Thursday, December 08, 2016

Sin “conversión ecológica” no existe vocación al sacerdocio

El día de ayer, como un anexo a la edición diaria en italiano de L'Osservatore Romano, apareció un decreto general ejecutivo de la Congregación para el Clero, “El Don de la vocación presbiteral” Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, actualización del existente datado de 1970 y actualizado en 1985. El documento fue presentado en el mismo periódico con una entrevista sobre su publicación que hacen al prefecto de la Congregación para el Clero, Card. Card. Beniamino Stella (imágen).

Del documento destacamos el N° 172 (las partes en bastardilla son citas de Laudato Si’ N°s 6 y 4, respectivamente).

Al menos un número determinado y suficiente de lecciones se debe reservar a la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, considerando que el anuncio y el testimonio del Evangelio, al que es llamado el presbítero, tiene un importante radio de acción en la sociedad humana y mira, entre otras cosas, a la construcción del Reino de Dios. Esto implica una mayor conciencia de la realidad y una lectura evangélica de las relaciones humanas, sociales y políticas que determinan la existencia de los individuos y de los pueblos. En este horizonte, se incluyen importantes temas inherentes a la vida del pueblo de Dios, ampliamente tratados por el Magisterio de la Iglesia, entre los cuales sobresalen la búsqueda del bien común, los valores de la solidaridad entre los pueblos y de la subsidiaridad, la educación de los jóvenes, los deberes y derechos relacionados con el trabajo, el significado de la autoridad política, los valores de la justicia y de la paz, la estructuras sociales de apoyo y acompañamiento a los más necesitados.

Desde hace tiempo la atención de expertos y estudiosos, activos en diversos ámbitos de investigación, se concentra sobre una emergente crisis planetaria, que encuentra una resonancia importante en el actual Magisterio y se refiere al "problema ecológico". La salvaguarda de la creación y el cuidado de nuestra casa común — la Tierra — forman parte de la visión cristiana del hombre y de la realidad, representan en cierto modo el fundamento de una sana ecología de las relaciones humanas y, por ello, exigen, sobre todo hoy, una. «conversión ecológica, que comporta permitir que emerjan todas las consecuencias del encuentro con Jesús en las relaciones con el mundo circundante. Vivir la vocación de custodiar la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no es algo opcional y mucho menos un aspecto secundario de la experiencia cristiana». Por eso es necesario que los futuros presbíteros sean fuertemente sensibilizados en esta materia, mediante las orientaciones magisteriales y teológicas necesarias, que les ayuden «a reconocer la grandeza, la urgencia y la belleza del desafio que se nos presenta», y a traducirla en su futuro ministerio pastoral, convirtiéndose en promotores de una adecuada atención de todo lo relacionado con el cuidado de la creación.

“Madre Inmaculada, en el día de tu fiesta vengo a ti”

Información de Radio Vaticano, Dic-08-2016.

Homenaje a la Inmaculada en la Plaza de España

(RV).- En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción Virgen María, tras rezar el Ángelus al mediodía con miles de fieles en la Plaza de san Pedro, como es tradición, el Obispo de Roma se dirigió a la Plaza de España a las cuatro de la tarde para rendir homenaje junto con los fieles romanos y peregrinos a la Reina del Cielo.

Con devoción filial el Papa Francisco rezó la siguiente oración:

Oh María, nuestra Madre Inmaculada,
en el día de tu fiesta vengo a ti,
y no vengo solo:
Traigo conmigo a todos aquellos que tu Hijo me ha confiado,
en esta ciudad de Roma y en el mundo entero,
para que tú los bendigas y los salves de los peligros.

Te traigo, Madre, a los niños,
especialmente aquellos solos, abandonados,
que por ese motivo son engañados y explotados.
Te traigo, Madre, a las familias,
que llevan adelante la vida y la sociedad
con su compromiso cotidiano y escondido;
en modo particular a las familias que tienen más dificultades
por tantos problemas internos y externos.
Te traigo, Madre, a todos los trabajadores, hombres y mujeres,
Y te encomiendo especialmente a quien, por necesidad,
se esfuerza por desempeñar un trabajo indigno
y a quien el trabajo lo ha perdido o no puede encontrarlo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas
con respeto y reconocimiento
sin intereses egoístas o hipocresías.
Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito
sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,
con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes.
Necesitamos tus manos inmaculadas,
para acariciar con ternura,
para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, enfermos, despreciados,
para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.
Necesitamos de tus pies inmaculados,
Para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido,
para ir a encontrar a las personas solas.

Te damos gracias, oh Madre, porque mostrándote a nosotros
libre de toda mancha de pecado,
Tú nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios,
está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros,
está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.
Haz que no cedamos al desánimo,
sino que, confiando en tu ayuda constante,
trabajemos duro para renovarnos a nosotros mismos,
a esta ciudad y al mundo entero.
¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!