Friday, November 20, 2015

Después del Sínodo el card. Napier espera una fuerte reafirmación de la doctrina de la Iglesia


En realidad eso es lo que cualquier católico esperaría de aquel encargado por Cristo para que nos confirme en la Fe, pero en cambio lo que hemos estado recibiendo es... ¡En fin!

Kath.net, Nov-19-2015, trae una entrevista con el card. Wilfrid Napier (imágen), arzobispo de Durban, Suráfrica, sobre sus impresiones y expectativas una vez concluido el Sínodo sobre la Familia. Aquí una traducción de Secretum Meum Mihi.

Kath.net: El sínodo ha terminado, los resultados del Sínodo se han publicado. ¿Cuál cree usted que Francisco está ahora haciendo con estos resultados? ¿Qué podemos esperar?

Cardenal Napier:
Cuando miro hacia atrás a los dos últimos dos Sínodos, soy capaz de identificar un claro desarrollo desde un fuerte enfoque en los problemas y desafíos que enfrenta la familia, a una mirada más cercana a lo que Dios espera de la Familia que él estableció justo al principio, a la que llamó para que alimente y cuide de los hijos y luego envió para que edifique la Iglesia y la sociedad.

Mientras que muchas intervenciones todavía destacaban dos problemas en particular, la mayoría de los padres sinodales mantuvieron el tema en mente y así se concentraron en lo que la Iglesia tiene que hacer para aclarar a las familias que el suyo es un verdadero llamado de Dios para aumentar y multiplicarse con el fin de cuidar de toda la creación de Dios.

Por tanto, espero que el Papa Francisco arroje clara luz sobre lo que parejas casadas tienen que hacer para construir buenos matrimonios fuertes a través del sacramento del Matrimonio y de una bien organizada vida familiar que haga énfasis en la oración, las devociones y los Sacramentos, ¡todos celebrados juntos como una familia!

Debemos esperar una fuerte reafirmación de la doctrina de la Iglesia con un fuerte énfasis en la preparación y el acompañamiento de los recién casados y de aquellos que están en situaciones difíciles.

Kath.net: La cobertura de los medios de comunicación —al menos en Estados Unidos y Europa— se centró fuertemente sobre los católicos divorciados vueltos a casar. ¿Cree usted que hubo otros temas principales del Sínodo del Obispo que no fueron mencionadas de manera adecuada en el cubrimiento de los medios de comunicación?

Cardenal Napier:
Cuando se considera que el tema fue “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en la sociedad moderna” la obsesión de los medios de comunicación occidentales con los divorciados civilmente vueltos a casar y con los “matrimonios/familias” homosexuales, no se puede dejar de sospechar que obviamente estaban impulsando una agenda.

Mi lectura del Sínodo, y esto se nota en el documento final, es que la mayoría de los padres sinodales, en particular los de África, querían que el Sínodo tomara medidas preventivas por medio de preparación minuciosa y cuidadoso acompañamiento de los jóvenes en general, a través de una buena catequesis; de los recién casados por los primeros 5 - 7 años, así como aquellos con circunstancias especiales, divorciados vueltos a casar, aquellas familias con miembros con atracción hacia el mismo sexo, familias de padres solteros, familias guiadas por niños.

Kath.net: ¿Cuál fue su tema clave personal en el sínodo de este de Año?

Cardenal Napier:
Mis temas claves fueron una preparación minuciosa a través de la catequesis que es en gran parte el discernimiento de la propia vocación, sea al matrimonio, al sacerdocio, a la vida religiosa o el estado de soltería. En esencia, tal preparación para el matrimonio es aprender a desarrollar, nutrir y vivir buenas sanas relaciones con los demás de acuerdo a la vocación que Dios le ha dado a cada uno.

El segundo tema de interés fue el acompañamiento a través del cual la Iglesia ayuda a aquellos que entran en nuevas etapas de la vida, para hacer frente a los principales problemas y desafíos de cada etapa.

Kath.net: El Sínodo se caracterizó por una discusión abierta bastante inusual, algunas observaciones, no sólo de los laicos, sino incluso de cardenales sonaban sorprendentemente duras. ¿Fue este un desarrollo normal?

Cardenal Napier:
Una característica sobresaliente de las sesiones sinodales desde que el Papa Francisco nos instó a hablar abierta y honestamente, pero escuchar con humildad, ha sido la apertura y la franqueza de las discusiones, en el Aula del Sínodo, pero especialmente en los pequeños grupos de discusión.

Personalmente, he oído un hablar muy franco y honesto, pero no dureza, que he oído sucedió en otros grupos.

No obstante, no detecté ningún mal sentimiento o animosidad en el Aula del Sínodo, incluso cuando había desacuerdo.

Kath.net: En África, la Iglesia Católica es una Iglesia en crecimiento, en Europa tenemos sobre todo en los países de habla alemana una gran disminución de los feligreses. ¿Por qué es la Iglesia Católica en África una comunidad en crecimiento? ¿Cuál es el mysterium?

Cardenal Napier:
Cuando Ud. Mira a África, sobre todo desde el punto de vista del desarrollo humano, la organización social y la vida política, usted apreciará inmediatamente por qué los africanos en general, tienen un sentido muy fuerte de que necesitan a Dios. Es mucho más fácil reconocer y darse cuenta dónde y cómo Él ha intervenido en su vida. Esa conciencia hace que sea mucho más fácil de aceptar y practicar la religión que te lleva a la comunión con Él.

Kath.net: ¿Qué podemos aprender nosotros los católicos europeos de Ustedes?

Cardenal Napier:
¿Qué pueden Europa y Occidente aprender de nosotros? Eso es muy difícil de decir, porque la cultura global tiende a dominar tanto que la mayoría del tiempo estamos aprendiendo de ustedes cómo ser más independientes o incluso autosuficientes, que es un corto salto de decir: “¡Yo realmente no necesito a Dios!”. ¡Ustedes pueden y deberían aprender a reconocer su necesidad de Dios!

Quizá Occidente podría y estaría abierto a aprender de nosotros si pasara más tiempo mirando a lo que realmente nos hace seres humanos más verdaderamente a imagen y semejanza de Dios.

Y eso significa volver más intensamente hacia la Palabra de Dios en las Escrituras, al Magisterio de la Iglesia derivado de ellas, y especialmente a una forma de vida que haga un gran lugar y espacio para Jesucristo como una persona real y [a su] presencia en nosotros y en nuestra vida.