Sunday, February 12, 2017

¿Le molestan los insultos Santo Padre?, ¿y quién comenzó?


Neopelagianismo autorreferencial y prometeico”, “lepra del papado”, “pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre”, “la gente tiene la tendencia a la coprofagia”, “la consagrada es madre, debe ser madre y no «solterona»”. Expresiones como esas parece desaparecerán de la boca —y la pluma— de Francisco; por lo menos eso es lo que se entiende entre líneas de las palabras pronunciadas hoy por el Pontífice durante el tradicional rezo del Angelus en la Plaza de San Pedro, cuando ha manifestado su molestia por los insultos, entre los cuáles pensamos se incluyen los suyos propios (consultables en el sitio de internet del Vaticano, como los antecitados), por lo que inferimos es un tácito compromiso a abandonarlos.

Ha dicho hoy Francisco (fuente: Radio Vaticano):

Con respecto al mandamiento “no matar”, Él afirma que es violado no sólo por el homicidio efectivo, sino también por aquellos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, incluidas las palabras injuriosas (Cfr. v. 22). Ciertamente, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque son sus premisas y revelan la misma malevolencia. Jesús nos invita a no establecer una jerarquía de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en cuanto movidas por la intensión de hacer el mal al prójimo. Y Jesús da el ejemplo. Insultar: pero, nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir “buenos días”. Y esto está en la misma línea del matar. Quien insulta al hermano, mata en su propio corazón al hermano. Por favor, ¡no insultar! No ganamos nada...

Varios medios de comunicación, informando al respecto, han tomado estas expresiones como una alusión indirecta de Francisco en vista de los carteles satíricos que aparecieron la semana pasada en inmediaciones del Vaticano en donde se cuestionaba su misericordia y/o en referencia a la versión humorística de un L'Osservatore Romano que alcanzó los correos electrónicos de varios cardenales en el Vaticano.

¡Qué corta memoria tienen esos medios!, porque ¿quién comenzó?