes no hemos oído hablar?

No, no puedo dar los nombres porque están bajo el secreto pontificio, pero mi impresión de la situación en los últimos cinco años es que no ha habido ningún cambio en el papel de la congregación.

Se ha hablado mucho de que la congregación fue degradada, incluso aislada, durante este pontificado. En su lugar, el Santo Padre prefiere consultar a sus asesores, como su cercano confidente el Arzobispo Víctor Fernández, rector de la Pontificia Universidad Católica de Argentina en Buenos Aires. ¿Están tales personas dirigiendo la doctrina, y está la CDF siendo marginada?

He oído que el Papa está cerca de ciertos teólogos, pero no pueden pretender ser intérpretes autorizados del Papa. Si el arzobispo Fernández hace una declaración, por ejemplo, eso es sólo privado. No tiene más peso que las declaraciones de otros obispos —y ciertamente para toda la Iglesia, él no tiene autoridad magisterial— y por lo tanto no tiene más autoridad para mí que cualquier otra voz teológica.

Pero cuando él es el escritor fantasma de un documento como Amoris Laetitia , como la evidencia ha demostrado, ¿entonces sus puntos de vista se convierten en autorizados?

No sé si fue el escritor fantasma del octavo capítulo de Amoris Laetitia [el muy controvertido capítulo sobre, entre otras cosas, permitir la Santa Comunión para los divorciados vueltos a casar en un pequeño número de casos especiales]. Es un texto del Papa, no de Victor Fernández o de cualquier otro escritor fantasma. Los documentos magisteriales son el producto de un proceso de preparación teológica; y en otros tiempos nos daban los nombres de los teólogos que habían hecho un borrador o habían añadido puntos o reflexiones a él. Pero al final, lo que es decisivo es la autoridad del Papa. Una exhortación apostólica del Papa Francisco, y todo lo que dice acerca de la doctrina, tiene una autoridad magisterial. Es vinculante según el rango de esa declaración particular. No contiene ningún “dogma nuevo”, sino más bien es una exposición del dogma siempre sostenido y enseñado por la Iglesia.

En Amoris Laetitia no hay nueva doctrina o explicación de algunos puntos jurídicos de la doctrina, sino una aceptación de la doctrina de la Iglesia y de los sacramentos. La única cuestión es su aplicación pastoral en situaciones extraordinarias. El Papa no cambiará ni puede cambiar la doctrina o los sacramentos. Lo que él quiere es ayudar a las parejas en circunstancias muy difíciles como un buen pastor, pero de acuerdo con la palabra de Dios.

Usted dice que no sabe las razones por las cuales el Papa no renovó su mandato como prefecto, pero ¿podría ser porque hay una ola de heterodoxia en los niveles más altos, y usted no encaja en eso porque es considerado ortodoxo? Entonces Usted tiene Amoris Laetitia y su interpretación de ella que diverge de aquellas sostenidas por los consejeros más cercanos del Papa y, en vista de sus comentarios sobre el tema, muy posiblemente los del propio Papa. ¿Podría esta ser la razón para terminar su término?

No lo sé porque no se me ofreció ninguna explicación. El Papa sólo me vio en una audiencia privada rutinaria, al final de mi mandato, para discutir el trabajo de la congregación, y dijo: “Eso es todo”. Todas las demás explicaciones en los medios de comunicación son especulaciones. Es cierto que hace algún tiempo el Papa me dijo que algunos de sus “amigos” habían estado diciendo que “Müller es un enemigo del Papa”. Supongo que estas fueron acusaciones anónimas y el anonimato de los acusadores sugiere que no eran dispuestos a exponer sus argumentos a la luz de una discusión honesta y abierta. El uso de tales tácticas es siempre perjudicial para la vida de la Iglesia y para el funcionamiento de la Curia. Mirando la historia, vemos que los tribunales a menudo son arruinados por tales intrigas, y esto es algo que el propio Papa ha condenado muy fuertemente como un mal de larga data en la Curia Romana. Me aseguró que no se debe dar crédito a esos chismes.

Por el bien de la Curia y de la Iglesia, debe haber un diálogo abierto. Debo refutar cualquier calumnia que se haya originado en ciertas partes de la prensa, o de ciertos círculos ultramontanos y vaticanistas, y de este grupo anónimo de falsos “amigos” alrededor del Santo Padre que han cuestionado mi lealtad. Toda mi vida como sacerdote, teólogo y obispo, he trabajado por el Reino de Dios y su Santa Iglesia. Y presentarme como un enemigo del Sucesor de San Pedro es completamente loco e injusto.

A lo largo de los pontificados de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, como teólogo y obispo, fui acusado por personas con actitud antirromana de estar demasiado cerca del Papa y de no haber mantenido una distancia crítica de Roma. Es ciertamente irónico que estas mismas personas me acusaran ahora de ser un enemigo del Papa. Obviamente, esto es un comportamiento oportunista que estamos viendo. El mayor peligro para el Papa en estos días son estos oportunistas, los carreristas y falsos amigos que no se preocupan por el bien de la Iglesia, sino por sus propios intereses financieros y por su propio progreso.

¿Cree usted que el Papa estás pobremente aconsejado por estas personas a su alrededor, o es su remoción una manifestación de su propia voluntad?

No lo sé. Como dije, no recibí ninguna explicación para mi despido, y sería erróneo especular. Pero mantengo firmemente mi fidelidad al Papa Francisco, a quien me dediqué como un colaborador leal. En este año de la conmemoración de la revolución Protestante contra la primacía de la Santa Iglesia Romana, publiqué un estudio histórico y teológico sobre la misión del Papa como Sucesor de San Pedro, por lo que no es como si no me diera cuenta la importancia del papado en la Iglesia de Jesucristo. Lo importante es que debemos amar a la Iglesia porque es la Esposa de Cristo. Amarla significa que a veces tenemos que sufrir con ella, porque en sus miembros ella no es perfecta, y así permanecemos leales a pesar de las decepciones. Al final, es la forma en que aparezcamos a los ojos de Dios lo que importa, en lugar de cómo somos considerados por los hombres.

Mientras que usted fue cabeza de la CDF, hubo informes de que la congregación hizo correcciones a varios borradores de documentos papales, en particular Amoris Laetitia, pero también a la exhortación apostólica del Papa Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio), pero ellas fueron ignoradas.

No tenemos el derecho en la congregación para corregir al Santo Padre, eso es muy claro, pero siempre ha sido habitual que los primeros borradores necesiten un comentario oficial de la congregación. En cuanto a Amoris Laetitia, no sé quién hizo la última redacción (edición final), las últimas correcciones o la edición.

¿Le molesta que sus correcciones a estos documentos fueran ignoradas?

No todas fueron ignoradas, el Santo Padre no está obligado a aceptar nuestras correcciones, pero no sé quién hizo la síntesis de todos los textos y los trajo al Santo Padre. Si es así, que las mismas personas que hicieron el primer borrador también hicieron la redacción final y que decidieron si aceptar o no las sugerencias, entonces eso no estaría en orden. El Santo Padre no puede hacer personalmente toda la elaboración de diferentes sugerencias de esta y otras congregaciones, de otros teólogos. Es libre de preguntar a cualquiera. Si usted es un teólogo de la congregación y se le pide por el Santo Padre que haga un borrador, debe distinguir entre su propia teología personal y lo que saldrá, de modo que sea un documento del magisterio papal. Uno debe ser muy humilde en la preparación de un texto, siempre cauto para no aprovechar la oportunidad para presentar su propio punto de vista personal y para elogiarse a sí mismo o dejarse ser celebrado como el famoso consejero del Papa. Cuanto más responsable es Usted, más discreto tiene que ser.

Dada la disminución de la congregación, ¿por qué sigue siendo importante? Si está siendo despojada de su papel principal, ¿por qué es necesaria?

En la atmósfera actual en la Iglesia Católica, hay muchos prejuicios contra la congregación, basados en conceptos erróneos y mitos. Para algunas personas, mencionar la CDF evoca imágenes de películas de Hollywood sobre la Inquisición, las quemas en la hoguera, etc. Lo que ocurrió o no hace siglos es una cuestión para los historiadores, pero no guarda ninguna relación con el trabajo de la congregación hoy, cuando su trabajo es apoyar al Santo Padre en su misión en 2017. Pero algunas personas no entienden lo que es el consistorio de todos los cardenales, y no entienden la enseñanza teológica que sustenta el papel de la Curia Romana. No es simplemente un aparato funcional o una burocracia.

Los cardenales representan la Santa Iglesia Romana. El Papa es la cabeza de la Iglesia Romana, que es ecclesia principalis (la Iglesia principal) en la comunión de todas las diócesis, de los obispos y de las iglesias de todo el mundo.

Con el tiempo, se desarrolló este grupo de clérigos Romanos para servir no sólo a la Diócesis de Roma, sino al servicio del Santo Padre para toda la Iglesia. A medida que este cuerpo de clérigos principales de la Iglesia Romana evolucionó, los cardenales formaron un colegio; y ahora tienen el importante papel de elegir al Papa y de ser sus principales asesores y colaboradores.

En el siglo XVI, hubo una división de responsabilidades, de modo que a un grupo se le dio la supervisión de la doctrina, a otro el nombramiento de futuros obispos, a otro de la liturgia. Pero cuando consideramos la misión de la Iglesia, está claro que la Congregación para la Doctrina de la Fe es la más importante porque la misión de la Iglesia es predicar el Evangelio de la verdad de la revelación.

El Santo Padre, como Sucesor de San Pedro, tiene que unir la Iglesia. Su misión y tarea es proclamar: “Tú eres Cristo, Hijo del Dios Viviente” (Mateo 16:16). Todas las otras verdades están incluidas en esta realidad cristológica, en relación con el Dios Trino y Uno y en la revelación de Cristo para nosotros como el Redentor de toda la humanidad. Por lo tanto, la congregación es tan importante para el Santo Padre. Tiene el derecho de cumplir su misión con la ayuda de la Santa Iglesia Romana en esta forma de la congregación de 25 cardenales, algunos obispos, el personal de trabajo y un montón de consultores.

¿Se ha perdido eso, cree?

No está perdido, pero me temo que no hay una idea clara del status eclesiológico de la Iglesia Romana en la forma de la congregación de los cardenales y de la Curia Romana. Algunos piensan que un Papa personalmente puede hacer lo que quiera porque es soberano absoluto, pero eso no es cierto.

Él es el “Siervo de los siervos de Dios”.

Él lo es, y el papel del Papa como cabeza del estado Vaticano no tiene nada que ver con el Papa como cabeza visible de la Iglesia, el principio de la unidad de la Iglesia en la verdad revelada. La independencia del Papa de los poderes mundanos es necesaria para su misión, pero no es independiente de la ley moral. Él es, de hecho, el primer intérprete de la ley moral natural.

Como el primero y el ultimo, el más alto, el más importante intérprete de la revelación de Dios en Jesucristo, no es una persona aislada, sino cabeza de la Iglesia Romana y, por lo tanto, depende de la cooperación cualificada y comprometida de la Iglesia Romana en la forma de los cardenales y de los dicasterios de la Curia Romana.

¿Cree usted que los frutos de esta disminución de la CDF y del papado es por lo qué estamos viendo este caos y confusión, obispos teniendo diferentes y, algunos teólogos argumentan, interpretaciones heréticas de Amoris Laetitia, por ejemplo? ¿Es a causa de esta ignorancia, o falta de respeto, si se quiere, por lo que la Iglesia está?

Creo que el Papa no debe ser culpado por esta confusión, pero está autorizado por Jesucristo para superarlo. El Papa, como obispo de la primera Iglesia apostólica en la comunión mundial de las Iglesias Católicas, es el principio y fundamento permanente de la unidad de la Iglesia en la fe y en la comunión en el amor (Lumen Gentium 18).

Él es conocido por prestar mucha atención a los medios de comunicación, y por lo tanto debe saber lo que está pasando. Por lo tanto, ¿no le incumbe a él poner corregir esto, en el interés de la unidad de la Iglesia, y que esta responsabilidad recae en él y sólo en él?

No quiero criticarlo, públicamente o en privado. Pero soy libre de decir lo que creo que es para el bien de la Iglesia. He hecho algunas intervenciones en mi oficio como prefecto de la congregación, en las que expliqué que la única interpretación verdadera y correcta de Amoris Laetitia —que en conjunto es muy buena y en favor del matrimonio— es la interpretación ortodoxa, por la que queremos decir: está en la línea de la Sagrada Escritura, de la Tradición apostólica y de las decisiones definitivas del magisterio papal y episcopal, que es continua hasta ahora. En ninguna parte de Amoris Laetitia se exige a los fieles creer nada que esté en contra del dogma porque la indisolubilidad del matrimonio es muy clara. La única pregunta es si, en algunos casos, el verdadero matrimonio existe en el contexto actual, en una cultura donde la definición de matrimonio es muy diferente de lo que la Iglesia está enseñando.

¿Es problemático que el Papa esté dando sus propias interpretaciones que parecen estar en desacuerdo con la interpretación ortodoxa que usted expone, por ejemplo su carta a los obispos argentinos y su alabanza a los obispos malteses?

En el caso de la carta a los obispos argentinos, si el Papa está escribiendo una carta personal y privada, no es un documento doctrinal oficial.

Ha sido publicado en el sitio web del Vaticano.

El sitio web del Vaticano tiene algo de peso, pero no es una autoridad magisteiral, y si Usted mira lo que los obispos argentinos escribieron en su directiva, puede interpretarlo de una manera ortodoxa.

Para volver a la CDF, ¿cómo le gustaría verla volver a su propósito declarado? ¿Cómo le gustaría que lo hiciera bajo su nuevo prefecto, el arzobispo Luis Ladaria?

Teológicamente, el arzobispo Ladaria y yo tenemos absolutamente el mismo entendimiento de la fe y de la teología católica, porque se refiere a los grandes Padres de la Iglesia y los teólogos y tiene una orientación por el fundamento de los versículos de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios, de la Tradición apostólica, el mismo marco. Pero espero que el secretario y subsecretario tengan también esta comprensión: servir a la fe ortodoxa, servir al Santo Padre en su importante papel para la unidad de la Iglesia y de la verdad revelada. La competencia es más importante que las amistades, y la sinceridad sirve más que las ambiciones. Le dije personalmente al Santo Padre que es especialmente importante que los miembros de la congregación, los superiores, nuestros colaboradores y nuestros consultores sean, en primer lugar, ortodoxos, tengan competencia teológica y tengan una buena vida moral y una profunda espiritualidad como sacerdotes.

¿Tal oportunismo le perturba?

El Santo Padre, en su segundo discurso de Navidad a la Curia Romana, a los cardenales, habló muy general de las 15 enfermedades de la Curia. Muchos de los participantes se sintieron ofendidos porque la prensa habló sobre los funcionarios del Vaticano como si todos fueran los carreristas y oportunistas, buscando sólo dinero y grandes apartamentos, etc. Pero no se debe hablar en general de las personas presents como si fueran culpables o estúpidas.

No se debería promover a los carreristas y oportunistas, y a otras personas que son colaboradores competentes no excluirlas sin razón alguna o se expulsarlas de la Curia. No es bueno. He oído de algunas casas aquí, que las personas que trabajan en la Curia viven con gran temor: si dicen una pequeña palabra o inofensiva crítica, algunos espías pasarán los comentarios directamente al Santo Padre, y los falsamente acusados no tienen alguna posibilidad de defenderse. Estas personas, que están hablando malas palabras y mentiras contra otras personas, son inquietantes y perturban la buena fe, el buen nombre de otros a quienes llaman sus hermanos.

El Evangelio y las palabras de Jesús son muy fuertes contra aquellos que denuncian a sus hermanos y que están creando esta mala atmósfera de sospecha. He oído que nadie habla; todo el mundo está un poco temeroso porque pueden ser capturados. No es el comportamiento de personas adultas, sino el de un internado.

Una figura mayor de la Iglesia, hablando conmigo bajo condición de anonimato, lo llamó un “reinado de terror”.

Es lo mismo en algunas facultades teológicas, si alguien tiene alguna observación o pregunta sobre Amoris Laetitia, será expulsado, y así sucesivamente. Eso no es madurez. Una cierta interpretación de la nota 351 del documento no puede ser un criterio para convertirse en obispo. Un futuro obispo debe ser un testigo del Evangelio, un sucesor de los apóstoles, y no sólo alguien que repite algunas palabras de un único documento pastoral del Papa sin una madura comprensión teológica.

Debemos distinguir entre lo que es la doctrina oficial de la Iglesia, el papel del Papa, y lo que él está diciendo en conversaciones privadas. Esas opiniones privadas del Papa deben ser respetadas porque son opiniones y palabras del Santo Padre, pero nadie está obligado a aceptar acríticamente todo lo que dice, por ejemplo, sobre cuestiones políticas o científicas. Esa es su opinión personal, pero nada que ver con nuestra fe Católica, por la cual estamos justificados en la gracia de Dios.

En cuanto a Amoris Laetitia y el temor de criticarla, y la falta de respuesta a las dubia , ¿no es la ironía que va en contra del deseo del Papa por la parrhesia (hablar con audacia y franqueza) y el diálogo?

Todo el que se convierte en obispo, cardenal o papa debe aprender a distinguir entre los críticos que están en contra de la persona y los críticos contra la misión que Usted tiene. El Santo Padre, Francisco, debe saber que es importante aceptar su intención: ayudar a aquellos que están lejos de la Iglesia, de la creencia de la Iglesia, de Jesucristo, que querían ayudarlos. ... Esta discusión no está en contra de él, no está en contra de sus intenciones, pero hay necesidad de más aclaraciones. También, en el pasado, tuvimos discusiones sobre la fe y la aplicación pastoral de la misma. No es la primera vez que esto sucede en la Iglesia, ¿por qué no aprender de nuestras largas experiencias como Iglesia, tener una buena y profunda discusión en la promoción de la fe, de la vida de la Iglesia y no personalizar y polarizar? No es una crítica personal de él, y todo el mundo debe aprender y respetar su alta responsabilidad. Es un peligro muy grande para la Iglesia que algunos grupos ideológicos se presenten como los guardianes exclusivos de la única verdadera interpretación de Amoris Laetitia. Ellos sienten que tienen el derecho de condenar a toda persona con otro punto de vista como estúpida, rígida, pasada de moda, medieval, etc.

Nadie puede decir, por ejemplo, que el cardenal Caffarra no entendiera nada de teología moral. A veces el comportamiento no cristiano se imprime en L'Osservatore Romano, el periódico semi-oficial del Vaticano, o se da en órganos oficiales de los medios de comunicación, para hacer polémicas y retórica. Esto no nos puede ayudar en esta situación, sólo una profunda discusión teológica lo hará.

¿Cree que esta falta de voluntad para discutir, y esta tendencia a hacer las cosas personales, es porque los que hacen estas acusaciones no tienen realmente la fuerza de sus propias convicciones, que saben que sus argumentos no resistirán a un examen riguroso?

Toda mi vida, después del Concilio Vaticano II, he notado que los que apoyan el llamado progresismo nunca tienen argumentos teológicos. El único método que tienen es desacreditar a otras personas, llamándolas “conservadoras”, y esto cambia el punto real, que es la realidad de la fe, y no en su disposición subjetiva, psicológica personal. Por “conservador”, ¿qué quieren decir? ¿Alguien que ama las formas de los años 50, o las viejas películas de Hollywood de los años 30? ¿Fue la sangrienta persecución de los católicos durante la Revolución Francesa por los jacobinos progresista o conservadora? ¿O es la negación de la divinidad de Cristo por los Arrianos del siglo IV liberal o tradicional? Teológicamente no es posible ser conservador o progresista. Estas son categorías absurdas: Ni el conservadurismo ni el progresivismo tienen nada que ver con la fe Católica. Son formas políticas, polémicas y retóricas. El único sentido de estas categorías es desacreditar a otras personas.

Tenemos la Sagrada Escritura, tenemos la revelación escatológica en Jesucristo, la irreversibilidad de Jesucristo, la Encarnación, la salvación de la cruz, la Resurrección, la Segunda Venida de Jesucristo para el fin del mundo. ... La responsabilidad del Papa y de los obispos es superar la polarización. Por lo tanto, es muy peligroso para la Iglesia dividir a los obispos en amigos y enemigos del Papa con respecto a una nota de pie de página en una exhortación apostólica. Estoy seguro de alguien me denunciará también por esta entrevista, pero espero que el Santo Padre lea mi entrevista completa aquí y no sólo algunos titulares, que no pueden dar una impresión completa de lo que dije.

¿Diría usted que nunca hemos tenido un Papa así, que tiene este disputado enfoque de la doctrina, distinguiendo entre la enseñanza y la práctica pastoral, y permitiendo así que las falsas interpretaciones crezcan? En ese contexto, ¿diría usted que la CDF es más necesaria que nunca?

Tiene otro enfoque: Juan Pablo II y los anteriores Papas Paulo VI y Benedicto XVI, se encontraron con todas las cuestiones modernas y la génesis del mundo moderno; dieron buenas explicaciones. Él [Francisco] piensa que su contribución no es de esta manera, porque lo que está claro es tener un enfoque pastoral desde el llamado Tercer Mundo. Los pobres son la clave de la Nueva Evangelización, y él quiere que, es verdad, y una muy buena intención tratar de superar esta contraposición en la Iglesia. El Santo Padre quiere decir no sólo que esto o aquello no está permitido, sino dar más importancia a las buenas intenciones, a la positividad, para decir que el Evangelio está a favor de la vida, no sólo contra el aborto, por ejemplo.

Tenemos la relación inseparable entre la fe y la vida, la gracia y el amor, y no el dualismo entre la teoría y la práctica. Es un enfoque marxista distinguir los dos. No estamos hablando desde la teoría porque la creencia no es una teoría; la creencia es la unidad con Dios en nuestra conciencia. Nuestras categorías no son la teoría y la praxis, sino la verdad y la vida, ambos dones de la gracia, formas de la comunicación con Dios en la Iglesia como el Cuerpo de Cristo. Por lo tanto, la práctica pastoral significa llegar a un verdadero entendimiento de lo que Cristo como pastor y buen pastor está haciendo por nosotros, llevándonos a la vida eterna.

¿Qué otras preocupaciones le gustaría ver abordadas, en la CDF y más allá, quizás?

El papel de la CDF es muy importante: El prefecto y todos los colaboradores dan entrevistas y charlas que promueven la fe. Esta era una nueva identidad que el cardenal Joseph Ratzinger había configurado en su largo tiempo como prefecto y no podemos volver al antiguo enfoque preconciliar cuando la CDF, o el Santo Oficio, era un defensor burocrático detrás de los muros del Vaticano y todo el mundo tenía miedo de recibir una carta de la congregación. Esa es una forma antigua, y espero que no haya regreso a eso. La congregación tiene que ofrecer a la Iglesia, especialmente obispos y teólogos, impulsos y orientaciones para los maestros de la fe. La mejor ayuda para el Santo Padre hoy es una congregación de alto perfil para la doctrina de la fe y la moral.

Y sin embargo, a muchas personas les gustaría ver a la CDF siendo más una defensora de la fe, especialmente hoy. Es casi como si hubiera una ausencia de autoridad para defender la fe que provenga del Vaticano. ¿Qué dice a eso?

Siempre traté de evitar esta impresión. Di muchas charlas en todo el mundo. Lo que ofrecí fue la promoción de la fe y de toda la enseñanza, la defensa de la fe, nuevas cuestiones de dogma y cuestiones morales, y especialmente los desafíos de la bioética y todos estos grandes esfuerzos, como la ideología de género, que destruirá absolutamente el fundamento de la existencia humana, de la familia y del futuro.

Pero ¿qué pasa con el problema del pensamiento secularista y la heterodoxia dentro de la Iglesia y la defensa de la ortodoxia?

Lo que podía hacer, lo hice. Comprendí el papel del prefecto en esta nueva visión manifestada por el cardenal Ratzinger y luego por su sucesor, el cardenal William Levada, y por lo tanto el papa Benedicto XVI me nombró. Espero que la CDF continúe con esta línea promoviendo la fe. Lo que necesitamos es un gran esfuerzo por la verdad de la fe y no una batalla por más poder en toda la Iglesia y especialmente en la Curia Romana.

La cuestión de hoy no es acerca de más poder para los funcionarios de la Iglesia, sino la verdad de Dios para las vidas de todos los hombres. Paulo VI cometió un cierto error cuando cambió el papel de la congregación, y se convirtió en una entre las otras congregaciones. La verdad es que la CDF es más importante que las demás, no porque sus miembros se consideren mejores y más poderosos que los demás, sino porque el fundamento de la Iglesia no es la política, sino la fe. El secretario de Estado tiene el trabajo de organizar a los nuncios apostólicos, trabajando por la paz y la libertad entre los estados, por la justicia social y así sucesivamente. Es un papel muy importante, pero, sin embargo, la Iglesia no es una organización política; no es una organización social; no es una ONG [organización no gubernamental]. El Santo Padre subraya todo el tiempo que somos el sacramento de la unidad completa entre Dios y el hombre sobre la base de la verdadera fe, la esperanza y el amor, y nadie puede cambiarlo.

¿Le gustaría que el Papa respondiera a la dubia? ¿Es eso vital para el bienestar de la doctrina?

Lo mejor hubiera sido que el Santo Padre hubiera tenido una audiencia antes de su publicación. Ahora tenemos el espectáculo de una prueba de fuerza. Es mejor hablar antes y profundizar las preguntas y dar buenas respuestas.

¿Cuál es su opinión sobre la corrección? Dada la profundidad de la preocupación entre muchos sacerdotes y fieles sobre los temas planteados, ¿qué tan importante es que el Papa de una respuesta?

Lo que la Iglesia necesita en esta seria situación no es más polarización y polémica, sino más diálogo y confianza recíproca. El Santo Padre y todos los buenos pastores están deseando la plena integración de las parejas en situaciones irregulares. Pero esto debe suceder de acuerdo con las condiciones generales de la recepción digna y válida de los sacramentos sagrados. Debemos evitar nuevos cismas y separaciones de la única Iglesia católica, cuyo principio permanente y fundamento de su unidad y comunión en Jesucristo es el actual Papa Francisco y todos los obispos en plena comunión con él. El Sucesor de San Pedro merece el pleno respeto por su persona y su mandato divino, y, por otra parte, sus honestos críticos merecen una respuesta convincente. Una posibilidad de la solución podría ser que un grupo de cardenales comprometidos por el Santo Padre inicie una disputa teológica con algunos prominentes representantes de la dubia y de las “correcciones” sobre la interpretación diferente y a veces polémica de algunas declaraciones en el capítulo 8 de Amoris Laetitia.

Hay rumores de que la CDF tenía un archivo sobre el Arzobispo Fernández porque su teología era problemática. ¿Sabe sobre esto?

No; fue antes de mi tiempo. Una vez, en una entrevista en Corriere della Sera (2015), él me criticó públicamente, diciendo que el prefecto de la congregación no tiene nada que decir, que el Papa es su amigo, él es el verdadero intérprete, que el Santo Padre está iluminado directamente por El espíritu santo. Pero nunca he leído que el Santo Padre esté iluminado por el Espíritu Santo en el entendimiento de una nueva revelación. El Papa sólo es asistido por el Espíritu Santo para la interpretación auténtica de la revelación de Dios en Cristo. Él y los obispos son cooperadores humanos en la transmisión de la Revelación, que está dada completamente en Jesucristo, el Verbo de Dios encarnado, pero no reciben ninguna otra revelación.

Los Evangelios son palabras humanas inspiradas por el Espíritu Santo, pero eso no excluye la verdadera cooperación humana de los Evangelistas. La teología católica no habla de la “iluminación del magisterio del Papa y de los obispos”. Los apóstoles escucharon las palabras de Jesús, era una mediación humana por la naturaleza humana, por lo que la cooperación de la Iglesia es absolutamente necesaria. Ciertamente la fe es dada por el Espíritu Santo, pero por la mediación de la evangelización. Nadie puede creer a menos que oiga por los oídos humanos la palabra de Dios.

Cuando algunos de los consejeros del Papa a menudo invocan al Espíritu Santo para justificar sus posiciones, lo que implica que si alguien no lo entiende, no entiende el funcionamiento del Espíritu Santo, ¿es esto una tendencia peligrosa?

Me temo que hay un cierto malentendido Pentecostal del papel del Espíritu Santo. En el Verbo de Dios Encarnado, en el Hijo de Dios, Jesucristo, a nosotros se nos da toda la gracia y la verdad. El Espíritu Santo actualiza la revelación plena en la doctrina, los sacramentos de la Iglesia. El Santo Padre juega aquí un papel muy importante en la Tradición apostólica, pero no el único. Su enseñanza está regulada por la Palabra de Dios en la Biblia y la Tradición dogmática de la Iglesia. El magisterio y todos los creyentes están apoyados por el Espíritu Santo en la actualización de la revelación plena y completa, pero no reciben ninguna nueva revelación pública como parte del depositum fidei , como confirmó el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 25).

Nadie puede exigir a un católico que crea una doctrina que esté en obvia contradicción con la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y las definiciones dogmáticas de los Papas y los concilios ecuménicos en materia de fe y moral. Lo que se necesita es una obediencia religiosa, pero no una fe ciega, por el Papa y los obispos, y nada en absoluto por amigos y asesores privados.

Estas personas deben salir con sus argumentos, y no les está permitido exigir ningún respeto por su supuesta autoridad magisterial. Nosotros no sólo creemos las cosas porque un Papa las enseña, sino porque estas verdades están incluidas en la Revelación (cf. Concilio Vaticano II, Dei Verbum , 10).