Wednesday, May 27, 2015

Uniones civiles, “desafío para la Iglesia”, habla el card. Walter Kasper


Como anticipamos en nuestra entrada inmediatamente anterior, esta es la entrevista con el card. Walter Kasper que aparece en Corriere Della Sera, May-27-2015, pág. 6. Traducción de Secretum Meum Mihi.

«También muchos fieles quieren las uniones civiles. Es tiempo de que la Iglesia acepte este desafío»

El teólogo alemán: nuestros principios no cambiarán, pero se necesita encontrar un lenguaje nuevo

CIUDAD DEL VATICANO «Un Estado democrático debe respetar la voluntad popular, me parece claro, si la mayoría del pueblo quiere que estas uniones civiles es un deber del Estado reconocer tales derechos. Pero no podemos olvidar que también una legislación similar, mientras distingue entre el matrimonio y las uniones homosexuales, llega a reconocer a tales uniones más o menos los mismos derechos que las familias formadas por hombre y mujer. Esto tiene un impacto enorme sobre la conciencia moral de la gente. Crea una cierta normatividad. Y para la Iglesia se vuelve ahora aún más difícil de explicar la diferencia».

El cardenal Walter Kasper, gran teólogo al cual Francisco confió la relación introductoria del Sínodo del año pasado, es punto de referencia del alma más reformista, da un largo suspiro: «No va a ser fácil».

¿Y por qué, eminencia?

«Verá, yo pienso que el referéndum irlandés es emblemático de la situación en la cual nos encontramos, no sólo en Europa sino en todo el Occidente. Enfrentar la realidad significa reconocer que la concepción postmoderna, para la cual todo es igual, está en contraste con la doctrina de la Iglesia. No podemos aceptar la equiparación con el matrimonio. Pero es una realidad también el hecho que en la Iglesia irlandesa muchos de los fieles han votado a favor, y tengo la impresión de que en otros países europeos el clima es similar ».

Y entonces, ¿qué hará que la Iglesia?

«Se ha callado mucho, sobre estos temas. Ahora es el momento para discutir».

¿En el Sínodo de Octubre?

«Claro. Si el próximo Sínodo quiere hablar de la familia según la concepción cristiana, debe decir algo, responder a este desafío. La última vez la cuestión ha quedado marginal, pero ahora se convierte en central. No me puedo imaginar un cambio fundamental en la posición de la Iglesia. Es claro el Génesis, es claro el Evangelio. Pero las fórmulas tradicionales con las cuales habíamos tratado de explicar, evidentemente, ya no llegan más a la mente y el corazón de la gente. Ahora no se trata de poner las barricadas. Debemos sobre todo encontrar un nuevo lenguaje para decir los fundamentos de la antropología, el hombre y la mujer, el amor... Un lenguaje que sea comprensible, sobre todo para los jóvenes».

En el último Sínodo el tema de la «acogida» de los homosexuales ha sido controvertido, ha habido contrastes entre las aperturas europeas y las posiciones más cerradas de los episcopados como el africano...

«No, no es que los obispos europeos y los africanos piensen diferente, la posición de la Iglesia es siempre la misma. Lo que difiere es el contexto, es la sensibilidad de la sociedad, diferente en África y en Europa. Y en Europa, las cosas han cambiado».

¿En qué sentido?

«Ya no es más el tiempo en el cual la posición de la Iglesia sobre estos temas era más o menos apoyada por la comunidad civil. En los últimos decenios la Iglesia se ha esforzado en decir que la sexualidad es una cosa buena, habíamos querido evitar un lenguaje negativo que en el pasado había prevalecido. Pero ahora debemos hablar también de qué es la sexualidad, de la igual dignidad y junto con la diversidad del hombre y la mujer en el orden de la creación, de la concepción del ser humano....».

A propósito del lenguaje, los documentos de la Iglesia sobre la homosexualidad usan expresiones como “inclinación objetivamente desordenada...».

«Se necesita tener cuidado de no usar expresiones que puedan sonar ofensivas, sin disimular la verdad por otra parte. Debemos superar la discriminación que tiene una larga tradición en nuestra cultura. De resto es el catecismo el que dice que no debemos discriminar. Las personas homosexuales deben ser acogidas, tienen un puesto en la vida de la Iglesia, pertenecen a la Iglesia...».

¿Y las parejas homosexuales? ¿La Iglesia no puede reconocer también a ellos esa idea del «bien posible» de la cual se hablaba a propósito de los divorciados vueltos a casar y las nuevas uniones?

«Si hay una unión estable, los elementos de bien existen sin duda, los debemos reconocer. Pero no podemos equiparar, eso no. La familia se compone de hombre y de mujer y abierta a la procreación es la célula fundamental de la sociedad, la fuente de vida para el futuro. No es un problema intereclesial, afecta a todos, se deben valorar con la razón y el buen sentido consecuencias enormes para la sociedad: piense en las adopciones, en el bien de los niños, en las prácticas tales como la maternidad subrogada, en la mujer que tiene un bebé durante nueve meses en su corazón y tal vez son explotadas porque son pobres, por un poco de dinero. No debemos discriminar pero tampoco ser ingenuos».

Gian Guido Vecchi