Thursday, November 24, 2016

Francisco afirma que la moral usada en Amoris Lætitia es la del gran Santo Tomás, no la de la “escolástica decadente”


Artículo de Aleteia, Nov-24-2016.

El Papa Francisco considera que actualmente faltan hombres y mujeres que sean grandes políticos “capaces de jugársela en serio por sus ideas y no teman ni al diálogo ni a la lucha, pero siguiendo adelante con inteligencia”.

Hoy se necesita “mantener la audacia profética de no tener miedo”, instó el Papa a los delegados de las diversas provincias jesuitas del mundo reunidos en su 36 ª congregación general, días después de la elección del nuevo superior de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa. La Civiltà Cattolica ha publicado las palabras del papa Francisco registradas el pasado 24 de octubre.

La política, la “gran política” es un “trabajo artesanal para construir la unidad de los pueblos y la unidad de un pueblo en todas las diversidades que coexisten en su interior”, dijo.

Lamentó también que cuando se acaban los periodos constitucionales del mandato, en seguida se busca reformar la Constitución para quedarse aún, como fruto de la corrupción.

El Pontífice igualmente habló a los detractores de su pontificado sobre su magisterio. La moral usada en Amoris laetitia es la del gran San Tomás, no la de la “escolástica decadente” profesada por algunos teólogos, afirmó.

Sucesivamente, definió Evangelii gaudium como “un marco” de su pontificado en el que hay que “seguir trabajando” y Laudato Si como una encíclica social, no “una encíclica verde”.

Respecto al próximo sínodo de los obispos, sobre los jóvenes, el Pontífice habló de la formación de los sacerdotes, que será un tema importante del próximo evento que reunirá a los llamados padres sinodales.

El Papa insistió en la “carencia” del discernimiento en los seminarios y se expresó contra la tentación de la “rigidez” que “hoy en una cierta cantidad de seminarios está volviendo a instalarse”.

La crisis de vocaciones, el Papa la relacionó con el clericalismo. Francisco sostiene que estas, en cambio existen: “no promover vocaciones locales es una ligadura de las trompas eclesiales, es no dejar que esa madre tenga hijos suyos”.

También reiteró el concepto de una Iglesia pobre para los pobres y se refirió a la pobreza “madre” y “muro”, enseñada por san Ignacio, fundador de los jesuitas.

“La pobreza es la madre y la pared. La pobreza engendra, es una madre, genera vida espiritual, una vida de santidad, la vida apostólica. Y es la pared, defiende. ¿Cuántos desastres eclesiales comenzaron por la falta de pobreza?”, insistió.

Un importante punto se refirió a la defensa de las culturas indígenas, en el pasado víctimas de un “centralismo romano” que ha bloqueado pioneros de la evangelización, dijo.

Seguidamente transcribimos la alusión que Francisco hizo sobre Amoris Lætitia y la “escolástica decadente”, tal como las ha publicado hoy La Civiltà Cattolica. Para la fecha en la que pronunció estas palabras (Oct-24-2016), el Pontífice era el único que conocía las Dubia dirigidas a él por 4 cardenales en las que solicitaban 5 respuestas sobre algunos aspectos confusos de Amoris Lætitia, de cuya existencia los fieles en general nos vinimos a enterar después (Nov-14-2016). Por lo que puede inferirse que sus aseveraciones veladamente aluden a las preguntas dirigidas a él por este grupo de cardenales.

En su discurso nos ha propuesto claramente una moral que se funda en el discernimiento. Cómo nos sugiere avanzar en el campo moral en torno a esta dinámica de discernimiento de las situaciones morales? Me parece que no es posible detenerse en una interpretación de aplicación subsuntiva de la norma que se limita a ver las situaciones particulares como casos de la norma general.

El discernimiento es el elemento clave: la capacidad de discernimiento. Y estoy notando precisamente la carencia de discernimiento en la formación de los sacerdotes. Corremos el riesgo de habituarnos al «blanco o negro» y a lo que es legal. Estamos bastante cerrados, en general, al discernimiento. Una cosa es clara: hoy en una cierta cantidad de seminarios ha vuelto a reinstaurarse una rigidez que no es cercana a un discernimiento de las situaciones. Y eso es peligroso, porque nos puede llevar a una concepción de la moral que tiene un sentido casuístico. Con diferentes formulaciones, se estaría siempre en esa misma línea. Yo le tengo mucho miedo a esto.

Eso ya lo dije en una reunión con los jesuitas de Cracovia, durante la Jornada Mundial de la Juventud. Allí los jesuitas me preguntaron qué creía que podía hacer la Compañía y respondí que una tarea importante de la Compañía era la de formar a los seminaristas y sacerdotes en el discernimiento.

Nuestra generación, quizás los más jóvenes no, pero mi generación y alguna de las sucesivas también, fuimos educados en una escolástica decadente. Estudiábamos con un manual la teología y también la filosofía. Era una escolástica decadente. Para explicar el «continuo metafísico», por ejemplo — me causa risa cada vez que me acuerdo —, nos enseñaban la teoría de los «puncta inflata¹». Cuando la gran Escolástica empezó a perder vuelo, sobrevino esa escolástica decadente con la cual han estudiado al menos mi generación y otras.

Ha sido esa escolástica decadente la que provocó la actitud casuística. Y, es curioso: la materia «sacramento de la penitencia», en la facultad de teología, en general — no en todos lados — la daban profesores de moral sacramental. Todo el ámbito moral se restringía al «se puede», «no se puede», «hasta aquí sí y hasta aquí no». En un examen de «audiendas», un compañero mío, a quien le hicieron una pregunta muy intrincada, con mucha sencillez dijo: «Pero Padre, por favor, eso no se da en la realidad! Y el examinador respondió: «Pero está en los libros».

Era una moral muy extraña al discernimiento. En aquella época estaba el «cuco», el fantasma de la moral de la situación… Creo que Bernard Häring² fue el primero que empezó a buscar un nuevo camino para hacer reflorecer la teología moral. Obviamente en nuestros días la teología moral ha hecho muchos progresos en sus reflexiones y en su madurez; ya no es más una «casuística».

En el campo moral hay que avanzar sin caer en el situacionalismo; pero por otro lado hay que hacer surgir la gran riqueza contenida en la dimensión del discernimiento; lo cual es propio de la gran escolástica. Cuando uno lee a Tomás o a san Buenaventura, se da cuenta de que ellos afirman que el principio general vale para todos, pero — lo dicen explícitamente —, a medida que se baja a los particulares la cuestión se diversifica y se dan muchos matices sin que por eso cambie el principio. Ese método escolástico tiene su validez. Es el método moral que usó el «Catecismo de la Iglesia Católica». Y es el método que se utilizó en la última exhortación apostólica Amoris Laetitia, después del discernimiento hecho por toda la Iglesia a través de los dos Sínodos. La moral usada en Amoris Laetitia es tomista, pero del gran santo Tomás, no del autor de los «puncta inflata».

Es evidente que en el campo moral hay que proceder con rigor científico, y con amor a la Iglesia y discernimiento. Hay ciertos puntos de la moral sobre los cuales solo en la oración se puede tener la luz suficiente para poder seguir reflexionando teológicamente. Y en esto, me permito repetirlo, y lo digo para toda la teología, se debe hacer «teología de rodillas». No se puede hacer teología sin oración. Esto es un punto clave y hay que hacer así.

1. El Papa hace referencia a teorías debates de los inicios el 1600 en los que estaban implicados también jesuitas como Rodrigo de Arriaga.

2. Bernard Häring (1922-1998) religioso redentorista, fue un teólogo moralista alemán y no de los fundadores de la «Academia Alfonsiana». Su obra tuvo un influjo significativo en la preparación y en el desarrollo del Concilio Vaticano II.