Wednesday, October 07, 2015

“El Sínodo debería ser un momento para el diálogo y no para las más bajas políticas ancladas en el pasado”, Krzysztof Charamsa

Ya instalado en Barcelona con su ‘pareja’, Krzysztof Charamsa, el teólogo vaticano recientemente salido del clóset, ha concedido una entrevista a La Vanguardia.

¿Por qué escoge el sábado, día 3 de octubre, para declararse homosexual, el día antes de que empiece el Sínodo Ordinario de Obispos para la Familia? ¿La fecha fue una casualidad o escogió precisamente esa víspera del Sínodo?

Para mi ha sido un proceso muy personal, existencial, que conlleva un gran cambio en mi vida, como suele suceder en todo “coming out”. La fecha en parte viene preparada por un tiempo de reflexión, moderación, espiritual e intelectual. He tenido que luchar contra el estrés, el miedo, el complejo, el odio inculcado de mi mismo. La fecha es el resultado de años pero también de circunstancias que he vivido en tiempos muy cercanos. He vivido el tiempo de preparación del Sínodo de los Obispos desde dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe con tensión. No había colaboración con el papa Francisco, diría incluso que ha existido un boicot, un ataque de carácter político. Y además he recibido advertencias verbales por mis posiciones simplemente benévolas a cerca de los derechos de las personas homosexuales y el respecto al derecho de las naciones. Y eso que siempre he defendido la doctrina de la Iglesia y no he expresado jamás ningún posicionamiento incorrecto.

¿Cuándo se da cuenta de que no puede seguir escondiendo su manera de pensar y de vivir?

Como hombre y como capellán ha llegado un momento en que me doy cuenta de que no puedo estar al margen de unas personas que son odiadas. Quiero ser transparente con ellos, pasar de las tesis a la vida, de las ideas a la revelación de la realidad. Defiendo el derecho individual a vivir el propio amor y no importa si la persona ya ha estado casada una vez, si es homosexual o heterosexual. El mensaje de amor de Dios es para todos. Creo que al revelar mi homosexualidad no hago más que cumplir con mi obligación de sacerdote. Llegó un momento que ya no podía más y ahora me siento feliz. Me he liberado. La fecha de mi anuncio no es lo importante, nunca hubiese sido un momento oportuno. Y en todo caso mi anuncio quiere ser también un mensaje para el Sínodo que empieza.

¿Esperaba la reacción del Vaticano de apartarlo de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la docencia en universidades pontificias?

No me ha sorprendido.

¿Cree que su superior jerárquico, el obispo de la diócesis polaca de Pelplin, Ryszard Kasyna, puede aplicarle una suspensión 'a divinis', que le impediría el ejercicio del sacerdocio?

No imagino mi vida sin mi ejercicio sacerdotal pero tampoco lo imaginaba ya más tiempo con esa farisaica contradicción, con una Iglesia que me exigía la condena de los homosexuales. Así no podía continuar. Y la razón no es que ahora tenga pareja sino que no podía seguir anunciando un mensaje evangélico que ofende a una parte de la sociedad, a la luz del desarrollo de la ciencia, del conocimiento y de la experiencia.

Usted ha afirmado que lo que la Iglesia quiere es la abstinencia total y una vida sin amor, y que esto no es humano. ¿Niega entonces la existencia del amor sin sexo?

¡Noooo! me refería al celibato impuesto. En la Iglesia latina la persona que se siente llamada por Dios es obligada al celibato. En cambio, en la iglesia oriental el candidato llamado por Dios puede elegir entre el celibato o el matrimonio. Lo que hace la Iglesia católica es inhumano. Impone, exige, con obediencia ciega. Yo respeto a las personas que deciden vivir solas, a los singles, y naturalmente creo que ellos pueden servir perfectamente a la sociedad. ¡Hay célibes fantásticos! Pero no acepto el celibato impuesto, esto si que es inhumano, porque obliga a una cierta asexualidad. Como no tenemos experiencia sobre nuestra propia sexualidad vivimos en un complejo, en un estrés, y esta búsqueda personal sobre como expresar el deseo sexual la tenemos que hacer muchas veces solos. Y eso nos lleva muchas veces a una doble vida. Yo ya he dicho claramente quien soy, pero el problema de la doble vida de la institución clerical sigue existiendo.

Me ha sorprendido su afirmación de que “el clero es ampliamente homosexual y también, por desgracia, homófono hasta la paranoia”.

Mi experiencia me dice esto, ya sé que es subjetivo, pero estoy convencido de que el porcentaje de homosexuales entre los curas es muy alto, diferente según los países. Y creo que el porcentaje de homosexualidad en al Iglesia es más alto que en la sociedad.

¿Por qué?

Son muchas razones. En el pasado hubo personas para las que la única posibilidad de realizarse socialmente fuera del matrimonio era la corporación clerical. Yo mismo elegí ser cura porque como homosexual tenía una sensibilidad, un sentido de la trascendencia, una espiritualidad que me acerca a lo religioso. Otra razón es que la corporación del clero es una sociedad de hombres, como el ejército, o incluso como las prisiones. Sólo es posible una amistad entre hombres y la mujer no existe, se la ve como un ser diferente a nosotros. Y muchos, y siento decirlo, la ven como un ser inferior a los hombres, que está a nuestro servicio.

¿Cree que algún día la Iglesia católica llegará a aceptar sacerdotes casados y además con otro hombre? ¿El papa Francisco dará pasos en este sentido?

No lo sé. Creo que el papa Francisco ha cambiado ya muchas cosas, él se dirige al corazón de las personas. Creo que está empezando por cambiar la mentalidad de la Iglesia, pero cambiar la Doctrina es más difícil. Lo que está claro es que no puede mantenerse ese doctrinarismo cerrado, no podemos seguir diciendo al mundo que los estudios sobre la homosexualidad son producto de un lobby influyente y nada más. Mi experiencia en la Congregación para la Doctrina de la Fe, el sitio más elitista, la cima del poder, el lugar que debería ser modelo de reflexión y de realización del mensaje del Concilio Vaticano II, donde he estado doce años, me dice que hay mucha resistencia. Pero el tiempo está cambiando y la doctrina oficial deberá afrontar con humildad, con transparencia, naturalmente con moderación el evangelio. La Iglesia debe ser el puente entre Dios y la humanidad y no puede entrar en guerra. El Sínodo debería ser un momento para el diálogo y no para las más bajas políticas ancladas en el pasado. Pero confío en el papa Francisco, que es un modelo, que sabe perder el tiempo para escuchar y dialogar.

Antes de su rueda de prensa, escribió una carta al Papa. ¿Cree que le responderá?

No lo sé. Seguro que la habrá leído y que en espíritu llevará mis palabras al Sínodo. Dejar de lado a los homosexuales, a las lesbianas, a los bisexuales, a los transexuales… es inadmisible. Como lo es discriminar a las parejas de divorciados. No podemos cerrar los ojos a la realidad, Jesucristo nos mostró el camino del amor universal. Conteste o no, su Sínodo debería responder a personas como yo, a todos los que sufren por su posicionamiento, sean heterosexuales u homosexuales. La iglesia como autoridad que es debe responder a las minorías discriminadas y cuando leo los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe me siendo del lado de los discriminados. Decir que tenemos otros problemas, u otras prioridades, es poco evangélico.

¿Tendrá tiempo ahora para escribir un libro sobre su experiencia?

Es posible, es más creo que necesito espacio para poder explicar con precisión estas reflexiones.