Tuesday, December 20, 2016

Mons. Athanasius Schneider responde si Amoris Lætitia es ambigua, contiene errores, o pone en peligro la Fe



Mons. Athanasius Schnneider hizo presencia la semana pasada en tierras ibéricas en donde, entre otras, concedió una entrevista para Adelante la Fe. Transcribimos dos de sus respuestas (con algunas adaptaciones).

¿La exhortación [apostólica] Amoris Lætitia es ambigua, contiene errores, pone en peligro la Fe?

Objetivamente, cuando Nosotros leemos el texto de Amoris Lætitia tiene objetivamente, ciertamente, algunos pasajes que contienen expresiones ambiguas; o al menos que se pueden interpretar de una forma o de otra forma, esto es evidente y ninguno puede negar eso, porque simplemente leyendo el texto como él es. Ciertamente, hay un principio que dice que todos los textos del Magisterio deben ser leídos, interpretados según la Tradición de la Iglesia precedente. Entonces tengo el favor de la Tradición, el favor. Esto es claro. Y por eso se puede leer Amoris Lætitia también al menos la gran de parte aquellas expresiones ambiguas a la luz de la Tradición de la Iglesia, Pero, no obstante, tiene algunas expresiones Amoris Lætitia que no son posibles ser interpretadas a la luz de la Tradición de la Iglesia. Como por ejemplo, cuando se dice, cuando se habla, cuando el Santo Padre habla, usa el término ‘fidelidad’ en una unión irregular, en una unión de dos personas, de una mujer y de un hombre que no son verdaderamente casados, y que no son casados delante de Dios. Esto es imposible, hablar de esta unión de fidelidad; fidelidad es solamente…podemos hablar de una unión de matrimonio que vale delante de Dios, o de una unión en la que uno de los dos hace la voluntad de Dios. Pero en este caso los dos, ellos cometen objetivamente pecados contra el sexto mandamiento de Dios, contra la voluntad de Dios. Y en este caso no se puede hablar de fidelidad. Yo considero esta expresión, por ejemplo, objetivamente interpretada a la luz de la Tradición. Tengo otras que se pueden interpretar según la Tradición, gracias a Dios. Pero ahora no tengo presente todas estas expresiones de Amoris Lætitia, sino aquello que recordé de esta expresión, por ejemplo. Pero como repito, el Papa Francisco cuando él dio esta exhortación apostólica, ya dice que su intención de escribir Amoris Lætitia no era la decidir una doctrina, sino de dejar un espacio de debate y de discusión doctrinal y pastoral. Esto se lee en el inicio ya de Amoris Lætitia. Entonces debemos leer en este que Él no tiene la intención de escribir Amoris Lætitia como un acto propiamente magisterial, como [de] decidir una cosa, como debería ser. Y por eso había en la Iglesia documentos pontificios que contenían también algunas afirmaciones erradas, también antes del Papa Francisco, justo en la edad media, objetivamente erradas, Porque no era lo habitual expresarse ex cathedra, porque aquellos Papas que escribían, ellos querían describir una situación temporal, pastoral, disciplinar, que ellos mudaban y no querían aplicar toda su autoridad magisterial. Entonces debemos dar gracias a Dios. En cierto sentido Amoris Lætitia no tiene el peso de toda la intención del Papa de hablar aquí en forma definitiva o… sino de dejar un debate.

¿Por lo tanto Excelencia, es lícito que 4 cardenales, con todo el respeto pidan al Papa simplemente que aclare no que no está claro?

Ciertamente. Esto ha sido siempre en la Iglesia una costumbre muy normal, que obispos o laicos se dirigieran a la Santa Sede, al Papa, para esclarecer dudas [Dubia] de doctrina, de pastoral o litúrgicas. Diversas, ¿no? Y así los cardenales hicieron eso simplemente aplicando el derecho, la Tradición, que había en la Iglesia. Aquí la cosa nueva fue que la formulación de estas Dubia fueron hechas públicas, esta es la novedad. No el hecho mismo, sino esta novedad. Pero los cardenales explicaron por qué ellos hicieron esto. Porque ellos presentaron las Dubia en una forma privada, no pública, al Papa, al dicasterio competente de la Doctrina de la Fe, pero recibieron una repuesta al menos implícita o…y no con esto toda esa circunstancia sino el hecho que los cardenales mismos declararan que el Papa decidió no responder esta vez estas respuestas. También el Papa tiene el derecho de no responder. Pero, ya que confusión aumenta en la Iglesia sobre estas cuestiones así fundamentales, que tocan tres sacramentos al mismo tiempo: El sacramento del Matrimonio, el sacramento de la Confesión, y el sacramento de la Eucaristía. La gran cuestión del divorcio que es un peligro que dentro de la Iglesia católica se comience a establecer una especie de divorcio católico, o de manera católica, entre las parejas católicas. Pero en vista de este peligro grande para el bien común de todas las almas, los cardenales y obispos, como miembros del colegio episcopal y como miembros del colegio cardenalicio, encontraron necesario en su conciencia publicar estas Dubia, pienso que para invitar a toda la Iglesia a participar en esta preocupación de resolver estas Dubia. Entonces Yo no encuentro este gesto en ningún modo contra el Papa, sino al contrario, es un gesto que muestra que Nosotros podemos en la Iglesia Católica, en casos realmente extraordinarios, hacer públicas algunas preocupaciones importantes para invitar a los otros todos juntos, para juntos rezar, discutir, y realmente encontrar juntos la respuesta, y no esconder eso. Y si no somos capaces, la Iglesia, de publicar tal preocupación que los cardenales hicieron, entonces no somos una Iglesia de familia, no somos una Iglesia de colegialidad —que se habla tanto de colegialidad y de familia—, una Iglesia de diálogo, sin miedo. Pero sucede que esos cardenales las publicaron y luego fueron acusados de cismáticos, que estaban contra el Papa, etc. Entonces, estas acusaciones muestran que aquellos que los acusan quieren crear en la Iglesia un clima, no de familia, no de colegialidad, no de un debate sin temor, sino una especie de atmósfera espiritual que es semejante a una dictadura donde todos tienen miedo, donde todos tiene miedo de hacer una pregunta, porque no va a ser conforme a la línea general de pensamiento. Esto es contrario a todo lo que habló el Concilio Vaticano II.