Sunday, November 15, 2015

Intercomunión: Hable con el Señor y siga adelante



Nos referimos a la visita que ha hecho hoy Francisco a la Iglesia Evangelica Luterana de Roma, en donde respondió algunas preguntas. Nos detenemos en la segunda (en el video ir al Min 20:52), referente al tema de eso que llaman communicatio pasiva (i.e., un no católico recibe de un ministro católico los sacramentos), más exactamente de la intercomunión, por cuya formulación inferimos que la persona que la realiza no cree respecto de la Sagrada Comunión lo mismo que los católicos (“...con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos”, CIC 844 § 4), requisito fundamental para acceder a ella. La pregunta se refiere sólo a “la Cena del Señor”. Sobra decir que para los católicos la Sagrada Comunión no es sólo “la Cena del Señor”.

Nuestra traducción.

Me llamo Anke de Bernardinis y, como muchas personas de nuestra comunidad, estoy casada con un italiano, que es un cristiano católico romano. Vivimos felizmente juntos desde hace muchos años, compartiendo alegrías y tristezas. Y entoces duele mucho estar divididos en la fe y no poder participar juntos a la Cena del Señor. ¿Qué podemos hacer para lograr, finalmente, la comunión en este punto?

Gracias, señora. A la pregunta sobre compartir la Cena del Señor no es fácil para mí responderle, ¡sobre todo delante de un teólogo como el cardenal Kasper! ¡Tengo miedo! Pienso que el Señor lo ha dicho cuando dio este mandato: “Haced esto en memoria de mí”. Y cuando compartimos la Cena del Señor, recordamos e imitamos, hacemos lo mismo que hizo el Señor Jesús. Y la Cena del Señor será, el banquete final en la Nueva Jerusalén será, pero esta será la última. En lugar de paso, me pregunto —y no sé cómo responder, pero su pregunta la hago mía— me pregunto: ¿Compartir la Cena del Señor es el fin de un camino o es el viatico para caminar juntos? Dejo la pregunta a los teólogos, a los que entienden. Es cierto que en un cierto sentido compartir es decir que no hay diferencias entre nosotros, que tenemos la misma doctrina —subrayo la palabra, palabra difícil de entender— pero me pregunto: ¿Pero no tenemos el mismo bautismo? Y si tenemos el mismo Bautismo debemos caminar juntos. Usted es una testimonianza de un camino también profundo, porque es un camino marital, un camino propio de familia, de amor humano y de fe compartida. Tenemos el mismo bautismo. Cuando usted se siente pecadora —también yo me siento tan pecador— cuando su esposo se siente pecador, usted va ante el Señor y pide perdón; Su marido hace lo mismo y va al sacerdote y le pide la absolución. Son remedios para mantener vivo el Bautismo. Cuando ustedes oran juntos, ese Bautismo crece, se hace fuerte; cuando ustedes le enseñan a sus hijos quién es Jesús, por qué Jesús vino, lo que hizo Jesús, hacen lo mismo, sea en el lengua luterana o en lengua católica, pero es lo mismo. La pregunta: ¿Y la Cena? Hay preguntas a las que sólo si uno es sincero consigo mismo y con las pocas “luces” teológicas que tengo, debe responder lo mismo, ved. “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”, dijo el Señor: “Haced esto en memoria mía”, y esto es un viatico que nos ayuda a caminar. Yo tenía una gran amistad con un obispo episcopaliano [*], de 48 años, casado, dos hijos y él tenía esta inquietud: la mujer católica, los hijos católicos, él obispo. Acompañaba el domingo a su mujer y a sus hijos a Misa y luego se iba a hacer el culto con su comunidad. Era un paso de participación en la Cena del Señor. Luego él siguió adelante, el Señor lo llamó, un hombre justo. A su pregunta le respondo con una pregunta: ¿cómo puedo hacer con mi marido, por qué la Cena del Señor me acompaña en mi camino? Es un problema al que cada uno debe responder. Pero un amigo pastor me decía: “Creemos que el Señor está presente allí. Está presente. Usted cree que el Señor está presente. ¿Y cuál es la diferencia?” —“Eh, son las explicaciones, las interpretaciones...”. La vida es más grande que las explicaciones e interpretaciones. Siempre hace referencia al Bautismo: “Una fe, un bautismo, un Señor”, así dice Pablo, y desde allí se toma la consecuencia. Yo no me atrevería nunca a dar permiso para hacer esto porque no es mi competencia. Un bautismo, un Señor, una fe. Hable con el Señor y siga adelante. No me atrevo a decir más.

* A nosotros nos resulta evidente que en este pasaje Francisco se refiere a Tony Palmer. Entradas relacionadas aquí y aquí.


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