Sunday, March 20, 2016

En esta tumba quiere ser enterrado Francisco


En días pasados la agencia I.Media mostró la preparación de una tumba de marmol blanco sin inscripciones en las grutas vaticanas, indagado ante lo cual el P. Federico Lombardi, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ofreció una explicación indicando que en ello no existía “ningún misterio” y que “es necesario prever que en las Grutas vaticanas se prevean lugares para las tumbas en los años futuros. Había sólo una capilla libre y entonces era sabio prever otras posibilidades”. Sin embargo, no es esa la tumba donde Francisco desea ser sepultado, como revela hoy el sitio Tiscali.



Nuestra traducción del aparte principal del artículo.

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Como se sabe se trata del mismo nicho donde durante 38 años (de junio de 1963 a enero de 2001) permaneció enterrado Juan XXIII, el Papa del Concilio Vaticano II, el origen del gran movimiento de renovación y reforma de la Iglesia, todavía en curso. Durante todo aquel tiempo ríos de personas desfilaron frente a aquella tumba en la que por unos pocos años también fue depuesto Juan Pablo II (2005-2011).

En vísperas de su beatificación el cuerpo del Papa Juan fue exhumado y, debidamente tratado, transferido a la basílica de San Pedro. Después fue Francisco quien proclamó santo a su predecesor Roncalli simplificando la última parte del iter previsto en las normas para la canonización de los beatos. Con él, el mismo 27 de abril de 2014 Francisco también proclamó santo a Juan Pablo II. Mientras tanto, en el nicho de las grutas del Vaticano Juan XXIII había sido colocado dentro de un sarcófago de mármol travertino, con la simple inscripción Joannes PP. XXIII (pero ya en esta forma se inició una simplificación del entierro de un papa), Juan Pablo II, siguiendo el ejemplo de su predecesor Pablo VI, fue puesto en una tumba cavada en el suelo recubierto con una losa de mármol claro y con la inscripción en letras doradas Joannes Paulus II, fecha de nacimiento y muerte.

Ahora bien, como se puede ver en las fotos, el nicho ha sido vuelto a pulir y el suelo está listo para acoger los restos de un Papa. Se sabe que desde hace algún tiempo el Papa Francisco pidió al cardenal arcipreste de la Basílica Vaticana dejar para sí ese nicho. Y tal vez no fue una casualidad, tratándose del mismo donde durante muchos años descansó el cuerpo de Juan XXIII, el “Papa bueno”, como lo llamaba la gente, universalmente lamentado, al cual Francisco es comúnmente asemejado por el estilo pastoral, por la humanidad y la estima universal de creyentes y no creyentes.

“Bromeando —recordó el cardenal Angelo Comastri en una breve entrevista— el Papa me ha indicado su tumba”. En realidad, no parecía una broma desde el momento en que lo había reiterado por segunda vez con decisión después que el cardenal señalara: “Santo Padre se necesita ver quién llega primero”. De hecho, viviendo todavía un Papa emérito, los responsables de las exequias cuando sea el momento deben prever con tiempo tener todo listo. Tanto es así que recientemente, no muy lejos de ese nicho hay completado opcionalmente para Francisco un sarcófago de mármol blanco.

Sin embargo, según marchen las cosas, queda el hecho de la excepcionalidad histórica de un Papa reinante y un papa emérito, figuras ambas que gozan de un alto nivel de popularidad, estima y afecto increíble, alrededor de los cuales incluso las cosas más obvias se convierten en noticia porque interesan a la gente de todo el mundo.

Y quién sabe, como se trata de un Papa revolucionario, que a lo mejor “arma lío” incluso luego de fallecido, de pronto sea el primer Papa que indica en su testamento el deseo de ser cremado y así romper otro paradígma, para acabar con los dogmatismos y las rigideces de aquellos que no están dispuestos a dejarse sorprender por Dios.