Saturday, November 19, 2016

“Los comunistas piensan como los cristianos”, entrevista de Francisco con La Repubblica

Nos habíamos abstenido de referirnos a esta entrevista esperando a que la Oficina de Prensa de la Santa Sede hiciera algún pronunciamiento, como ocurría en la administración Lombardi, cuando de boca se desacreditaba, pero de facto se confirmaba. Ello en vista del entrevistador: Eugenio Scalfari.

Se trata de una nueva entrevista de Francisco, o artículo basado en una entrevista con él, aparecida originalmente en La Repubblica, Nov-11-2016, pero realizada en Nov-07-2016. La fecha es importante porque para ese entonces no se habían realizado las elecciones presidenciales en EEUU, y en el curso de la misma Francisco es preguntado por el Sr. Donald Trump, quien horas después se convirtió en el nuevo presidente. Los medios de comunicación publicaron estas opiniones de Francisco sobre Trump haciendo creer que fueron emitidas después de la elección. Eso un detalle, porque la entrevista no sólo se trató sobre el Sr. Trump, como es obvio.

Transcurrida una semana después de publicada la entrevista, no solamente no se desmintió su autenticidad, sino que fue replicada en la edición diaria en italiano de L’Osservatore Romano, Nov-12-2016, y ahora en la edición semanal en español, Nov-18-2016, de donde tomamos la traducción.

Entrevista al Pontífice del periódico italiano «la Repubblica»
Derribar muros

Publicamos las respuestas del Papa entrevistado por Eugenio Scalfari el pasado 7 de noviembre. La narración de la entrevista salió en «la Repubblica» el 11 de noviembre.

EUGENIO SCALFARI

Nos abrazamos después de mucho tiempo. «Le veo bien» me dijo:

Usted también está muy bien no obstante el continuo ajetreo de su vida.

«Es el Señor el que decide».

Y «sora nostra morte corporale».

«Sí, corporale».

Era la conversación que empezaba a entrar inmediatamente en lo profundo.

Santidad —le pregunté— qué piensa de Donald Trump?

«No hago juicios sobre las personas y sobre los políticos, solo quiero comprender cuáles son los sufrimientos que su manera de proceder causan a los pobres y a los excluidos».

¿Entonces cuál es su preocupación principal en este momento tan agitado?

«La de los refugiados y los inmigrantes. En pequeña parte cristianos, pero esto no cambia la situación en lo que nos respecta, su sufrimiento y malestar; las causas son muchas y nosotros hacemos lo posible para que desaparezcan. Desgraciadamente muchas veces son solamente medidas obstaculizadas por las poblaciones que temen verse arrebatado el trabajo y reducidos los salarios. El dinero está contra los pobres además de contra los inmigrantes y los refugiados, pero también están los pobres de los países ricos los cuales temen la acogida de sus símiles provenientes de países pobres. Es un círculo perverso y debe ser interrumpido. Debemos derribar los muros que dividen: intentar acrecentar el bienestar y difundirlo, pero para alcanzar este resultado debemos derribar esos muros y construir puentes que consientan hacer disminuir las desigualdades y acrecienten la libertad y los derechos. Mayores derechos y mayores libertades».

Pregunté al Papa Francisco si las razones que obligan a la gente a emigrar se agotarán antes o después. Es difícil entender por qué el hombre, una familia, y enteras comunidades y pueblos quieren abandonar la propia tierra, los lugares en los cuales han nacido, su lengua.

Usted, Santidad, a través de esos puentes que hay que construir favorecerá la agregación de esos desesperados pero las desigualdades han nacido en los Países ricos. Hay leyes que tienden a disminuir su alcance pero no surten mucho efecto ¿No finalizará jamás este fenómeno?

«Usted ha hablado muchas veces de este problema. Uno de los fenómenos que fomentan las desigualdades es el movimiento de muchos pueblos de un país a otro, de un continente a otro. Después de dos, tres, cuatro generaciones, esos pueblos se integran y su diversidad tiende a desaparecer del todo».

Yo lo llamo un mestizaje universal en el sentido positivo del término.

«Muy bien, es la palabra justa. No sé si será universal pero de todos modos será más difuso que hoy en día. Lo que nosotros queremos es la lucha contra las desigualdades, este es el mal mayor que existe en el mundo. Es el dinero el que las crea y está contra esas medidas que tienden a regular el bienestar y favorecer por consiguiente la igualdad».

Usted me dijo hace algún tiempo que el precepto «ama a tu prójimo como a ti mismo» tenía que cambiar, dados los tiempos oscuros que estamos atravesando, y convertirse en «más que a ti mismo». Usted entonces defiende una sociedad dominada por la igualdad. Esto, como Usted sabe, es el programa del socialismo marxista y después del comunismo ¿Entonces Usted piensa en una sociedad de tipo marxista?

«Se ha dicho más de una vez y mi respuesta ha sido siempre que, en todo caso, son los comunistas que piensan como los cristianos. Cristo habló de una sociedad en la que los pobres, los débiles, los excluidos, sean los que decidan. No los demagogos, no Barrabás, sino el pueblo, los pobres, que tengan fe en el Dios trascendente o no, son ellos a los que debemos ayudar para obtener la igualdad y la libertad».

Santidad, yo siempre he pensado y escrito que Usted es un revolucionario y además un profeta. Pero me parece entender que hoy desea que los movimientos populares y sobre todo el pueblo de los pobres entren directamente en la política de verdad.

«Sí, es así. No en el llamado “politiqueo”, las disputas por el poder, el egoísmo, la demagogia, el dinero, sino la alta política, creativa, las grandes visiones. Lo que escribió en su obra Aristóteles».

He visto que en su discurso a los «movimientos populares» del sábado pasado Usted citó al el Ku Klux Klan como un movimiento vergonzoso y así mismo el de ideología contraria pero análogo de las Panteras negras. Pero citó como admirable a Martin Luther King, ¿también él es un profeta, que impacta por lo que decía en la América libre?

«Sí, le cité porque le admiro». He leído esa citación; pienso que sea oportuno recordarlo también a quien lee este encuentro nuestro.

«Cuando te elevas al nivel del amor, de su gran belleza y poder, lo único que buscas derrotar son los sistemas malignos. Amas a las personas atrapadas en ese sistema, pero tratas de derrotar ese sistema: odio por odio sólo intensifica la existencia del odio y del mal en el universo. Si yo te golpeo y tú me golpeas, y yo te devuelvo el golpe y tú me devuelves el golpe, y así sucesivamente, es evidente que se llega hasta el infinito. En algún lugar, alguien debe tener un poco de sentido común, y esa es la persona fuerte, capaz de romper la cadena del odio, la cadena del mal».

Y ahora volvamos a la política y a su deseo de que sean los pobres y los excluidos los que transformen la política en una democrática voluntad de realizar los ideales y la voluntad de los movimientos populares. Usted ha apoyado ese interés por la política porque es Cristo quien la desea. «Los ricos deberán pasar por el ojo de una aguja». Cristo la desea, no porque también es hijo de Dios, sino porque, sobre todo, es hijo del hombre. No obstante, se producirá un enfrentamiento de todos modos, está en juego el poder y el poder, Usted mismo lo ha dicho, conlleva una guerra. Entonces ¿los movimientos populares deberán apoyar una guerra, aunque sea política, sin armas y sin derramamiento de sangre?

«Nunca he pensado en guerra ni en armas. En la sangre sí, puede ser derramada, pero serán eventualmente los cristianos que sean martirizados como está ocurriendo en la mayor parte del mundo a manos de los fundamentalistas y terroristas, y verdugos del ISIS. Esos son horribles y los cristianos son víctimas».

Pero Usted, Santo Padre, sabe muy bien que muchos países también reaccionan con armas para derrotar a ISIS. Por lo demás, los judíos también usaron las armas contra los árabes, e incluso entre ellos.

«Pues bien, no es este tipo de conflicto el que llevan adelante los movimientos populares cristianos. Nosotros los cristianos siempre hemos sido mártires y sin embargo, a lo largo de los siglos, nuestra fe ha conquistado gran parte del mundo. Sin duda ha habido guerras apoyadas por la Iglesia contra otras religiones, e incluso ha habido guerras dentro de nuestra religión. La más cruel fue la masacre de San Bartolomé y, desgraciadamente muchas otras análogas. Pero ocurrían cuando las distintas religiones y la nuestra, como a veces más que las demás, anteponían el poder temporal a la fe y a la misericordia».

Sin embargo Usted, Santidad, incita ahora a los movimientos populares a entrar en política. Quien entra en política se enfrenta inevitablemente con los adversarios. Guerra pacífica, pero de todos modos de conflicto se trata y la historia nos dice que en los conflictos está en juego la conquista del poder. Sin el poder no se vence.

«Ahora usted olvida que existe también el amor. A menudo el amor convence y entonces vence también a los que somos ahora. Los católicos son un millardo y medio, los protestantes de las distintas confesiones ochocientos millones; los ortodoxos son trescientos millones, luego están las demás confesiones como los anglicanos, valdeses, coptos. Todos incluidos, los cristianos alcanzan los dos millardos y medio de creyentes o quizás más ¿Han sido necesarias armas y guerras? No ¿Mártires? Sí, y muchos».

Y así habéis conquistado el poder

«Hemos difundido la fe tomando como ejemplo a Jesucristo. Él fue el mártir entre los mártires y echó a la humanidad la semilla de la fe. Pero yo tengo mucho cuidado con pedir el martirio de quien se especializará en una política orientada hacia los pobres, para la igualdad y la libertad. Esta política es algo distinto de la fe y son muchos los pobres que no tienen fe. Pero tienen necesidades urgentes y vitales y nosotros debemos apoyarles como apoyaríamos a todos los demás. Como podamos y como sepamos».

Mientras le escucho, cada vez más me confirmo en lo que siento por Usted: pontificados como el suyo ha habido pocos. Por lo demás Usted tiene bastantes adversarios dentro de su Iglesia.

«Adversarios no diría. La fe nos une a todos. Naturalmente cada uno de nosotros individuos ve las mismas cosas de manera distinta; el cuadro objetivamente es el mismo pero subjetivamente es distinto. Nos lo hemos dicho más veces, usted y yo». Santidad, quizás le he entretenido demasiado tiempo y ahora le dejo. Llegados a este punto nos saludamos con un abrazo lleno de afecto. Le dije que descansase de vez en cuando y él me dijo:

También usted debe descansar porque un no creyente como usted debe estar lo más lejos posible de la «muerte corporal». Era el 7 de Noviembre.