Tuesday, February 02, 2016

“En estos infelices tiempos, habrá una desenfrenada lujuria que conquistará innumerables almas frívolas que se perderán”

Las mentes temerarias tratan en los tiempos modernos de convencernos de que “todos nosotros nos encontraremos allá arriba, todos”. Nuestra Señora del Buen Suceso —¿faltará decir que es católica?—, sin embargo, advierte que efectivamente hay almas que se pierden.

No somos amigos de republicar entradas pasadas, así que en este caso pueden señalarnos de perezosos, que se nos acabó la creatividad, o lo que sea, por nosotros está bien. Esta entrada originalmente fue publicada en Feb-02-2007, y su vigencia permanece, es más, se incrementa. El texto republicado comienza inmediatamente después de la línea.


“YO SOY MARÍA DEL BUEN SUCESO”

“YO SOY MARÍA DEL BUEN SUCESO”

Desde Sep-08-1577 se radicó en el Real Monasterio de la Limpia Concepción de María en Quito, la religiosa hispana y sierva de Dios Mariana Francisca De Jesús Torres y Berriochoa. No contamos con el tiempo, el lugar, los conocimientos, ni la perícia para relatar aquí la sorprendente vida de ésta religiosa, por tanto nos limitamos a referir unos pequeñísimos aspectos de su vida, concretamente los que se refieren a las apariciones de la Sma. Vírgen con que fue privilegiada.

En Feb-02-1594 se aparece por primera vez la Sma. Vírgen a esta religiosa, portando a su hijo en el brazo izquierdo y presentandose: “YO SOY MARÍA DEL BUEN SUCESO”. Escribe su biógrafo “Desde aquella fecha, no faltó la Santísima Vírgen de visitarle cada 2 de Febrero hasta el término de su vida. Se pueden contar más de 40 visitas, pues en algunos años, fueron dos o más veces. Y en cuántas ocasiones el Divino Niño, deprendiendose amorosamente de los inmaculados brazos de su Madre, ¡pasó al trono de amor de los tímidos y castísimos brazos de Mariana!”

En Dic-08-1634 se aparece la madre de Dios en su advocación del Buen Suceso “portando al Divino infante en su brazo izquierdo, y en el derecho sosteniendo un báculo abacial, rodeada de una corte de ángeles y asistida por los tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael, portadores de diversos emblemas. Entre otros símbolos, el arcángel Miguel traía una pluma de oro bruñido con el nombre de MARÍA. Puestos los tres arcángeles a los pies de su reina y señora, a una orden impartida por Miguel, los nueve coros angélicos expandieron el espacio con un recital de inefables armonías, al cabo de las cuales la Vírgen Santísima le explico a su felíz confidente, la Madre Mariana Francisca, el significado de cada uno de los emblemas; y llegando a la pluma de oro bruñido, marcada con el nombre de MARÍA, le dijo: ésta pluma es el símbolo del premio destinado a todos los Sacerdotes de uno y otro clero que escriban mis glorias y dolores; así como para quienes escriban difundiendo mi culto del BUEN SUCESO de este monasterio mío, muy querído, como también tu vida, la que es inseparable de ésta tierna y consoladora advocación, la que en el siglo XX hará prodigios así en lo espiritual como en lo temporal, porque la voluntad de Dios es dejar ésta advocación y tu vida para ese siglo, en el que la corrupción de costumbres será casi general, y la primera luz de la Fe estará casi extinguida.”

Pero la aparición que a nuestro parecer es más diciente, ocurrió en Ene-20-1610 cuando dijo la Sma. Vírgen que en el siglo XX “las pasiones prorrumpiran y habrá una total corrupción de costumbres, porque Satanás reinará casi completamente por medio de las sectas Masónicas. Ellas se concentrarán particularmente en los niños para llevar a cabo esta general corrupción. ¡Ay de los niños de aquellos tiempos!” La Sma. Vírgen continuó describiendo los abusos que atacarían los Sacramentos: “¡Ay de los niños de aquellos tiempos!, porque será difícil recibir los Sacramentos del Bautismo y tambien el de la Confirmación.” Ella advirtió que el demonio trataría asiduamente de destruir el sacramento de la Confesión y de la Santa Comunión. Se lamentó de los muchos sacrilégios y abusos del Santísimo Sacramento que ocurrirían. El Sacramento de la Extrema Unción sería de poca estíma y mucha gente moriría sin recibirle, negandoles aquella asistencia necesaria para ese “gran paso del tiempo a la eternidad.”

El Sagrado Sacramento de las Ordenes Sagradas sería ridiculizado, oprimído y despreciado. El demonio trabajaría incesantemente para corromper el clero y triunfaría con muchos de ellos. Y estos “sacerdotes depravados, quienes escandalizarán alas gentes Cristianas, incitarán el odio de los malos Cristianos y de los enemigos de la Iglesia Romana, Católica y Apostólica a caer sobre todos los sacerdotes. Este aparente triunfo de Satanás traerá enormes sufrimientos sobre los buenos pastores de la Iglesia.”

Acerca del Sacramento del Matrimonio, que simboliza la unión de Cristo con su Iglesia, dijo: “La Masonería, que entonces tendrá el poder, decretará leyes inicuas con el objetivo de desaparecer este Sacramento, facilitando a todos vivir en pecado. [...] El espíritu Cristiano decaerá rapidamente, extinguiendose la preciosa luz de la Fe hasta alcanzar el punto de que habrá una casi total y general corrupción de las costumbres.”

“En estos infelices tiempos, habrá una desenfrenada lujuria que conquistará innumerables almas frívolas que se perderán. La inocencia casi no se encontrará en los niños, ni la modestia en las mujeres. En este supremo momento de necesidad de la Iglesia, aquellos que deberían hablar caeran en el silencio.”

De la Patria bienechora
de la Iglesia salvadora,
danos a tu gloria acceso
¡María del Buen Suceso!

Del cielo mismo bajaste
a este Coro de tu Amor,
y tu vergel consagraste
con singular favor.

Que has de ser nuestra Prelada
Tú misma nos ofreciste,
¡Oh Vírgen Inmaculada!
cuando aquí te apareciste.

Las llaves de la clausura
con cariño nos pediste,
para tener Vos, segura,
la morada que nos diste.

Y, pues somos tus ovejas,
de El Buen Suceso queridas,
acoge ya nuestras quejas
y danos de amor la vida.