Saturday, December 17, 2016

Raymond interroga a Raymond sobres sus Dubia



El Card. Raymond Leo Burke concedió una entrevista a su homónimo Raymond Arroyo para el programa “The World Over” que se transmitió el pasado Jueves, Dic-15-2016, en la cadena televisiva EWTN. El tema principal de dicha entrevista fue el conjunto de cinco preguntas (Dubia) que el card. Burke, junto con otros tres cardenales, presentaron formalmente en Septiembre a Francisco solicitando que aclare ciertos aspectos confusos de Amoris Lætitia, las cuales no han sido contestadas, y de cuya existencia se supo a comienzos de Noviembre de 2016. Esta es una traducción al español de Secretum Meum Mihi de dicha entrevista.

Raymond Arroyo: Su Eminencia, muchas gracias por estar con nosotros. Quiero empezar con esta Dubia que Uds…es una serie de de preguntas que Ustedes le presentaron al Santo Padre para que aclare, y el corazón real de ello me parece es esta cuestión de que permite, si Amoris Laetitia y el Papa mismo, permiten a los católicos divorciados y vueltos a casar ahora en relaciones irregulares que son sexualmente activos recibir la comunión. Ahora, Rocco Boutiglioni, un laico muy destacado en Roma, dice que sí. Usted tiene al cardenal Schönborn, que también parece estar sugiriendo que sí. ¿Cuál es el problema entonces?

Cardenal Burke:
El problema es que ejercer una unión sexual con alguien que no es su cónyuge es un grave pecado y vivir en un tal estado públicamente significa que uno no puede tener acceso a los sacramentos porque él o ella no estan viviendo de acuerdo a la verdad de Cristo. Y no hay manera de que la Iglesia pueda dar permiso para que alguien haga algo para lo cual Cristo mismo no nos da permiso hacer.

Raymond Arroyo: Quiero volver a algo que, en realidad es el segundo punto que ustedes plantean en estas cinco preguntas que ustedes presentaron al Santo Padre. Y en él todos Uds. mencionan Veritatis Splendor, que fue un documento que Juan Pablo II promulgó. Y en él se dice que no hay, que no se puede crear excepciones a las prohibiciones sobre actos intrínsecamente malos, y sin embargo, en Amoris Laetitia, dice el Papa, ‘la conciencia de un individuo puede venir a ver con una cierta seguridad moral que incluso sus relación irregular es lo que Dios está pidiendo en medio de la concreta complejidad de los propios límites [cf. AL 303]’. ¿Qué significa eso para Usted y qué sugiere eso?

Cardenal Burke:
Bueno, es un lenguaje muy confuso. La única cosa que puede sugerir de acuerdo con lo que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado es que la conciencia se informa a sí respecto a la enseñanza de Cristo, si tiene que ver con el matrimonio o los Sacramentos, y se conforma entonces a esa enseñanza . Y en este caso, no importa cuál pueda ser la complejidad de la situación, la parte en cuestión, el miembro de los fieles en cuestión, o bien rectifica la situación irregular, la situación inmoral en el que se encuentre y entonces poder recibir los Sacramentos, o hasta que pueda rectificar la situación, no va a presentarse a recibir los Sacramentos. No puede haber una excepción porque si es siempre y en todo lugar es equivocado participar en el acto conyugal con alguien que no es su cónyuge, entonces si Ud. hace eso y vive de esa manera, de una manera habitual, Ud. simplemente está en una condición en la que, con la ayuda de la Iglesia, con la ayuda de la gracia de Dios, Ud. tiene que establecer su vida en orden y entonces comenzar a poder acercarse de nuevo a recibir a Cristo en los Sacramentos.

Raymond Arroyo: Y sin embargo, Su Eminencia, parece como he leído en todos estos comentarios, como he leído incluso Los más cercanos al Papa, el padre Antonio Spadaro, en una entrevista reciente parecía estar sugiriendo esa mirada, no hay un una talla única para todos cuando se trata de adulterio, que la conciencia entra en juego y la Iglesia está tratando de acompañar y caminar con estas personas incluso en sus uniones irregulares. La sugerencia parece ser, de hecho, es explícito que Ud. realmente no necesita una anulación. Ud. no necesita anular el primer matrimonio y, a veces esta segunda unión puede ser lo que Dios le está pidiendo. ¿Ud. qué diría de esa línea de pensamiento?

Cardenal Burke:
Bueno, es simplemente una noción equivocada de conciencia. La conciencia no nos convierte a cada uno de nosotros en el juez individual de lo que es correcto e incorrecto. Hay un orden objetivo para las cosas, y nuestra conciencia, cuando estamos bien educados y cuando está bien informada nuestra conciencia, reconoce que ese orden objetivo y por lo tanto sabe lo que está bien y lo que está mal y actúa en consecuencia. Decir que Yo decido que está bien algo que para todos los demás siempre y en todo lugar es incorrecto es simplemente una forma equivocada de conciencia y palabra muy popular la Iglesia hoy en día de la persona que se encuentre en tal situación es que la ayuda que recibimos en la Iglesia para conocer la verdad acerca de la ley moral y para responder a la gracia que el Señor siempre nos da para vivir esa verdad en la práctica.

Raymond Arroyo: El padre Antonio Spadaro, que es un colaborador muy cercano del Papa —de hecho, él es su escritor fantasma en muchos de estos documentos— se ha convertido en realidad en la vanguardia para derribar a los críticos de Amoris Laetitia o a cualquier persona que incluso cuestione el pensamiento aquí o la doctrina que se implica a través de estos ajustes pastoral. Spadaro dijo, y cito, y creo que él está hablando de Ud. que estas preguntas, las Dubia que ustedes presentaron al Santo Padre, es un intento intensificar la tensión y crear división dentro de la Iglesia. ¿Es eso lo que están tratando de hacer?

Cardenal Burke:
No. De hecho, estamos tratando de hacer frente a la división que ya es muy intensificada, para utilizar su frase. Donde quiera que voy muchos fieles, sacerdotes y obispos y laicos, [con] quienes hablo están en un estado de confusión muy seria sobre este asunto. Los sacerdotes me dicen que un sacerdote está diciendo a los fieles una cosa en la Confesión, otro sacerdote otra cosa. Sólo cuando estas preguntas que hemos planteado de acuerdo con la manera tradicional de resolver cuestiones en la Iglesia que tengan que ver con asuntos muy serios, sólo cuando estas preguntas sean adecuadamente respondidas, la división será disipada. Pero mientras esté ocurriendo en este momento, mientras esto continúe, la división sólo crecerá y por supuesto el fruto de la división es el error. Y aquí estamos hablando de la salvación de las almas, personas guiadas en el error en asuntos que tienen que ver con su salvación eterna. Y así, el padre Spadaro está muy en el error en esa afirmación.

Raymond Arroyo: Spadaro también dijo que el Papa no responde las preguntas binarias que se le presentaron. Y quiero citar esto. Él dice, “Él responde las preguntas sinceras de los pastores”. ¿Se ofendieron Uds. Por eso?

Cardenal Burke:
Sí, mucho. Las papas tienen siempre, a lo largo de los siglos —soy un estudiante de la disciplina de la Iglesia— el papel del Papa como pastor de la Iglesia universal, como el guardián de la unidad de los obispos y todo el cuerpo de Cristo, para que responda a tales preguntas. Sugerir que presentar estas preguntas es un signo de falta de sinceridad es profundamente ofensivo. Le puedo asegurar que para mí, y sé que para los otros cardenales involucrados, no hubiéramos planteado las preguntas a menos que tuvieramos la preocupación más profunda y sincera por la Iglesia misma y por los miembros individuales de los fieles.

Raymond Arroyo: Su eminencia, muchos de los que apoyan al papa y de sus críticos han dicho que él ya ha respondido a sus preguntas cuando abrazó el plan de aplicación de Amoris Laetitia de esos obispos en Buenos Aires. En él, dijeron que Ud. no necesita una anulación y aquellos que están divorciados y vueltos a casar con el acompañamiento de su párroco en ciertos casos pueden presentarse y recibir la comunión. Y el Papa dijo: “Esto es exactamente como debe ser”. ¿Qué hay de malo con eso? ¿No respondió ya su pregunta?

Cardenal Burke:
No en absoluto. Él está dando su propia opinión sobre el asunto. La pregunta sólo puede responderse en los términos en los que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado, como por ejemplo se ilustra en el libro que se publicó para el sínodo de 2014 “Permaneciendo en la verdad de Cristo”. Y es una cosa que el Papa puede decir que lo que está escrito en Amoris Laetitia se interpreta correctamente para significar que un sacerdote individual puede permitir que alguien que está en una unión matrimonial irregular recibir los sacramentos sin un propósito firme de la enmienda, pero eso no resuelve la cuestión. La pregunta es, ¿qué enseña la Iglesia? No es una cuestión de... alguna idea especulativa que pueda Yo tener acerca de cómo abordar estas cuestiones, sino de cómo Cristo afronta tales cuestiones. Eso es, hasta que esa respuesta sea proporcionada, permanecemos en un estado confuso.

Raymond Arroyo: Quiero recordar a la gente algo. En Familiaris consortio, que fue el gran documento de Juan Pablo II sobre la familia, él escribe:

La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.

¿Es eso realmente lo que les preocupa, Su Eminencia, que este nuevo documento Amoris Laetitia parece estar derrumbándolo?

Cardenal Burke: Bueno, exactamente lo que el Papa San Juan Pablo II expresa es lo que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado. Y mi preocupación es que Amoris Laetitia parece en alguna forma permitir una interpretación que llevaría a una práctica que contradice la constante práctica de la Iglesia y que simplemente es una fuente de la más grave preocupación para mí. Y mi juicio, lo que se necesita que pase es que los fieles sepan que todo lo que está escrito en Amoris Laetitia no puede y no cambia lo que el Papa San Juan Pablo II expone en Familiaris Consortio, porque lo que él expuso fue, o es, la constante enseñanza y práctica de la Iglesia y por lo tanto es magisterio.

Raymond Arroyo: Y sin embargo, Ud. tiene al cardenal Schönborn que está diciendo: miren, esto no es una ruptura, sino una evolución. Es un cambio de la enseñanza de la Iglesia, una maduración de ella. ¿Acepta que ese análisis?

Cardenal Burke:
No. Ud. no puede tener una maduración de una enseñanza que es una ruptura de esa enseñanza, que es un alejamiento de esa enseñanza. Los comentarios del Cardenal Schonborn a ese respecto no reflejan lo que se llama el desarrollo de la doctrina, en otras palabras, a través de la reflexión de la Iglesia ella profundiza su apreciación de la enseñanza y ayuda a los fieles a practicar esa enseñanza. Este caso, es una cuestión de ruptura completa en la enseñanza de la Iglesia, un completo alejamiento de lo que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado. Y eso Ud. no puede llamarlo a una maduración. Una maduración es algo orgánico, donde Ud. ve que lo que la Iglesia ha enseñado sobre el matrimonio ahora se expresa con una mayor plenitud.

Raymond Arroyo: Su Eminencia, ¿ha visto alguna vez un momento en la Iglesia, en donde, no puedo recordar un momento en el que Ud. tuviera al Papa y personas que planteando cuestiones sobre la enseñanza, preguntas legítimas y tratando de hacerlo respetuosamente. Y usted tuviera este tipo de contrapeso político usando los medios de comunicación y los tweets y columnas para atacar a cualquiera que cuestione esa enseñanza de ninguna manera? Y quiero señalarle algo que el Obispo Schneider escribió en Kazajstán. Lo pondremos en la pantalla. Me encantaría su reacción a esto. Él escribe, o habló en una entrevista. Él dijo:

Hay una extraña forma de cisma. Externamente, numerosos eclesiásticos salvaguardar la unidad formal con el Papa, a veces, por el bien de su propia carrera o por una especie de papolatría. Y, al mismo tiempo ellos han roto sus lazos con Cristo, con la Verdad, y con Cristo, la verdadera cabeza de la Iglesia.

¿Estamos en el medio de un cisma y ha Ud. visto alguna vez una campaña política como esta?

Cardenal Burke: Bueno, ciertamente, nunca he presenciado esto en mi vida. En la historia de la Iglesia ha habido situaciones que tienen algunas similitudes con la situación actual, pero me parece que un espíritu mundano, un espíritu del mundo ha entrado en la Iglesia, que dividiría sus miembros en diversos campos: liberales y conservadores, que son los fundamentalistas como algunos gustan de llamar a aquellos de nosotros que nos esforzamos por defender la enseñanza constante de la Iglesia. Este espíritu mundano se refleja mucho en un montón de consignas y etiquettes —o no etiquettes, esa es una palabra italiana— de etiquetas puestas sobre las personas con el fin de descartarlas. Pero todos somos católicos romanos. Todos estamos llamados a seguir a Cristo como Él venga a nosotros en Su Iglesia a través de la enseñanza constante de la Iglesia. Esta politización de la Iglesia que está muy aumentada por todas estas formas de intervención mediática son muy perjudiciales y están haciendo una gran cantidad de daño al bien común de todos en la Iglesia.

Raymond Arroyo: En nuestros momentos finales, tengo que exponer esto. Yo estuve como golpeado, sorprendido realmente, en una entrevista que el Santo Padre dio donde sugirió que aquellos que son “rígidos” —y ese es el término que utiliza—, como encerrados en su “rigidez” sobre la doctrina y por otra parte, sufren de una compulsión o una condición. Su reacción a eso, y qué va Usted y sus compañeros cardenales a hacer y decir si no obtienen una reacción positiva por parte del Santo Padre, ¿alguna respuesta en este punto de la clarificación?

Cardenal Burke:
Bueno, primero que todo, nosotros, nuestra presentación de las cinco preguntas esta hecha con gran serenidad y con gran respeto. No son las reacciones de personas que sufren de trastornos emocionales. Que estemos muy profundamente preocupados por la verdad de la doctrina de la fe y su integridad no es un signo de enfermedad. ¿Qué haremos? Tenemos que seguir sirviendo a la verdad con caridad y muy especialmente aquellos de nosotros que somos cardenales, que somos los principales consejeros del Santo Padre, tenemos la obligación solemne de defender la Iglesia del este tipo de ataques en su fundamento mismo. Quiero decir, tenemos que recordar que estamos hablando de la enseñanza sobre el matrimonio y su fruto, la familia, y atacar esa enseñanza es desestabilizar toda la Iglesia y la sociedad en general. Y entonces la responsabilidad es muy grande y Nosotros ciertamente, —sólo puedo hablar por mí mismo, pero sé de mis compañeros cardenales que han participado conmigo— tratamos de servir a esa verdad, no importa lo que se necesite. Yo, por mi parte, nunca voy a ser parte de un cisma. Soy una católico Romano y la defensa de la fe católica no es la causa de mi separación de la Iglesia. Y así simplemente intento seguir defendiendo la fe por amor a Nuestro Señor y para su cuerpo místico, mis hermanos y hermanas de la Iglesia, y creo que los demás cardenales son de la misma opinión.

Raymond Arroyo: ¿Hay más que cuatro de Ustedes? Quiero decir, estoy seguro de que están recibiendo cartas y llamadas de otros que los apoyan, y Ud. dijo que estaba dispuesto a emitir una corrección formal si es necesario. ¿Eso sigue en pie?

Cardenal Burke:
Por supuesto que sí, ese es el instrumento estándar en la Iglesia para hacer frente a tal situación. Sí, hay otros cardenales. No quiero entrar en este asunto de los números. Tenemos que recordar, el criterion aquí es la verdad. Se han dado casos, por ejemplo, tomemos por ejemplo el caso de Enrique VIII y su deseo de poder entrar en un segundo matrimonio sin tener su primer matrimonio declarado nulo, todos los obispos de Inglaterra, excepto San Juan Fisher, se fueron con el error, pero San Juan Fisher es el santo, porque defendió la verdad. Y todos nosotros en la Iglesia, que somos cardenales, obispos, tenemos la responsabilidad de defender la verdad; sea que parezcamos ser numerosos o parezcamos ser muy pocos, no hace ninguna diferencia. Es la verdad de Cristo la que tiene que ser enseñada.