Saturday, May 13, 2017

Lo sugirió Francisco: El Santo Padre que Jacinta vio rezando delante del Inmaculado Corazón de María, soy Yo


En su homilía durante la Santa Misa con el rito de canonización de los beatos Francisco Marto y Jacinta Marto, atrio del Santuario de la Basílica de Nuestra Señora de Fátima en Fátima, Portugal, May-13-2017, citando las “Memorias de la Hermana Lucía” (María Lucía de Jesus e do Coraçào Imaculado, era su nombre de religiosa), Francisco ha dicho:

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas.

Aunque no lo ha afirmado directamente, es evidente que Francisco se ha veladamente autoidentificado con aquel Santo Padre que mencionó Jacinta.

En la relación del “coloquio” entre el Mons. Tarcisio Bertone (por entonces secretario de la CDF, posteriormente cardenal Secretario de Estado) y Sor Lucía, que tuvo lugar en Abr-27-2000 por encargo de Juan Pablo II, y dado a conocer en Jun-26-2000, cuando se publicó el que el Vaticano tituló “El Mensaje de Fátima”, a este respecto Sor lucía afirmó:

«Nosotros no sabíamos el nombre del Papa, la Señora no nos ha dicho el nombre del Papa, no sabíamos si era Benedicto XV o Pío XII o Pablo VI o Juan Pablo II, pero era el Papa que sufría y nos hacía sufrir también a nosotros».

Eso era en 2000, porque ahora...

Finalizamos citando exactamente aquel pasaje de las “Memorias de la Hermana Lucía” en que Jacinta hablaba de un “Santo Padre”, pasaje citado hoy por Francisco en su homilía.

En otra ocasión, fuimos al Roquedal del Cabezo. Llegados allí, nos pusimos de rodillas en tierra, para rezar las oraciones del Ángel. Pasado algún tiempo, Jacinta se pone en pie y me llama:

– ¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?

Pasados algunos días me preguntó:

– ¿Puedo decir que vi al Santo Padre y a todas aquellas gentes?

– No. ¿No ves que eso forma parte del secreto, y luego se descubriría todo?

– Está bien; entonces no digo nada.