Monday, September 05, 2016

La homilía wojtyliana del card. Norberto Rivera

En su homilía dominical en la Catedral Metropolitana de México, el Card. de México se ha referido al derecho a no migrar.

Información de Siame, Sep-04-2016.

Homilía pronunciada por el Sr. Cardenal Norberto Rivera C., Arzobispo Primado de México en la Catedral Metropolitana de México.

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario.

Con frecuencia el Antiguo Testamento nos anuncia una realidad o nos plantea cuestionamientos y después el Nuevo Testamento nos revela el cumplimiento o nos da la respuesta esperada por siglos. Así sucede con la primera lectura y el salmo responsorial de este domingo: nos han planteado un cuestionamiento vital y es en el evangelio en donde podemos encontrar la respuesta. El libro de la Sabiduría ha sentenciado: “Los pensamientos de los mortales son inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse... Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance...”. El salmo 89 se ha expresado en el mismo sentido: “Nuestra vida es tan breve como un sueño; semejante a la hierba, que despunta y florece en la mañana y por la tarde se marchita y se seca”. Frente a estos planteamientos o frente a la problemática propia de nuestro tiempo, el hombre moderno cae en la angustia y la desesperación o se refugia en el dicho de los materialistas de todos los tiempos: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos”, con la expresión actual y trágica que va en aumento del alcoholismo y la drogadicción.

Ya la primera lectura nos anunciaba dónde podemos encontrar la solución a esos cuestionamientos existenciales: “Sólo con la sabiduría lograron los hombres enderezar sus caminos y conocer lo que te agrada. Sólo con esa sabiduría se salvaron...” Nosotros de inmediato nos preguntamos ¿Y qué es la Sabiduría? Por supuesto que no podemos confundir la sabiduría con la erudición de aquellos que ganan los concursos televisivos de preguntas. Tampoco podemos llamar sabiduría el poder acumular en la memoria tantos datos como lo hace un disco duro de computadora. Ni siquiera podemos decir que la sabiduría es la ciencia que se obtiene mediante el desarrollo de la razón y la investigación profunda y metódica en un determinado campo. Sabiduría viene del latín “sapere”, que significa saborear, gustar; es un saber especial que lleva consigo la experiencia y el saber disfrutar. Es encontrarle el sentido a las cosas de este mundo y el tener respuestas satisfactorias a los grandes interrogantes que el hombre siempre se ha planteado: ¿De dónde vengo, qué hago aquí, hacia dónde me dirijo? Es un saber gustativo pero también un saber operativo, es decir, orientado a tomar decisiones, a actuar conforme a lo que va descubriendo.

Por supuesto que los sabios han existido en todos los tiempos y en todas las grandes religiones, pero cuando llega la plenitud de los tiempos, Jesús se nos presenta como la misma Sabiduría eterna del Padre. Sólo así podríamos entender el evangelio de hoy donde Cristo se nos presenta como el absoluto pidiendo la renuncia a todos los demás bienes. La sabiduría cristiana es seguir a Jesucristo, no se trata de seguir una doctrina solamente, se trata de seguir a una persona. Es una elección existencial, como la elección que se realiza cuando una persona se enamora de otra, es una entrega total, es confiarse plenamente en el otro, es entregar la propia existencia en manos del otro, con la gran diferencia que Jesús es el absoluto, mientras las demás personas no.

El sabio cristiano no es el que desprecia las realidades de este mundo sino el que no se deja dominar por ellas, conservando siempre el primado de Dios y del Espíritu, no arriesgando el todo por la parte, lo eterno por lo transitorio, lo importante por aquello que sólo es urgente. Muchas veces, sin darnos cuenta, sacrificamos aquello que verdaderamente es importante por lo que simplemente es urgente pero no importante. Por ejemplo, la misa dominical es algo realmente importante para un cristiano, pero con frecuencia, en el último momento se nos presentan urgencias y suprimimos la participación en la eucaristía o llegamos tarde. Visitar a nuestros enfermos o aquellos que viven en soledad, salir en ayuda de aquellos amigos que verdaderamente necesitan una ayuda nuestra, es algo realmente importante para un católico, pero por las prisas de la vida lo vamos posponiendo y llega el día en que quisiéramos visitarlos pero ya no están... llegamos sólo a su funeral.

Hoy que celebramos el día del Migrante conviene reafirmar con vigor que no puede haber auténtica paz sin justicia y sin respeto de los derechos humanos. En efecto, existe un vínculo muy estrecho entre la justicia y la paz, como ya puso de relieve el profeta en el Antiguo Testamento: “Opus iustiatiae pax” (Is 32,17).

Crear condiciones concretas de paz, por lo que atañe a los emigrantes y refugiados, significa comprometerse seriamente a defender ante todo el derecho a no emigrar, es decir, a vivir en paz y dignidad en la propia Patria. Gracias a una atenta administración local o nacional, a un comercio más equitativo y a una cooperación internacional solidaria, cada país debe poder asegurar a sus propios habitantes no sólo la libertad de expresión y de movimiento, sino también la posibilidad de colmar necesidades fundamentales, como el alimento, la salud, el trabajo, la vivienda, la educación, cuya frustración pone a mucha gente en condiciones de tener que emigrar a la fuerza.

Ciertamente, existe también el derecho a emigrar. En la base de este derecho, como recuerda el beato Juan XXIII en su encíclica Mater et Magistra, se encuentra el destino universal de los bienes de este mundo (cf. Nn. 30 y 33). Desde luego, corresponde a los gobiernos regular los flujos migratorios, respetando plenamente la dignidad de las personas y las necesidades de sus familias y teniendo en cuenta las exigencias de las sociedades que acogen a los inmigrantes. A este respecto, ya existen acuerdos internacionales en defensa de los emigrantes, así como de cuantos buscan en otro país refugio o asilo político, son acuerdos que siempre se pueden seguir perfeccionando y deben perfeccionarse pero nunca con represiones o muros y mucho menos con muertes de aquellos que solo buscan la sobrevivencia con valentía y dignidad.

¿Y por qué decimos que esta homilía es wojtyliana? Una de las grandes diferencias que, hablando de los migrantes, el actual Pontífice denota ante sus dos inmediatos predecesores, pero especialmente con Juan Pablo II, es que jamás ha hablado del derecho a no migrar.

Por ej., en 1985 con ocasión Congreso del Nuevo Mundo sobre el cuidado pastoral de inmigrantes, dijo:

“Cada ser humano tiene el derecho a la libertad de movimiento y de residencia dentro de los confines de su propio país. Cuando hay razones justas en favor de ello, se le debe permitir migrar a otros países y tomar residencia allí. El hecho de que es un ciudadano de un estado particular no es para privarlo de membresía en la familia humana, ni de ciudadanía en la sociedad universal, la hermandad común por todo el mundo.”

En 1998, a los participantes del 4° congreso sobre la pastoral de los emigrantes y refugiados:

[E]s un derecho primario del hombre vivir en su propia patria. Sin embargo, este derecho es efectivo sólo si se tienen constantemente bajo control los factores que impulsan a la emigración. Éstos son, entre otros, los conflictos internos, las guerras, el sistema de gobierno, la desigual distribución de los recursos económicos, la política agrícola incoherente, la industrialización irracional y la corrupción difundida.

Hay más ejemplos, pero proporcionamos tan sólo uno más. En 2004, en su mensaje para la jornada mundial del emigrante y el refugiado, en el N° 3 (énfasis en el original).

Crear condiciones concretas de paz, por lo que atañe a los emigrantes y refugiados, significa comprometerse seriamente a defender ante todo el derecho a no emigrar, es decir, a vivir en paz y dignidad en la propia patria. Gracias a una atenta administración local o nacional, a un comercio más equitativo y a una cooperación internacional solidaria, cada país debe poder asegurar a sus propios habitantes no sólo la libertad de expresión y de movimiento, sino también la posibilidad de colmar necesidades fundamentales, como el alimento, la salud, el trabajo, la vivienda, la educación, cuya frustración pone a mucha gente en condiciones de tener que emigrar a la fuerza.

Y como esos muchos más.

El olvido de Francisco al no mencionar el derecho a no migrar cuando habla de la situación actual —del tiempo presente— de los migrantes y refugiados, ocasiona situaciones como la de los migrantes cubanos varados en Panamá (hemos incrustado un video grabado por ellos mismos a mediados de Agosto de 2016 y publicado por The Miami Herald), que se encuentran allí —y a los cuales Francisco nunca se ha referido— porque Nicaragua el año pasado cerró su frontera, pasando el problema a Costa Rica, que le tocó hacer lo mismo, dejando el problema a Panamá, que este año hizo lo mismo y dejó el problema a Colombia que, para no echarse a su vez un problema con Cuba, país facilitador en su proceso de paz con las FARC, si deportaba a esos ciudadanos de nuevo a su país, lo que ha hecho es devolverlos a Ecuador, que es de donde originalmente provienen todos los cubanos, dado que Ecuador no pide visa a los cubanos que quieran viajar allí. La cosa es que esos cubanos no se van de su tierra por gusto, quisieran vivir allí, aman su isla, pero no tienen forma de escaparse de la dictadura de los hermanos Castro y les toca buscar cómo abandonar.


video

Evidentemente si a Francisco le diera algún día por referirse en específico a estos migrantes, le tocaría aludir aquel derecho a no migrar que invocaba constantemente su antecesor, y pondría en juego la amistad que tiene con el autocrata Fidel, a quien Francisco buscó en su residencia cuando fue el año pasado a Cuba.

Bueno, a lo mejor si esos migrantes cubanos abrazan el islam obtendrían un pronunciamiento casi diario de Francisco, como ocurre con los migrantes, en su mayoría musulmanes, que actualmente llegan a Europa.

Regresando al Card. Norberto Rivera, y como nota anexa: Se estrenó ayer en Twitter, en @arzobisprimado.