Monday, January 30, 2017

¿Y de verdad vamos a creer que la regularización de la FSSPX/SSPX está cerca?



La semana pasada el Superior General de la FSSPX/SSPX, Bernard Fellay, concedió una entrevista a TV Libertés (video) en la cual, hablando de la posible regularización, dijo (traducido por Non Possumus):

El papa Francisco les ha hecho la proposición de una prelatura personal para la FSSPX. Con esta situación canónica ustedes conservan una independencia con los obispos. Mons. Schneider que ha visitado sus seminarios lo insta a aceptar esta proposición incluso si la situación en la Iglesia no es satisfactoria al 100%. ¿No hay con el tiempo un riesgo de creación de una Iglesia más o menos autónoma, autocéfala, si debe continuar esta situación de distanciamiento constante respecto a Roma, respecto al papa, respecto a la curia, respecto a los obispos? ¿Espera usted para firmar una proposición de Roma, la aparición en la Sede de Pedro de un Pio XIII que todos esperamos?

Creo que no es necesario esperar que todo esté arreglado en la Iglesia, que todos los problemas estén arreglados.

Hay sin embargo cierto número de condiciones que son necesarias y para nosotros la condición necesaria es la condición de la supervivencia. Yo le he hecho saber a Roma, sin ninguna ambigüedad, que de la misma manera que Mons. Lefebvre dijo en su tiempo: hay una condición sine qua non, es decir, si la condición no se cumple, nosotros no nos movemos: que podamos permanecer tal como somos, es decir, conservar todos los principios que hemos mantenido, que son principios católicos.

Efectivamente, nosotros tenemos reproches graves a lo qué pasó desde el concilio, en la Iglesia, en ciertos hombres, la famosa cuestión de la manera en que se ha conducido el ecumenismo, por ejemplo, lo que se llama la libertad religiosa, la relación entre la Iglesia y el Estado, luego la libertad de dar, y a qué titulo dar a cada quien la libertad de ejercer su religión (...) y yo creo que avanzamos por ese lado, en la buena dirección, es decir que Roma está cediendo.

Es interesante que desde hace dos años podemos decir que nos dicen que hay cuestiones que estaban enunciadas, proposiciones hechas por el concilio, que no son criterios de catolicidad. Esto quiere decir que tenemos derecho a no estar de acuerdo y sin embargo ser considerados católicos.

Precisamente este conjunto de cuestiones sobre las cuales discutimos. Esta es una primera parte. La segunda parte es que si hay un riesgo de cisma, de establecimiento de una Iglesia paralela. Yo he evocado este problema con el mismo papa, el papa Francisco, y los dos estamos de acuerdo. Ya hay ahora un cierto número de disposiciones prácticas que vuelven prácticamente imposible el cisma, es decir que en la práctica, en los actos de todos los días, nosotros expresamos a Roma, nosotros mostramos nuestra sumisión, reconocemos a estas autoridades. Y no solamente en la Misa diciendo el nombre del papa y de los obispos del lugar en el canon de la Misa, sino que también tenemos el hermoso ejemplo del papa que nos da el poder de confesar y también de (hacer) actos jurídicos.

Es complicado pero puede suceder que un sacerdote cometa actos delictuosos, nosotros tenemos referencias de Roma que nos piden juzgar este caso, realmente es una relación normal. Y no solamente la confesión: el verano pasado se confirmó que el Superior General puede libremente ordenar a los sacerdotes de la Fraternidad, sin tener que pedir permiso al obispo del lugar. Este fue un texto de Roma publicado en varias partes y que dice que la Fraternidad ordena, por lo tanto, lícitamente pues dice que libremente.

He aquí entonces actos planteados, actos jurídicos que son canónicos y que ya están en su sitio y que en mi opinión suprimen la posibilidad de cisma. Evidentemente siempre hay que velar.

Y hoy, concretamente ¿Qué es lo que falta?

Falta el sello y luego también la afirmación clara y neta que se respetarán estas garantías.

¿Y es el papa quien debe dar ese sello, esas garantías?

Es el papa quien lo hace. Sí.

Al respecto, Andrea Tornielli, reporta hoy en un artículo de Vatican Insider, incluyendo declaraciones de Mons. Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei».

«En este momento se está trabajando para perfeccionar algunos aspectos de la figura canónica, que será la Prelatura personal». El arzobispo Guido Pozzo, secretario de la Comisión «Ecclesia Dei», que se ocupa del diálogo con la Fraternidad San Pío X, confirmó a Vatican Insider que la etapa de la plena comunión con los lefebvrianos se está acercando. La meta del acuerdo está en el horizonte, aunque todavía será necesario un poco de tiempo.

El superior de la Fraternidad San Pío X, el obispo Bernard Fellay, el 29 de enero de 2017 participó, como huésped en transmisión del programa «Terres de Mission», de Tv Liberté. Durante la entrevista, Fellay confirmó que el acuerdo está avanzando y que para llegar a la solución canónica no habrá que esperar sino hasta cuando la situación dentro de la Iglesia sea «totalmente satisfactoria» según la Fraternidad San Pío X, que durante estos años no ha dejado de mencionar el nombre del Papa ni de rezar por él en la celebración de las misas. Fellay subrayó la atención de Francisco por las «periferias», que se relaciona también con la Fraternidad, y explicó la importancia de acabar con la separación de Roma.

El camino de acercamiento, después del mini-cisma desencadenado por las cuatro ordenaciones episcopales ilegítimas que celebró monseñor Marcel Lefebvre en 1988, comenzó en el año 2000, cuando los lefebvrianos hicieron un peregrinaje a Roma por el Jubileo. Juan Pablo II permitió que comenzara un nuevo diálogo. Los contactos se intensificaron con Benedicto XVI, con quien también se examinaron cuestiones doctrinales pendientes. Papa Ratzinger también liberalizó el uso del misal reconciliar y canceló las excomuniones a los cuatro obispos de la Fraternidad. Con Francisco, además de que han proseguido las negociaciones, se dio la oportunidad para que los sacerdotes lefebvrianos confesaran no solo válidamente sino también lícitamente a los fieles durante el Jubileo de la Misericordia. Esta concesión fue extendida, sin límite de tiempo, en la carta «Misericordia et misera».

En relación con los problemas doctrinales, lo esencial parece haber sido superado en vista del acuerdo. A los miembros de la Fraternidad San Pío X se les habría pedido lo que es necesario para ser católicos, es decir la « professio fidei», creer en la validez de los sacramentos celebrados con el Novus Ordo (la liturgia que surgió de la reforma post-conciliar) y la obediencia al Pontífice. Hubo un diálogo y una discusión sobre la relación entre el magisterio y la tradición, mientras que se sigue discutiendo (y con un desacuerdo que podría prolongarse) sobre temas relacionados con el ecumenismo, la libertad religiosa y la relación entre la Iglesia y el mundo.

Durante la entrevista televisiva, Fellay, además de recordar la concesión de Papa Francisco sobre los sacramentos de la reconciliación y de la unción de los enfermos, se refirió a las ordenaciones sacerdotales de la Fraternidad, afirmando que se dan con la autorización de la Santa Sede y sin la necesidad del visto bueno del obispo del lugar. El estado de la cuestión, en realidad, precisó Pozzo, es un poco más complejo y se relaciona con una decisión que tomaron Benedicto XVI y la Congregación para la Doctrina de la Fe hace algunos años. «La Santa Sede —explicó el secretario de “Ecclesia Dei”— permite y tolera las ordenaciones sacerdotales de la Fraternidad San Pío X, a pesar de seguir considerándolas válidas pero no lícitas, previa comunicación de los nombres de los ordenandos al obispo del lugar. Papa Francisco concedió la legitimidad solo para la administración de los sacramentos de la penitencia y de la unción de los enfermos. Justamente porque para que los demás actos sacramentales sean además de válidos legítimos es necesario llegar a una solución canónica que encuadre a la Fraternidad».

La vía elegida para la solución canónica, como se sabe, es la de la Prelatura personal, inédita figura introducida en el nuevo Código de Derecho Canónico en 1983 y hasta la fecha solo aplicada al Opus Dei. Durante estos últimos años han aumentado los que se niegan al acuerdo. Uno de los cuatro obispos a quienes Papa Ratzinger quito la excomunión, Richard Williamson, abandonó la Fraternidad y fundó un grupo más radical y ha llevado a cabo nuevas ordenaciones episcopales. La postura de Fellay, en cambio, se parece mucho más a la del fundador, el arzobispo Lefebvrre, que estaba por llegar a un acuerdo en 1988 con el entonces cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero el acuerdo se esfumó al último momento.

Al respecto mostramos un escepticismo justificado. Primero porque ya desde 2009, cuando se realizaron los denominados diálogos doctrinales entre Roma y la FSSPX/SSPX, Alemania había amenazado con romper relaciones diplomáticas con el Vaticano en caso de que se llegara a una regularización de la situación de dicha Fraternidad. Y más recientemente, cuando el P. Norbert Hofmann, S.D.B., secretario de la Comisión para las Relaciones con el Judaísmo, preguntado sobre si ve algún obstáculo en las relaciones entre el Vaticano y el estado de Israel, dijo: “Un argumento espinoso es sin duda es uno relacionado con la confraternidad de los Lefebvrianos y su posible reconciliación con la Iglesia. Como se sabe, hay quien al interior de ese mundo es portador de posiciones de odio y negación de la Shoa [Holocausto]. Justo por esto, se excluye que la práctica llegue a buen fin. Mientras no sea aceptado el Concilio Vaticano II, su espíritu, y sus valores, cada uno de sus caprichos está destinado a naufragar. No creo realmente que Nostra Aetate sea compatible con esas posiciones extremas. Así que, queridos amigos judíos e israelíes, no se preocupen”.

Es decir, en el momento actual la prioridad en el Vaticano es la política y las relaciones diplomáticas. La salud de las almas que espere. Así nos lo nieguen con declaraciones edulcoradas, como las de Mons. Pozzo a Tornielli.