Sunday, November 06, 2016

Dios usa de misericordia por determinado tiempo, pasado el cual ya no perdona sino castiga. Sermón del Doctor San Alfonso María de Ligorio*
[Republicación]

Este sermón fue originalmente publicado en una entrada de Ago-01-2014, con el mismo título.


DISCURSO III

DIOS USA DE MISERICORDIA HASTA CIERTO PUNTO Y DESPUÉS CASTIGA.


Indulsisti gente, Domine, indulsisti gente; numquid glorificatus es?
ISAI. 26, 13.

Señor, ¿cuan repetidas veces no habeis otorgado vuestro perdón á este pueblo? amenazásteisle de muerte con terremotos, con la peste, derramada por los pueblos vecinos, con las enfermedades y muerte de sus compatriotas; mas al cabo usasteis con él de misericordia: Indulsisti gente, Domine, indulsisti gente; numquid glorificatus es? Perdonasteis, pusisteis en obra vuestra clemencia; mas ¿que fruto habeis conseguido? ¿Han abominado acaso de sus pecados? ¿han trocado su vida ? Nó, que reincidieron en peores faltas que las primeras; desvanecido aquel ligero temor, volvieron á cometer nuevas ofensas, y á provocar de nuevo vuestro enojo. ¿Qué es esto, pecadores, hermanos mios; ¿os lisonjeais acaso de que Dios siempre espera , siempre perdona y jamás castiga? Nó; Dios usa de misericordia: y ved ahí el asunto del presente discurso; Dios usa, digo, de misericordia hasta cierto punto, mas después se arma de su justicia y descarga su castigo.

Es preciso convenir en que Dios no puede dejar de tener odio al pecado. Como Dios es la santidad misma, ha de aborrecer de necesidad á aquel monstruo, enemigo suyo, cuya malicia contrasta abiertamente con la rectitud divina. De lo cual se sigue, que Dios ha de odiar necesariamente al pecador, que se allega al pecado: Similiter autem odio sunt Deo, impius et impietas ejus. (Sap. 14, 9.) ¡Buen Dios!; con que sentidas espresiones y con cuanta razon se queja el Señor de aquellos que le menosprecian por afiliarse al bando de su enemigo! Audite, cæli, auribus percipe, terra, quoniam Dominus locutus est: Filios enutrivi et exaltavi, ipsi autem spreverunt me. (Isa. 1. 2.) Escuchadme, cielos, dice Dios, atiende, tierra, á la ingratitud con que me pagan los hombres: Yo les nutrí, yo les exalté como hijos propios, y ellos me devuelven injurias y menosprecios. Cognovit bos possessorem suum, et asinus prœsepe domini sui, Israel autem me non cognovit...... abalienati sunt retrorsum. (Isa. 1, 3 et 4.) Los brutos mismos, el buey, el jumento reconocen á su dueño y le muestran gratitud; pero mis hijos, continua diciendo en sus quejas el Señor, me han desconocido, y vuelto bruscamente las espaldas: Abalienati sunt retrorsum. Pero como? Beneficia etiam feræ sentiunt, dice Séneca, hasta los brutos son agradecidos á quien les hace bien; ved sino como el perro sirve, obedece y guarda fidelidad al dueño que le sustenta! Las fieras mismas, como los leones y los tigres, se muestran agradecidos al que les da alimento. Y á Dios que hasta hoy dia, hermano mio, te ha proporcionado todas las cosas, te ha dado el sustento, el vestido; que mas? te ha conservado la vida al mismo tiempo que tú le estabas ofendiendo ¿como le has tratado? ¿Qué piensas con respecto á tu porvenir? ¿Pretendes continuar llevando la misma vida? ¿Juzgas quizás que no existe para tí, ni castigo ni infierno? Ten empero entendido que al par que el Señor no puede dejar de aborrecer el pecado, porque él es santo, tampoco puede dejar de castigarlo en el pecador rehacio, porque él es justo.

Mas al castigarnos, no descarga la pena por pura complacencia, sino impelido á darnos el castigo por nuestro propio impulso. No hizo Dios el infierno, dice el Sabio, por propension que tenga su espíritu en enviar á los hombres á sufrir tormentos, ni se regocija tampoco en su condenacion, pues no desea que se pierdan las cosas Que él crió: Deus mortem non fecit, nec lætatur in perditione vivorum, creavit enim ut essent omnia. (Sap. 1. 13, 14.) El arbolista no planta el árbol para cortarlo desde luego y arrojarlo al fuego, y Dios ningun deseo tiene de que seamos míseros y afligidos eternamente. Por eso dice el Crisóstomo, que grande es la magnanimidad del Señor en tolerar al pecador antes de llegar á vengarse de los ultrajes que de él recibe: Ad reposcendam de peccantibus ultionem, consuevit Deus moras nectere. Aguarda ansioso para observar si se convierten; y si puede poner en uso su misericordia: Propterea expectat Dominus ut misereatur vestri. (Isa. 30, 18.) Dios nuestro Señor, dice el propio Santo, es diligente en salvar, y tardo en condenar: Ad salutem velox, tardans ad demolitionem. Trátase de perdon; si el pecador está contrito, al punto mismo, sin demora ni tardanza Dios le concede su perdon. Apenas David hubo dicho, peccavi, que el profeta le anunció que quedaba ya perdonado: Dominus quoque translulit peccatum tuum. (2. Reg. 12, 13.) Y en efecto, no son tan eficaces los deseos que de obtener el perdon sentimos nosotros, cuanto son vivos los que tiene el Señor de concedérnoslo: Non ita tua condonari peccata cupis, dice el citado Santo Doctor, quam tibi remissa esse expetit. Mas, tratase de castigo: aguarda, amonesta, despacha previamente sus avisos: Non fecit Dominus Deus verbum, nisi revelaverit secretum suum. (Amos 3, 7.)

Pero cuando Dios observa que ni sus beneficios, ni sus amonestaciones, ni sus amenazas nos mueven á ceder ni á enmendarnos, acude, obligado por nosotros mismos, al castigo; y al descargarlo sobre nuestras cabezas aun nos pone á la vista las grandes misericordias que antes derramó sobre nosotros: Existimasti inique, quod ero tui similis: arguam te, et estatuam contra faciem tuam. (Psal. 49, 21.) Y entonces dirá al pecador: ¿Pensaste, inicuo, que yo me hubiera olvidado, como tú, de los ultrajes que contra mí cometiste, y de las gracias que te dispensé? Dice S. Agustin, que Dios no tiene aborrecimiento á nosotros sino amor; y que odia solamente á nuestros pecados: Odit Deus amat; odit tua, amat te. No se enoja con los hombres, añade S. Jerónimo, sino con sus pecados: Neque Deus hominibus sed vitiis irascitur. El Señor, por su naturaleza, propende á hacernos beneficios, continua diciendo el Santo; mas nosotros le precisamos á castigarnos y á tomar, fuera de su costumbre, un semblante airado: Deus qui natura benignus est, vestris peccatis cogetur personam, quam non habet, crudelitatis assumere. No otra cosa quiere denotar David cuando dice, que Dios, cuando castiga se asemeja al beodo, que dormido sacude con el palo: Et excitatus est tamquam potens crapulalus à vino, et percussit inimicos suos. (Ps. 77, 65.) Esplicalo Teodoreto, diciendo, que así como la embriaguez no es natural al hombre, tampoco es propio de Dios aplicar los castigos ; y que nosotros somos quienes concitamos contra nosotros mismos aquel enojo que naturalmente no conserva: Thesaurizas tibi iram quam Deus naturatiter non habet. (S. Hieron.)

Reflexiona S. Juan Crisóstomo, que en el juicio final Jesucristo dirá á los réprobos: Ite, maledicti, in ignem eternum, qui paratus est diabolo et angelis ejus. (Matth. 25, 41.) Id al fuego que está preparado para Lucifer y sus secuaces. Y pregunta el Crisóstomo, quién preparó para los pecadores este fuego: Dios, acaso? Nó; porque Dios no crea las almas para el infierno, como afirmaba el impío Lutero; el fuego se lo aparejan los pecadores mismos por medio de sus pecados: Comparaverunt delictis suis. Quien siembra pecados, coge castigos: Qui seminat iniquitatem, metet mala. (Prov. 22. 8.) Cuando el alma consiente el pecado, se somete voluntariamente á pagar la pena del delito y se condena por su propio juicio á las llamas del infierno: Dixistis enim: Percussimus fædus cum morte, et cum inferno fecimus pactum. (Isa. 28, 45.) Bien decía S. Ambrosio, que Dios á nadie condena, sino que cada cual es el propio autor de su castigo: Nullum prius Dominus condemnat, sed unusquisque sibi auctor est pænæ. Y así, como dice el Espíritu Santo, el pecador quedará consumido en el odio mismo que profesó á sí propio: Et virga iræ suæ consummabitur. (Prov. 22, 8.) Y en efecto, porque, como dice Salviano, el que á Dios ofende, no tiene verdugo mas cruel contra sí mismo que á sí propio, porque él es quien allega los tormentos que le martirizan: Ipse sibi parat peccator quod patitur, nihil itaque est in nos crudelius nobis. Dios no nos quiere afligidos; y nosotros atraernos sobre nuestras cabezas una nube de tormentos, y con nuestros pecados encendemos las llamas que nos han de abrasar: Nos etiam nolente Deo, nos cruciamus; nam cælesti iræ accendimus incendia quibus ardeamus. Y Dios nos castiga porque nosotros le obligamos á castigarnos.

Pero, yo sé, dices, que la misericordia de Dios es grande; y por mas pecados que yo cometa, entiendo arrepentirme despues, trocar de vida, y Dios tendrá piedad de mí. Mas no lo creas así, dice Dios: Et ne dicas: miseratio Domini magna est, multitudinis peccatorum meorum miserebitur. (Eccl. 5, 6.) No lo juzgues así, dice el Señor ¿y porqué? He ahí el porqué: Misericordia enim, et ira ab illo cito proximant. (Ibid.) En efecto, Dios tiene suma paciencia, Dios espera á algunos pecadores, y digo á algunos, porque á otros no les espera ; ¿á cuantos de ellos no ha enviado al infierno tras el primer pecado en que cayeron? A otros espera, mas no siempre, sino hasta cierto punto: Dominus patienter expectat; ut cum judicii dies advenerit, in plenitudine peccatorum puniat. (2. Mach. 6, 14.)

Nótese el cum judicii dies advenerit, cuando llega el dia de la venganza; in plenitudine peccatorum, cuando está colmada la medida de los pecados que Dios ha determinado perdonar: puniat; entonces el Señor cierra la puertas de su misericordia, y lanza el castigo sin remision. La ciudad de Jericó, no cayó á la primer vuelta que diera el Arca, ni tampoco á la quinta, ni á la sexta; pero cayó por fin á la séptima. (Jos. 9, 20.) Lo propio acontecerá contigo, dice S. Agustín: Veniet septimus arcæ circuitu, et civitas vanitatis corruet. Dios te perdonó el primer pecado , el décimo , el septuagésimo, y el milésimo; quizás te ha llamado repetidas veces, ó te está llamando ahora mismo; rezélate que no sea esta la postrer vuelta del Arca: esto es, el postrer llamamiento, tras el cual, si no mudares de vida, concluyó para ti la reimision : Terra enim, dice el Apóstol, sæpe venientem super se bibens imbrem..... proferens au tem spinas ac tributos, reproba est, ac maledicto proxima, cujus consummatio in combustionem. (Hebr. 6. 7.) Que es como si dijera, el alma que recibió frecuentes aguas de luz y de gracia divinas , y en vez de dar frutos , produjo espinas de pecados, está próxima á ver descargar sobre ella la maldicion ; y su último fin será el de ir á arder eternamente en el infierno. En una palabra, llegado el término, Dios envia su castigo.

Y cuando Dios quiere castigar, entended que puede y sabe castigar. Derelinquetur filia Sion, sicut civitas quæ vastatur. (Isa. 1, 8.) ¿De cuantas ciudades no sabemos que fueron destruidas y asoladas por causa de los pecados de sus moradores, que Dios no pudo tolerar por mas tiempo? Acertó á pasar cierto dia Jesus á la vista de la ciudad de Jerusalen, la miró, y considerando la ruina en que debia quedar envuelta á causa de sus maldades, movido á compasion, conforme suele tenerla y grande de nuestras miserias, derramó lágrimas: Videns civitatem flevit super illam. (Luc. 19. 41), y dijo nuestro Redentor: Non relinquent in te lapidem super lapidem, eo quod non cognoveris tempus visitationis tuæ. (Ibid. 44.) Pobre ciudad, no quedará en ti piedra sobre piedra, porque rehusaste apreciar las gracias que yo te concedí visitándote con tantos beneficios, y tantos señales de amor; y tú, ingrata, me desprecias y me arrojas de tí: Jerusalem, Jerusalem..... quoties volui congregare filios tuos el noluisti? Ecce relinquetur vobis domus vestra deserta. (Luc. 13, 34.) Quien sabe, pecador hermano mio, si en este mismo momento, el Señor está mirando tu alma, y al mirarla derrama lágrimas? quizás descubre el desprecio con que miras la visita que te está haciendo, y los toques que te está dando para que mudes de vida: Quoties volui et noluisti? Cuantas veces, dice el Señor, te he prodigado mis luces para atraerte á mí, y no has querido oirme; hiciste el sordo, y seguiste desviándote de mí Ecce relinquetur domus tua deserta. Mirame próximo á abandonarte, y si te dejáre en desamparo, tu ruina será inevitable y sin remedio.

Curavimus Babylonem et non est sanata; derelinquamus eam (Jer. 51, 9.) Cuando el médico ve que el enfermo rehusa los remedios, que él mismo le propuso con entrañable amor, y lo arroja por la ventana; qué hace por último? le vuelve la espalda y lo deja. Hermano mio, cuantos medios, cuantas inspiraciones, cuantos llamamientos ha puesto por obra el Señor, para preservarte de tu condenacion? ¿Que le resta que hacer? Si despues de ello te condenares, ¿podrás quejarte de Dios, que de tantas maneras te ha llamado á sí? Llama Dios con los sermones y con los avisos interiores, llama con beneficios, llama finalmente con calamidades temporales, á fin de infundirnos temor y evitarnos de caer en el castigo eterno; puesto que, conforme al sentir de S. Bernardino de Sena, para evitar ciertos pecados especiales y señaladamente los de escándalo, no hay remedio mas eficaz que los castigos temporales: Pro talibus admonendis, nullum reperitur remediumnisi Dei flagellum. Cuando el Señor ve que sus beneficios no producen otro resultado, sino volver mas procaz al pecador en su mala vida; que se menosprecian sus amenazas; que habla y sus palabras no son escuchadas, entonces abandona al pecador y le castiga con la muerte eterna; y por eso dice: Quia vocavi et renuistis, et increpationes meas neglexistis; ecce in interitu vestro ridebo, et subannabo vos. (Prov. 1. 24.) Vosotros dice, os reís de mis palabras, de mis amenazas, de mis castigos: llegará para vosotros el postrero, y entonces yo me reiré de vosotros. Virga....versa est in colubrum. (Exod. 4.) Pasaje, que comenta de esta manera S. Bruno: Virga in draconem vertitur quando emendare se nolunt. Al castigo temporal sucederá el eterno.

¡Que bien sabe castigar el Señor, y como sabe proporcionar el castigo por las cosas mismas y motivos propios del pecado! Per quæ quis peccat, per hæc et torquetur. (Sap. 11. 18.) Los Judíos dieron muerte á Jesus porque estaban rezelosos de que los Romanos no se apoderasen de sus bienes: Venient Romani, decian, et tollent locum nostrum. (Joann. 4 1, 48.) Y este mismo pecado de haber dado muerte á Jesus, fué la causa de que poco tiempo despues fueron los Romanos y les despojaron de todo: Timuerunt perdere temporalia, dice S. Agustín, et vitam æternam non cogitaverunt, et sic ultrumque amisserunt. (Hom. in Fer. VI. Pass.) Por no menoscabar sus intereses perdieron sus almas; pero vino el castigo, y perdieron entrambas cosas. Esto es lo que á muchos acontece, pierden sus almas por causa de los bienes terrenales; mas Dios permite, con gran justicia, que el pecado les haga en esta vida indigentes y en la otra condenados.

Pecadores mios, cesad de provocar la cólera de vuestro Dios. Entended que cuanto mayor es el cúmulo de misericordias que con vosotros ha usado, cuanto mas prolongado es el tiempo que os ha sufrido, si no tratareis de poner coto á vuestros desórdenes, tanto mas grave é inminente será vuestro castigo: Tardam vindictam, compensat Dominus gravitate pænarum, dice S. Gregorio. Væ tibi, Corozaim, he ahí como habla el Señor á una alma á que colmó de beneficios; Væ tibi Bethsaida, quia si in Tyro et Sidone factæ fuissent virtutes quæ factæ sunt in vobis, olim in cilicio et cinere sedentes pæniterent. (Luc. 10, 13.) Hermanos mios, si las gracias que el Señor ha derramado sobre vosotros, las hubiese hecho á un turco, á un salvaje, si in Tyro et Sidone factæ fuissent virtutes quæ factæ sunt in vobis, á la hora que es, aquéllos se hubieran quizás santificado, ó al menos hubieran hecho penitencia de sus pecados; ¿y vosotros os habeis convertido á Santidad ? ¿Habeis hecho al menos penitencia de tantos pecados mortales, de tantos pensamientos desarreglados, de tantas palabras, de tantos escándalos? ¿No veis como Dios está enojado contra vosotros? ¿No reparais que está empuñando el azote? ¿No observais que teneis á la muerte sobre vuestras cabezas?

¿Y qué podernos hacer? decís. ¿Reducirnos á la desesperacion? No, que Dios no nos quiere desesperados: Adeamus ergo cum fiducia; he ahí lo que nos toca hacer, conforme nos exhorta S. Pablo: Adeamus cum fiducia ad thronum graitiæ ut misericordiam consequamur; et gratiam inveniamus in auxilio opportuno. (Hebr. 4, 16.) Acerquémonos con presteza al trono de la gracia para recibir el perdon de nuestras culpas y del castigo que nos amenaza: in auxilio opportuno, es decir, que quizás el auxilio que Dios querrá concedernos hoy no nos lo prestará el dia de mañana. Apresurémonos, pues, á presentarnos ante el trono de la gracia. Mas, ¿que trono es este de la gracia? Es el mismo Jesucristo: Ipse est propitiatio pro peccatis nostris. (1. Joan. 2. 2.) Jesus, por los méritos de su sangre es quien obtiene para nosotros el perdon; no nos retardemos. Mientras que nuestro Redentor predicaba por la Judea, curaba á los enfermos y concedia otras gracias; las personas que se las pedian alcanzábanlas; mas los negligentes, que no cuidaban de solicitar sus gracias, quedaban sin ellas: Pertransiit benefaciendo. (Act. 10, 38.) Esta reflexion obligaba á decir á S. Agustín: Timeo Jesum transeuntem: dando á entender, que cuando el Señor nos ofrece sus gracias, importa sobremanera corresponder á su obsequio, cooperando por nuestra parte á su obtencion : de otra suerte Jesus pasará, y nosotros quedarémos faltados de ellas: Hodie si vocem ejus audieritus, nolite obdurare corda vestra. (Ps. 94, 8.) Hoy Dios te llama, pues hoy mismo entrégate á Dios; si aguardares á mañana quizás mañana Dios no te llamará y quedarás en el abandono. Trono de gracia es tambien, conforme dice S. Antonino, María Santísima, que es reina y madre de misericordia. Si vieres, pues, que Dios está enojado contra tí, te exhorta S. Buenaventura, si videris Dominum indignatum, ad spem peccatorum confugias; recorre á la esperanza de los pecadores. ¿Y quien es la esperanza de los pecadores? Es María, que se llama Madre de la santa esperanza: Mater sanctæ spei. (Eccl. 24, 24.) Mas conviene advertir, que la esperanza santa es la esperanza del pecador que anda arrepentido del mal que ha hecho, y propone mudar de vida; que de otra suerte, quien entendiere continuar en su mala vida, abrigando al propio tiempo la esperanza de que María le prodigará sus auxilios y procurará su salvacion, se entregaria á una esperanza falsa y temeraria. Arrepintámonos, pues, de los pecados que hemos cometido, propongamos enmendarnos, y llenos de confianza recurramos á María, y entonces ella nos socorrerá y nos salvará. (Hágase aqui el acto de contricion.)

San Alfonso María de Ligorio
“Sermones Acerca De Diversas Materias”
Traducidos del original italiano
Por D. José María de Mora,
Y revisados
Por el Pbro. José Buniva, esclaustrado franciscano
Pons y C.ª Libreros Editores
Barcelona, 1847

* [Se observará que parece como si se contuvieran varios errores ortográficos y falta de signos de puntuación. Lo hemos hecho intencionalmente para cumplir el papel de simples transcriptores y no de correctores, es decir, tratamos de ceñirnos exactamente al texto que tenemos a la vista. Téngase también en cuenta que las grafías de algunas palabras han cambiado con el paso de los siglos. Nota del editor]