Friday, July 21, 2017

Una Palabra sobre las Herramientas Útiles, columna del Arzobispo de Filadelfia, EEUU

Presentamos nuestra traducción al español de una reciente columna del card. Charles J. Chaput, O.F.M. Cap, Arzobispo de Filadelfia, EEUU; el tema central de la cuál es el reciente artículo de La Civiltà Cattolica en donde se ataca a los conservadores estadounidenses.

Una Palabra sobre las Herramientas Útiles

por el Arzobispo Charles J. Chaput, O.F.M. Cap.
18 de Julio de 2017


La historia está llena de grandes citas que las personas nunca dijeron. Una de las mejores líneas viene de Vladimir Lenin. Él describió a los progresistas, demócratas sociales, y otros compañeros de viaje como “idiotas útiles”, ingenuos aliados en la revolución a quienes los Bolcheviques rápidamente aplastaron cuando tomaron el poder. O más o menos dice la leyenda. De hecho, no hay evidencia de que Lenin en realidad dijera esas palabras, por lo menos en público. Pero a nadie parece importarle. Es una línea urgente, y a su manera, completamente cierta. El ingenuo y el imprudente pueden muy fácilmente terminar como herramientas útiles en un conflicto más grande; o para enmarcarlo más generosamente, como inocentes útiles. El resultado es usualmente el mismo. Son descartados.

La historia también está llena de infortunados comentarios que sí fueron dichos realmente, como los encontrados, por ejemplo, en un reciente artículo de un periódico con base en Roma que muchos han ya justamente criticado. El artículo en cuestión, “Fundamentalismo Evangélico e Integralismo Católico en Estados Unidos: Un Ecumenismo Sorprendente”, de La Civiltà Cattolica, es un ejercicio de adormecer y de presentar inadecuadamente la naturaleza de la cooperación Católico/evangélica sobre la libertad religiosa y otros puntos clave.

Los Católicos y otros Cristianos que se ven a sí mismos como progresistas tienden a ser cautelosos del debate de la libertad religiosa. Algunos desconfían de ella como cortina de humo para los políticos conservadores. Algunos se inquietan por la cooperación de muchos Católicos y evangélicos, así como de Mormones y muchos Ortodoxos, de echar atrás en contra del aborto deliberado de defender el matrimonio y la familia, y de resistir los esfuerzos LGBT para debilitar la protección de la libertad religiosa por medio de leyes coercitivas “anti-discriminación” de orientación sexual e identidad de género.

Pero la diferencia entre estas comunidades de fe se profundiza. Sólo el peligro real y presente podría unirlos. La cooperación de Católicos y evangélicos era más bien rara cuando yo era un joven sacerdote. Su actual ayuda mutua, el ecumenismo que parece inquietar a La Civilta Cattolica, es una función de preocupaciones y principios compartidos, no la ambición del poder político. Como dijo una vez un amigo evangélico, toda la idea de la fe Bautista va en contra de la integración de la Iglesia y el estado. Los observadores extranjeros que quieren criticar a los Estados Unidos —y sí, siempre hay abundancia para que critíque— deberían notar ese hecho. Es más bien básico.

Rechazar los actuales ataques a la libertad religiosa como una “narrativa del miedo” —como el autor de La Civiltà Cattolica curiosamente lo describe— habría tenido sentido hace 25 años. Ahora suena intencionadamente ignorante. También ignora el hecho de que la cultura de guerra de los Estados Unidos no fue deseada, y no fue iniciada, por personas fieles a la constante creencia Cristiana. Así que es como una sorpresa especialmente rara cuando los creyentes son atacados por sus correligionarios solamente por combatir por aquello por lo que las Iglesias han mantenido siempre que es verdad.

Más temprano este mes, uno de los principales arquitectos y financiador del activismo LGBT dijo públicamente lo que debería haber sido completamente obvio: El objetivo de por lo menos algún activismo gay no es simplemente asegurar equidad para los atraídos por el mismo sexo, sino “castigar al malvado”, en otras palabras, castigar a aquellos que se oponen a la agenda cultural LGBT. No se necesita un genio para imaginarse a quiénes incluiría. Los conflictos actuales sobre la libertad religiosa y la identidad involucran una casi perfecta inversión de lo que una vez significaba correcto y equivocado.

Los Católicos están llamados a tratar a todas las personas con caridad y justicia. Eso incluye a los que odian lo que nosotros creemos. Ello requiere una conversión de corazón. Requiere paciencia, coraje y humildad. Necesitamos arrojar cualquier tipo de auto-rectitud. Pero la caridad y la justicia no pueden ser separadas de la verdad. Para los Cristianos la Escritura es la Palabra de Dios, la revelación de la verdad de Dios, y no hay forma de ablandar o desviar la sustancia de Romanos 1, 18-32, o de cualquier otro de los llamados bíblicos a la integridad sexual y a la conducta virtuosa. Tratar de hacerlo degrada lo que los Cristianos han siempre afirmado creer. Nos reduce a herramientas útiles de aquellos quienes asfixiarían la fe que tantos otros Cristianos han sufrido, y están ahora sufriendo, para testimoniar completamente.

Esto es por lo que grupos que luchan por la libertad religiosa en las cortes, en las legislature, y en la plaza pública —grupos distinguidos como la Alliance Defending Freedom and Becket (anteriormente conocida como Becket Fund for Religious Liberty— son héroes, no aborrecedores [lit. en inglés “haters”, sin traducción equivalente en español. N.de T.].

Y si sus esfuerzos atraen juntos a Católicos, a evangélicos y a otras personas de buena voluntad en causa común, debemos agradecer a Dios por la unidad que ello trae.