Wednesday, April 15, 2015

El “no” a un magisterio inestable del Card. Sarah

Artículo de Marco Tosatti en Vatican Insider, Abr-14-2015.

04/14/2015
Sarah llama a sacerdotes y obispos a no temer decir la verdad

La Iglesia no debe hablar el lenguaje del mundo: «Si se crea un magisterio inestable, se crea una duda permanente»

MARCO TOSATTI
ROMA


El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal Robert Sarah, concedió una larga entrevista a la revista bimestral francesa “L’Homme Nouveau”, en la que reflexionó sobre diferentes temas: la fe, la liturgia y el África católica, con sus vigores y debilidades. El purpurado de Guinea subrayó que la Iglesia debe tener un papel materno y paterno, de educadora, y recordó la encíclica “Mater et Magistra”.

Se tiene la impresión de que en la actualidad no existen fronteras definidas entre quienes están dentro y quienes están fuera de la Iglesia, dijo el entrevistador. El cardenal respondió: «Creo que permitir a un sacerdote o a un obispo decir cosas que sacudan o arruinen el depósito de la fe, sin pedirle una razón, es un grave error. Como mínimo habría que llamarlo y pedirle que explicara las razones de sus afirmaciones, sin dudar al pedirle que las reformule, de acuerdo con la doctrina y la enseñanza secular de la Iglesia». Permitir que las personas digan o escriban lo que quieran sobre la doctrina y la moral «actualmente desorienta a los cristianos y crea una enorme confusión en relación con lo que Cristo y su Iglesia siempre han enseñado».


La Iglesia debe asumir un papel materno y paterno: «Un servicio humilde por el bien de la humanidad. Sufrimos hoy de una falta de paternidad. Si un padre de familia no dice nada a sus hijos sobre su conducta, no actúa como verdadero padre. Traiciona su razón y su misión paterna». Y el primer deber de un obispo para con sus sacerdotes es semejante. «Desafortunadamente, ahora la autoridad a menudo calla por temor a ser definida intolerante, y decapitada. Como si mostrar la verdad a alguien quisiera decir ser intolerantes o integralistas, mientras se trata de un acto de amor».


Sarah también habló sobre África y sobre la necesidad mayores experiencia y preparación por parte de los sacerdotes («tenemos muchas vocaciones, pero no suficientes formadores sólidos y con experiencia), y sobre lo que el continente puede ofrecer al cristianismo: «Hoy, en el contexto de crisis profunda que afecta a la fe misma, que rechaza los valores, creo que África puede ofrecer, en su pobreza y miseria, sus bienes más preciosos: su fidelidad a Dios, al Evangelio y su apego a la familia, a la vida, en un momento histórico en el que el Occidente da la impresión de querer imponer valores opuestos».


El purpurado también reflexionó sobre la liturgia: «Cada vez constatamos más que el hombre trata de tomar el sitio de Dios, que la liturgia se convierte en un simple juego humano», se lamentó. «Si las celebraciones eucarísticas se transforman en lugares para aplicar nuestras ideologías pastorales y de opciones políticas, que no tienen nada que ver con el culto espiritual que debe ser celebrado en la manera en la que Dios quiso, el peligro es inmenso». Se necesitan mayor cuidado y mayor fervor en la formación litúrgica de los futuros sacerdotes, «cuya vida interior y fecundidad del ministerio dependen de la calidad de la relación con Dios, en el cara a cara cotidiano de la liturgia». En relación con las reformas y las polémicas relativas, el Prefecto del Culto Divino dijo: «Benedicto XVI fue claro sobre el hecho de que la Iglesia no se construye a golpe de rupturas, sino en la continuidad. “Sacrosantum Concilium”, el texto conciliar sobre la santa liturgia, no suprime el pasado. Por ejemplo, nunca pidió la supresión del latín o la supresión de la Misa de San Pío V».


El entrevistador le preguntó cuál debería ser la actitud de la Iglesia ante las presiones del mundo y de la cultura relativista: «Si la Iglesia comienza a hablar como el mundo y a adoptar el lenguaje del mundo, tendrá que aceptar cambiar su forma de juicio moral, y, consecuentemente, tendrá que abandonar su pretensión de guiar y aclarar las conciencias... renunciar a su misión de ser para los pueblos una luz de verdad». Entonces, subrayó el cardenal, «creo que el magisterio debe permanecer firme como una roca. Si se crea una duda, si el magisterio se sitúa en relación con el momento que vivimos, la Iglesia ya no tiene derecho de enseñar... El Evangelio sigue siendo el mismo. No se mueve. Naturalmente, debemos encontrar un trabajo de formulación para alcanzar mejor a las personas, pero no podemos, bajo el pretexto de que ya no nos escuchan, adaptar la formulación de la enseñanza de Cristo y de la Iglesia a las circunstancias, a la historia o a la sensibilidad de cada quien. Si se crea un magisterio inestable, se crea una duda permanente. Hay que hacer un trabajo enorme: hacer que sea perceptible la enseñanza de la Iglesia pero manteniendo intacto el núcleo de la doctrina. Es por ello que es inadmisible separar la pastoral de la doctrina: una pastoral sin doctrina es una pastoral construida sobre la arena».