Tuesday, February 07, 2017

Beatificado “el samurai de Cristo”


Información de AsiaNews, Feb-07-2017.

JAPON - VATICANO
Fue beatificado Justus Takayama Ukon, “el samurái de Cristo”

El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de Santos dice: “Él nos deja el tesoro de una inmensa fe”. La alegría de los católicos por el nuevo beato, mártir del siglo XVII. El Evangelio no es “extraño a la cultura japonesa”.

Osaka (AsiaNews) – Esta mañana fue beatificado el mártir japonés Justus Takayama Ukon (1552-1615), también conocido como “el samurái de Cristo”.

Señor feudal y samurái en el Japón de las persecuciones perpetradas contra la “religión de Occidente”, eligió el camino de la humillación y del exilio antes que renegar de la fe cristiana. Habiendo perdido sus propiedades, su cargo, su estatus social, el honor y la respetabilidad, se convirtió en un vagabundo y fue obligado a exiliarse. Con su familia y otros 300 cristianos japoneses huyó a Manila, donde murió el 4 de febrero de 1615.

La Misa de beatificación fue presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las causas de los santos.

En su homilía, luego de hacer una reflexión sobre el martirio y sobre la civilización cristiana del amor, el cardenal recordó hasta qué punto la Iglesia en Japón “fue bendecida con el espléndido testimonio de numerosos mártires” y de qué modo el beato Justus fue él mismo “un extraordinario testigo de la fe cristiana en tiempos difíciles, de contrastes y persecución”.

El celebrante luego continúo recorriendo la vida del beato y su obra de “incansable promotor de la evangelización del Japón”, mientras fue describiendo los rasgos distintivos de su figura: “Educado en el honor y en la lealtad, un auténtico guerrero de Cristo, no con las armas, en las cuales él era un experto, sino con la palabra y el ejemplo”.

Al recordar cómo su comportamiento era profundamente evangélico, el cardenal subrayó el hecho de que Justus Takayama Ukon no considerara al Evangelio como algo extraño a la cultura japonesa. En efecto, al igual que los misioneros jesuitas, rehuía de la polémica apologética. Vivía su fe, y la vivía como japonés que era, valorizando las tradiciones edificantes de su cultura.

“La beatificación de Justus –concluyó el cardenal Angelo Amato – es una semilla evangélica que la Providencia esparció en Japón y en el mundo. El ejemplo de nuestro beato nos impulsa a todos nosotros a una vida de fe y fidelidad al Evangelio de Jesucristo”.