Sunday, January 11, 2015

Francisco: “A veces me pregunto cuál será el próximo descarte”


Nueva entrevista (una más de tantas) de Francisco, mejor, extracto de una entrevista. En esta ocasión le cupo el turno a Andrea Tornielli, coordinador de Vatican Insider y Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa, quienes publican un libro, “Esta economía mata”, en el cual analizan los discursos e intervenciones de Francisco con respecto a la pobreza, la inmigración, la justicia social, el cuidado de la creación. Como anticipo del mismo, el periódico La Stampa publica hoy un aparte de una entrevista que está incluida en el libro citado. El periódico La Nación de Buenos Aires (¡no podría ser otro!) trae la respectiva versión en español, la cual pasamos a transcribir.


En un libro sobre su mirada de la economía, el Papa llamó a no resignarse a un sistema en el que los hombres son meros instrumentos

Francisco: "A veces me pregunto cuál será el próximo descarte"

Texto Andrea Tornielli y Giacomo Galeazzi (Para LA NACION)

ROMA

"Marxista", "comunista" y "pauperista": las palabras de Francisco sobre la justicia social y sus frecuentes llamados por los necesitados le han acarreado críticas e incluso alguna acusación. ¿Cómo vive todo esto el papa Bergoglio? ¿Por qué el tema de la pobreza ha estado tan presente en su magisterio? Es lo que plantean los periodistas italianos Andrea Tornielli y Giacomo Galeazzi en un libro dedicado al pensamiento del Papa sobre la economía, y que incluye una entrevista de la cual a continuación sigue un extracto.

-Santidad, ¿el capitalismo tal y como lo hemos estado viviendo en las últimas décadas es, según su opinión, un sistema de alguna manera irreversible?

-No sabría cómo responder a esta pregunta. Reconozco que la globalización ha ayudado a muchas personas a salir de la pobreza, pero ha condenado a muchas otras a morir de hambre. Es cierto que, en términos absolutos, aumentó la riqueza mundial, pero este sistema se mantiene con esa "cultura del descarte" de la que ya he hablado en varias ocasiones. Existen una política, una sociología y una actitud del descarte. Cuando ya no es el hombre, sino el dinero, lo que ocupa el centro del sistema, cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a meros instrumentos de un sistema social y económico caracterizado, es más, dominado por profundos desequilibrios. Y así se "descarta" lo que no le sirve a esta lógica: es esa actitud la que descarta a los niños y a los ancianos, y que ahora también afecta a los jóvenes. Me impresionó saber que en los países desarrollados hay muchos millones de jóvenes menores de 25 años que no tienen trabajo. A veces me pregunto cuál será el próximo descarte. Debemos detenernos a tiempo. Diría que no debemos considerar estas cosas como irreversibles, no debemos resignarnos. Tratemos de construir una sociedad y una economía en las que el hombre y su bien, y no el dinero, sean el centro.

-¿Puede darse un cambio, una mayor atención por la justicia social, gracias a una economía que sea más ética o se puede pensar en cambios estructurales en el sistema?

-Antes que nada, hay que recordar que se necesita ética en la economía y también se necesita ética en la política. Muchas veces, varios de los jefes de Estado y líderes políticos que pude conocer después de mi elección a obispo de Roma me hablaron de esto. Han dicho: ustedes, los líderes religiosos, tienen que ayudarnos, darnos indicaciones éticas. Sí, el pastor puede hacer llamados, pero estoy convencido de que se necesitan, como recordaba Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate, hombres y mujeres con los brazos elevados hacia Dios para rezarle, conscientes de que el amor y el compartir de los que deriva el auténtico desarrollo no son un producto de nuestras manos, sino un don que hay que pedir. Y, al mismo tiempo, estoy convencido de que es necesario que estos hombres y estas mujeres se comprometan, a todos los niveles, en la sociedad, en la política, en las instituciones y en la economía, poniendo en el centro el bien común. Ya no podemos esperar para resolver las causas estructurales de la pobreza, para curar a nuestras sociedades de una enfermedad que sólo puede llevarnos hacia nuevas crisis. Los mercados y las especulaciones financieras no pueden gozar de una autonomía absoluta. Nunca resolveremos los problemas del mundo sin una solución de los problemas de los pobres. Se necesitan programas, mecanismos y procesos orientados a una mejor distribución de los recursos, a la creación de trabajo, a la promoción integral de los excluidos.

-Muchos se han sorprendido por sus palabras sobre los pobres "carne de Cristo". ¿Le molesta que lo acusen de "pauperismo"?

-El pauperismo es una caricatura del Evangelio y de la misma pobreza. En cambio, San Francisco nos ayudó a descubrir el vínculo profundo que hay entre la pobreza y el camino evangélico. Jesús afirma que no se puede servir a dos amos, a Dios y a las riquezas. ¿Es pauperismo? La pobreza aleja de la idolatría, del sentirse autosuficientes. Zaqueo, después de haberse cruzado con la mirada misericordiosa de Jesús, dio la mitad de lo que tenía a los pobres. El del Evangelio es un mensaje que va dirigido a todos, el Evangelio no condena a los ricos, sino la idolatría de la riqueza, esa idolatría que nos hace insensibles al grito del pobre. Jesús dijo que, antes de ofrecer nuestro don ante el altar, debemos reconciliarnos con nuestro hermano, para estar en paz con él. Creo que podemos, por analogía, extender esta petición al estar en paz con nuestros hermanos pobres.

-Usted ha subrayado la continuidad con la tradición de la Iglesia en esta atención por los pobres. ¿Puede dar algún ejemplo?

-Un mes antes de inaugurar el Concilio Ecuménico Vaticano II, el papa Juan XXIII dijo: "La Iglesia se muestra como es y como quiere ser: como la Iglesia de todos y, particularmente, la Iglesia de los pobres". Años después, la elección preferencial por los pobres entró a los documentos del magisterio. Alguien podría pensar en una novedad, en cambio, se trata de una atención que tiene su origen en el Evangelio y se encuentra documentada ya en los primeros siglos del cristianismo. No es una invención del comunismo y no hay que ideologizarla, como a veces ha sucedido durante la historia. La Iglesia está lejos de cualquier interés político y de cualquier ideología: movida únicamente por las palabras de Jesús, quiere ofrecer su aporte a la construcción de un mundo en donde se custodien los unos a los otros y en donde se cuiden los unos a los otros.