Tuesday, November 17, 2015

La misericordia deshonesta no ayuda a nadie


Artículo de Catholic News Agency, Nov-17-2015. Traducción de Secretum Meum Mihi.

Una precaución del Arzobispo Chaput: La misericordia deshonesta no ayuda a nadie

Filadelfia, Pa., 17 de noviembre 2015 / 12:01a.m. (CNA/EWTN News) .- La verdadera misericordia, y la confianza en el poder transformador de la gracia de Dios son clave para ayudar a los católicos divorciados y vueltos a casar, ha dicho el arzobispo Charles Chaput de Filadelfia en una crítica a las propuestas para admitirlos a la comunión sacramental sin un cambio en sus vidas.

“Irónicamente, una estrategia pastoral que minimiza el pecado en el nombre de la misericordia no puede ser misericordiosa, porque es deshonesta”, dijo el arzobispo en un ensayo de Diciembre 2015 para la revista estadounidense First Things.

La auténtica misericordia es evangélica y cree que “la gracia de Dios tiene el poder de transformarnos”. Esto es relevante a la respuesta pastoral de la Iglesia a los divorciados y vueltos a casar, sostuvo.

“El divorciado y vuelto a casar civilmente sigue siendo miembro bienvenido de la comunidad creyente. Pero tampoco puede la Iglesia ignorar la Palabra de Dios en la permanencia del matrimonio, ni mitigar las consecuencias de las decisiones que hacen libremente las personas adultas”, dijo el Arzobispo Chaput.

El arzobispo recordó el Evangelio de Juan que cuenta de Cristo y la mujer sorprendida en adulterio, que está a punto de ser lapidada. Todas las personas necesitan la misericordia de Dios, incluyendo aquellos que se consideran justos, explicó el arzobispo.

“Sólo Jesús puede liberarnos. Sólo él podía haber arrojado justamente la primera piedra. Pero no lo hizo, diciendo en cambio, ‘Ni yo te condeno; vete, y no peques más’”.

“Dios no nos debe el perdón o la redención, o cualquier otra cosa. Ni tampoco la misericordia de Dios nos da licencia para que continuemos en el pecado”, dijo, repitiendo: “Ella exige una respuesta parta ‘ir, y no pecar más’”.

“Al perdonar a la mujer, Jesús hace por gracia lo que la ley moral no puede hacer. Él le da una nueva vida en la amistad de Dios”, añadió el arzobispo Chaput.

Reflexionó sobre las propuestas de admitir a la comunión sacramental a las personas divorciadas y vueltas a casar civilmente que no han hecho un cambio a sus vidas y donde las nulidades “no se consideran posibles”.

“De acuerdo con tales propuestas, las parejas que son sexualmente activas con personas a con las que en realidad no están casadas a los ojos de la Iglesia podrían recibir la Eucaristía, incluso sin la confesión de sus pecados, y sin buscar ser castos viviendo mientras tanto como ‘hermano y hermana’”, dijo.

Tales propuestas se avanzan como “expresiones de misericordia” y se fortalecen por “el hecho de que muchas de las personas a las que tratan de ayudar son decentes, personas bien intencionadas atadas a nuevas relaciones complejas, a menudo con hijos”.

El arzobispo Chaput rechazó las acusaciones de que la práctica de la Iglesia castiga y excluye a aquellos en uniones irregulares. Dijo que la Iglesia “no puede confirmar a los seres humanos en patrones de comportamiento que los separan de Dios y permanecer fiel a su propia misión al mismo tiempo”.

El arzobispo dijo que la misericordia de Cristo no es un “juicio contra todos los juicios”. El daño del pecado “no puede ser fácilmente deshecho, siendo el adulterio un ejemplo perfecto”. Sin embargo, el encuentro entre Cristo y la mujer es un recordatorio de que “aparte de la gracia de Dios, todos estamos deformados por los deseos distorsionadas de nuestros corazones”.

Dijo que la verdad es esencial para el Sacramento de la Reconciliación. Cuando se recibe con sinceridad, el sacramento es “un firme camino de transformación y santidad”.

“Un movimiento sincero hacia Dios siempre implica un movimiento que se aleje del pecado y del error”, continuó.

“La Iglesia puede ser veraz sin ser misericordiosa, como los escribas que querían apedrear a la mujer adúltera que violó la ley Mosaica. Pero la Iglesia no puede ser misericordiosa sin ser veraz”.

“Una acercamiento pastoral que ignore esta verdad por una apenas velada desesperación pastoral y acomodacionismo resultará en menos fe, no en más”, dijo el arzobispo.

“Lo que sigue de una enseñanza falsa acerca de los sacramentos y de su práctica no es una vida evangélica más celosa, sino su colapso”, continuó, sugiriendo que esto ha sucedido en partes de Europa que se han apartado de la doctrina católica.

El arzobispo Chaput señaló la exhortación de Francisco de que los cristianos acompañen a otros en “las enmarañadas realidades de sus vidas”.

“Este es un aspecto clave de la misericordia y una expresión vital del amor cristiano. Los lazos del pecado son fuertes, y la gracia de Dios a menudo los desata lentamente”, dijo. “A veces, la palabra más importante que otra persona necesita escuchar es mejor susurra suavemente y pacientemente. Debemos estar cerca de aquellos a quienes amamos si tenemos que hacer nuestra parte en levantarlos hasta la plenitud del Evangelio”.

El arzobispo advirtió que una “era terapéutica” malinterpreta este esfuerzo y trata de afirmar a la gente “indiscriminadamente como son”.

“Esto no es misericordia. La misericordia de Dios siempre nos mueve hacia adelante y hacia arriba. Ningún pecado nos sitúa más allá del perdón de Dios. Su misericordia es para siempre”, dijo. Agregó: “sería lo opuesto a la misericordia decir ‘ven’ y luego implicar que no tenemos que movernos, que no necesitamos salir de nuestro romance actual con el pecado y hacia la obediencia a la justicia del Dios vivificante, la ley de Jesucristo”.

“Los cristianos son enviados al mundo llevando la impronta de la misericordia de la Cruz en nuestras vidas”, dijo. Esta misericordia es la predicación de “la buena nueva de la salvación en Jesucristo”. Esto no es “afirmación”, sino algo más poderoso: La redención.

“La Iglesia en este Año de la Misericordia nos invita a encontrar de nuevo el amor de nuestro Redentor. Ella abre sus puertas al mundo e invita a todos a entrar y unirse a la fiesta de las bodas del Cordero”, concluyó el arzobispo.