Saturday, March 07, 2015

Cada uno debe poder celebrar según su sensibilidad


Linda frase, como para enmarcar, y justamente enmarcada se ha quedado porque en la practica sucede una cosa muy diversa. Dicha frase la sacamos de una entrevista que ha concedido el card. Robert Sarah (imágen), Prefecto del Culto Divino, a Aleteia, con ocasión de la promoción que por estos días hace en Francia a la publicación de su libro “DIOS o nada”. Pueden leer la entrevista completa allí, citamos un aparte de ella.

Eminencia, en su libro Dios o nada se refiere varias veces a la “guerra litúrgica” que divide a los católicos desde hace décadas, guerra muy desafortunada, dice usted, ya que sobre esta cuestión deberían estar especialmente unidos. ¿Cómo salir hoy de estas divisiones y reunir a todos los católicos en torno al culto dado a Dios?

El Concilio Vaticano II nunca ha pedido rechazar el pasado y abandonar la misa de san Pío V, que ha engendrado numerosos santos, ni tampoco dejar el latín. Pero al mismo tiempo hay que promover la reforma litúrgica querida por ese concilio.

La liturgia es el lugar dado para encontrarse con Dios cara a cara, entregarle toda nuestra vida, nuestro trabajo, y hacer de todo ello una ofrenda a su gloria.

No se puede celebrar la liturgia armándonos: llevando sobre nuestros hombros un armamento de odio, de lucha, de rencor. Jesús mismo lo ha dicho: “Antes de presentar tu ofrenda, ve primero a reconciliarte con tu hermano”

En este “cara a cara” con Dios, nuestro corazón debe ser puro, libre de todo odio, de todo rencor. Cada uno debe eliminar de su corazón lo que puede ensombrecer este encuentro. Esto supone que cada uno sea respetado en su sensibilidad.

¿No es justamente lo que Benedicto XVI deseaba?

Sí, este es el sentido del motu prorio Summorum Pontificum [julio de 2007, n.d.r.]. Benedicto XVI puso mucha energía y esperanza en este proyecto. Por desgracia, no fue totalmente un éxito porque unos y otros están “aferrados” a su rito excluyéndose mutuamente. En la Iglesia, cada uno debe poder celebrar según su sensibilidad. Es una de las condiciones de la reconciliación.

También hay que llevar a la gente a la belleza de la liturgia, a su sacralidad. La Eucaristía no es una “cena entre amigos”, es un misterio sagrado. Si se celebra con belleza y fervor, se llegará a una reconciliación, es evidente. Sin embargo, no hay que olvidar que es Dios quien reconcilia, y esto lleva tiempo.