Wednesday, September 16, 2015

“Es una herramienta del Diablo decir que por defender el dogma estamos contra el Papa”, card. Burke

En la lista que publicamos hoy en otra entrada, en la que se intenta detallar los enemigos de Francisco, el Card. Raymond Leo Burke aparece encabezando. Ese que graduaron de enemigo de Francisco ha concedido una entrevista al P. Santiago Martín para Magnificat.TV. El video de la misma, subtitulado en español, aparece a continuación junto con una transcripción que proporciona Infovaticana. Si se les dificulta verlo, por favor hagan click aquí.


¿Si se llegara a aprobar la comunión a los divorciados vueltos a casar, cómo afectaría esto a la Iglesia?

No es posible permitir a quienes se encuentran unidos en matrimonio y han intentado tener otro matrimonio recibir la sagrada comunión porque ellos viven públicamente en uno de los pecados más serios: el adulterio. Sería un acto directamente contrario a la Palabra de Cristo, quien dijo en el Evangelio: “Quien se divorcie de su esposa y se case con otra comete adulterio”. Y está claro que los discípulos comprendieron la seriedad de lo que decía el Señor porque respondieron: “Si es así, quizá sea mejor no contraer matrimonio”. Y el Señor respondió asegurándoles que Dios le da la gracia para vivir en fidelidad a quien Él llama al matrimonio.

Así que eso (permitir la comunión de los divorciados vueltos a casar), básicamente, sería introducir en la vida de la Iglesia un elemento que llevaría a la destrucción de la familia, y, así, al daño más serio para la Iglesia porque la familia es la primera célula de la vida de la Iglesia. Es lo que el Concilio Vaticano II, según una descripción antigua, denominó la Iglesia doméstica, la Iglesia en el hogar.

Pero algunos están pidiendo que en nombre de la pastoral y de la misericordia se hagan excepciones y se permita a los divorciados vueltos a casar que comulguen. Dicen “el dogma no se toca, la indisolubilidad del matrimonio permanece, pero por la misericordia y la pastoral estas personas concretas que puedan comulgar”.

Este es el resultado de una confusión fundamental respecto a la relación entre dogma y práctica. La práctica siempre sigue a la verdad del dogma, y el mayor acto de amor, y el mayor acto de misericordia es ayudar a esa persona a vivir conforme a la verdad de Cristo, de conformidad con la verdad de la enseñanza de nuestra fe. Por lo tanto, mentirle a los fieles que se encuentran en esas circunstancias tristes y difíciles, decirles que está bien que reciban la Sagrada Comunión, aunque vivan públicamente en contradicción con la Palabra de Cristo, no es ser misericordioso. Es sentimentalismo y está inspirado por un sentido falso en cuanto a quienes somos, un olvido respecto a nuestro ser, nuestro estado de vida y esto es algo que no cambia con el tiempo. Una vez nos damos a nosotros mismos en matrimonio, continuamos hasta que la muerte nos separe.

Dicen también que se deje a las Conferencias Episcopales libertad para decidir en cada país lo que hay que hacer...

Esta propuesta está basada en un principio protestante. La Iglesia católica es una en todo el mundo. Somos la única Iglesia que tiene una fe, una disciplina, una vida de sacramentos y de oración, por lo que empezar a decir que cada nación empiece a decidir sobre cuestiones fundamentales de la fe y su práctica, es sencillamente negar la catolicidad de la Ilgesia e introducir un principio protestante, que entonces conduce a Iglesias nacionales.

Otra hipótesis es crear un camino penitencial al final del cual los divorciados vueltos a casar puedan comulgar. ¿Será posible que puedan comulgar sin aceptar la castidad al final de este camino penitencial?

El camino penitencial sólo puede ser en una dirección. Precisamente en la dirección que usted dice, la dirección de encontrar un camino para vivir de forma casta en el propio estado de vida y así, el camino penitencial debe ser un camino que ayuda al individuo a arrepentirse realmente, y el arrepentimiento incluye, necesariamente la enmienda de la propia vida, el cambio de la propia vida.

De manera que si yo me arrepiento del hecho de estar viviendo en unión irregular, de vivir en un estado de adulterio, eso significa que tengo que encontrar una forma de vivir en la que ya no esté cometiendo adulterio, sino que soy casto.

El sínodo sobre la familia parece que esta girando en torno a este problema de la comunión de los divorciados, pero la familia tiene muchos mas problemas. ¿Qué le diría usted hoy a una familia católica?

Les diría a las familias católicas que el Sínodo, por su naturaleza, es para ayudarlos a vivir en la fidelidad a la vocación elevada de encarnar la vida de la Sagrada Familia en Nazaret, y que los alentaría mucho si están sufriendo y pasando por desafíos a que aprovechen la gracia del sacramento del matrimonio sagrado para permanecer fieles y para crear un hogar en el que se refleje el amor divino que le es dado al esposo y a la esposa mediante el matrimonio sagrado. Y este es el mensaje, debería ser el mensaje del Sínodo.

Creo que centrarse en la pregunta de quienes estén un unión irregular y la posibilidad de ofrecerles la Sagrada Comunión tiene un alcance más amplio, que también se indicó durante la sesión del Sínodo en octubre de 2014. Y ese alcance es empezar a decir que otros individuos que viven en pecado público también podrían recibir los sacramentos porque durante esa sesión del Sínodo rápidamente se introdujo el tema de quienes vivían en unión, vivían como esposos sin el sacramento del matrimonio y también la pregunta sobre quienes se sienten atraídos por personas del mismo sexo, que intentan vivir algún tipo de unión y lo que temo es que al decir que en algunos casos de conformidad con la decisión del obispo de un sacerdote delegado por el obispo, los individuos que viven en adulterio podrían recibir la sagrada comunión, habría una ampliación para decir que, a quienes viven en estado de fornicación, que no están unidos en matrimonio y sólo viven como tales, que también se les debería permitir recibir los sacramentos. O incluso quienes viven públicamente en una relación homosexual podrían recibir los sacramentos, y esto provocaría un gran escándalo en la Iglesia y destruiría la vida de la Iglesia.

Nos acusan a los que defendemos la moral y la doctrina de estar contra el Papa...

Entiendo esta acusación porque a mí me han acusado de esto y es absurdo. Recuerdo durante la sesión del Sínodo en octubre de 2014 uno de los cardenales se me acercó y me dijo: “¿Qué está pasando aquí? A aquellos de nosotros que defendemos lo que la Iglesia siempre enseñó y practicó se nos está llamando enemigos del Papa”. Y yo sencillamente respondo así: “Yo soy totalmente fiel al Santo Padre, estoy a su servicio, y la mejor forma que tengo de servirle es defendiendo la enseñanza y práctica de la Iglesia que son las mayores responsabilidades posibles que él tiene”. El Santo Padre no ha dicho, según mi entender, que favorece estas propuestas que se han presentado, ya sea para dar la Sagrada Comunión a los divorciados vueltos a casar o para otras personas que viven públicamente en pecado.

Es sencillamente falso llamar enemigos del Papa a quienes defienden la enseñanza y práctica de la Iglesia. Creo que es un tipo de herramienta del diablo para crear esta confusión: que el Santo Padre, de alguna forma, está a favor de estas propuestas.